12 de enero 2009 - 00:00

Charlas de Quincho

La salud de la Presidente fue tema casi excluyente en las charlas de este fin de semana. Punta del Este (salvo a los políticos) sigue convocando en enero a «todo el mundo» (febrero será otra cosa), desde un ex presidente español que habló del conflicto de Medio Oriente hasta quejosos habitantes de la Laguna Garzón, preocupados por la inminente urbanización de ese (ahora perdido) paraíso silvestre. ¿Qué le pasa a Cristina, entonces? Se lo contamos, pero también lo que los psicoanalistas califican como «beneficios secundarios de la enfermedad». Veamos.

Julio Cobos
Julio Cobos
Las fantasías sobre la enfermedad presidencial son infinitas, con Cristina de Kirchner, como antes con Juan Perón, «Isabelita», Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Néstor Kirchner. Pero como nunca hay pruebas de nada, a lo que sirven efectivamente es a especulaciones de poder. Primero, ¿cuánto aguantaría Julio Cobos de presidente en ejercicio en el caso de una inhabilitación temporal o permanente, con un Senado dominado por el peronismo? ¿Permitiría este partido que por una minucia legal un radical de la oposición se quedase con el Gobierno peronista? Ésta y otras quimeras dominaron los corros sociales de la primera semana en la costa, fuera entre empresarios en Punta del Este o entre políticos en las playas atlánticas.
Segura especulación: ¿acaso no sirvió esta enfermedad para que el Gobierno se tomase una semana más de tiempo en dos asuntos para los que no tenía definiciones claras, como el viaje a Cuba y los anuncios para el campo con baja condicionada de retenciones para la soja? Sobre esto, antes de que se anunciase el jueves que Cristina estaba enferma de estrés, baja presión y deshidratación -razón de todas las postergaciones-, consta que la cúpula del Gobierno había decidido en Olivos aplazar el acto del viernes y tomarse más tiempo para analizar los escenarios que había elevado el nuevo jefe de la AFIP. En Olivos funciona una sede de Gobierno paralela a la Casa Rosada adonde los funcionarios envían los proyectos que se quieren lejos de la mirada de ministros que pretenden juego propio, como el propio jefe de Gabinete, que se entera de muchas decisiones por los diarios o por chismes de las segundas líneas.

De estas minucias argentinas se habló mucho en la noche del viernes, en el asado que les propinó a varios empresarios amigos del Gobierno -es decir preocupados por los efectos de la salud presidencial como si fuera la propia- el locutor Oscar González Oro en su chacra de La Barra. Vieron algo del fantasma cuando se enteraron ese día de la orden del Gobierno de sacarlo de la transmisión oficial del festival de la doma de Jesús María, Córdoba, a Julio Cobos, a Juan Schiaretti y, de paso, a la propia Alicia Kirchner, que se molestó en viajar a esa fiesta para enterarse de que era víctima de la censura de su propio hermano. Entendió de qué se trataba cuando vio la ovación que recibió el vicepresidente cuando anunciaron su presencia y cuando Schiaretti le regaló un poncho.
En ese asado se mezclaron personajes ligados a la comunicación oficial, como Daniel Hadad -propietario de las ondas por las que transmite sus mensajes el dueño de casa-; también el banquero Jorge Brito, los empresarios Cristiano Rattazzi, Gerardo Werthein, Jorge «Corcho» Rodríguez, Alejandro Mac Farlane, Valeria Mazza y Alejandro Gravier, y Ernesto Gutiérrez, acompañado de algunos de los integrantes del equipo de polo de Aeropuertos 2000, un grupo de veteranos que jugó una copa esa tarde del viernes en el club Medellín, cerca de José Ignacio, y que son los mismos que suelen hacer exhibiciones en Bariloche de polo sobre nieve, una audacia que todos celebran, aunque a espaldas de la gente del Gobierno que entiende que ese deporte, como viajar a Punta del Este de vacaciones, son traiciones ominosas a las convicciones. Todo salpimentado por la presencia de varias modelos -como Soledad Solaro o la misma Mazza- que cortaban el aire demasiado masculino de la reunión.


Varios de los presentes, que son también productores agropecuarios, estaban al tanto de que en el caso de las medidas para el campo, los técnicos de la AFIP trabajaron en la idea conocida de bajar las retenciones a las exportaciones de soja de aquellos productores que se comprometían a reinvertir su renta en la compra de maquinaria agrícola. Pero el aumento del valor del grano durante la semana le hizo decir a Echegaray que era mejor esperar porque el efecto fiscal de las medidas podría perjudicar a los ingresos de la repartición. Los informantes de la Secretaría de Comercio, además, habían detectado algunos movimientos de venta de granos retenidos por productores en silobolsas, a la espera de mejor precio. Con esos datos el mismo jueves se hizo saber a algunos asistentes a los actos de anuncio, como a Daniel Scioli, que se suspendían. A las pocas horas, se usó la enfermedad de la Presidente para justificar la postergación hasta por lo menos el miércoles de esta semana, siempre y cuando el movimiento de precios y de ventas de productores no modifique de nuevo el panorama.
Es decir, nada que ver con la enfermedad, lo mismo que la postergación del viaje a Cuba. La idea de suspenderlo por la falta de alguna señal de La Habana a favor de la disidente Hilda Molina se manejó durante toda la semana en el Gobierno, en particular cuando los diplomáticos detectaron navegando por Internet el texto de la condena de julio pasado hecha por Fidel Castro contra la médica y toda su familia en los peores términos. Eso explicaba la reticencia de la administración cubana a regalarle a Cristina no sólo la entrevista con Fidel sino también la posibilidad de reunirse con Molina y hasta de subirla al Tango 01 y traerla por un tiempo a Buenos Aires, en donde viven su madre, su hijo, sus nietos y hasta, se dice, un argentino que supo ser pareja de esa disidente, la más famosa del continente. Como el jueves pasado la diplomacia criolla no había logrado de Cuba nada de eso, el pretexto de la enfermedad vino al dedillo para anunciar esta postergación de la gira por Cuba y Venezuela a la espera de que esta semana se pueda alcanzar algo de lo que pretenden los Kirchner de la dictadura castrista; que los dejen hacer flamear en La Habana, aunque sea ante las cámaras de los enviados de Canal 7, alguna consigna en defensa de los derechos humanos. A cambio, el régimen de Raúl Castro podría mostrar, en los mismos días cuando asume Barack Obama, que tiene amigos en países que se salen del eje del mal.

Algunos de los presentes, que son viajeros frecuentes, estaban también al tanto de los primeros abusos que comienzan a exhibirse en la nueva administración de Aerolíneas Argentinas, como el uso de facilidades por parte de empleados de la empresa. Lo pudieron ver, relató uno de los asistentes al asado del animador González Oro, los pasajeros del vuelo 1302 que llegó el viernes de Buenos Aires desde Miami, en el cual la casi totalidad del pasaje que venía en clase Ejecutiva eran empleados o familiares de empleados de Aerolíneas. Unos pocos que parecían ser los únicos en esa clase que habían pagado el pasaje de su bolsillo, se sorprendieron de la familiaridad de las azafatas con esos pasajeros, a quienes mimaban en detrimento de los demás que no pertenecían a la empresa. A la hora de retirar el equipaje, esos empleados también recibieron un tratamiento vip al recibirlos antes que el resto de los pasajeros que mantienen esos privilegios gremiales de su bolsillo.

Este universo de preocupaciones pareció suspenderse a mediodía del sábado no muy lejos, en la laguna Garzón, adonde comenzaron a llegar helicópteros que buscaban la casa que tiene allí, pasando la balsa pero sobre el mar, el empresario Santiago Soldati. Llegaron en total, sigilosamente salvo por el aletear de los helicópteros, una cincuentena de invitados para compartir un almuerzo con la estrella política de la semana en Punta del Este, el ex premier español José María Aznar. La reunión la armó Soldati en homenaje a este invitado de la Universidad Bar-Ilan (una de las más prestigiosas en ciencias del mundo, con sede en Israel pero que proyecta actividades en todos los continentes) a un seminario en el hotel Conrad que consistía en escucharlo a Aznar. Con la crisis de Gaza abierta, tenía más interés la presencia de este aliado de George W. Bush que desplegó una defensa enérgica de la posición de Israel en su necesidad de eliminar la amenaza de Hamás. Por eso hubo centenares de asistentes en la conferencia del Conrad y este almuerzo del sábado en Garzón, privadísimo, se convirtió en el hecho político de la semana.
Soldati había dispuesto en su casa frente al mar más salvaje del Uruguay, varias mesas bajo una carpa en donde sentó, entre otros, a empresarios como Sebastián Eskenazi (banquero y además petrolero como socio que es de Repsol en YPF), Manuel Antelo, Alejandro Mac Farlane, Alejandro Bulgheroni, los médicos Roberto Zaldívar, Jorge Aufiero y Ramón Leiguarda, Cristiano Rattazzi, el profesor Mariano Grondona, el ex embajador duhaldista Eduardo Amadeo, el sobreviviente de los Andes y hoy conferencista y coach de empresarios Fernando Parrado, el abogado Carlos Fontán Balestra, el presidente de la UCeDé, Jorge Pereyra de Olazábal, Alejandro Gravier (con Valeria Mazza) y, casi como mirones de un mundo extraño, dos uruguayos, el delegado del ex presidente «Cuqui» Lacalle -que buscará de nuevo ese cargo en las próximas elecciones-, Jaime Trobo, y el embajador de Tabaré Vázquez en Buenos Aires, Francisco Bustillo Bonasso. Para ellos el dueño de casa dispuso un menú autoservicio con crêpes de queso, pescados de la laguna (pejerreyes) y variados postres cremosos y helados).

Cada uno tuvo oportunidad de darle su mensaje a Aznar. El dueño de casa recordó los tiempos de la mejor amistad de la Argentina con España, durante los años 90, de los que el español debe tener añoranzas ya que nunca se desmintió que hubo hasta aportes dinerarios del gobierno de Carlos Menem para darle una mano en las elecciones. Lo sabe uno de los presentes en ese almuerzo, el empresario Mac Farlane, que es yerno de Hugo Anzorreguy, entonces jefe de la SIDE y tutor de las relaciones discretas de aquel gobierno con los países amigos. Aznar se dice siempre agradecido, y reconoce cuando le agradecen algo a él, como lo hará Bush la semana que viene. El visitante contó que viaja a Washington, donde el saliente mandatario lo condecorará junto al presidente Alvaro Uribe y a un ex premier de Australia que, como Aznar, fue solidario con el plan Irak.
En charlas con los invitados, Aznar no perdió su tono seco y sentencioso, con el cual cumple con lo que le pide su público: que enuncie consignas dignas de repetir, como «El Muro de Berlín no se cayó, fue derribado», «Hay que respaldar a Israel, que es el único freno posible al terrorismo islámico», «La ONU no sirve para nada; la NATO es quien debe ayudar a Israel», «En América Latina veo poco apoyo a Israel, y eso es malo», etc. También llamó a revisar algunos prejuicios conservadores, que los presentes anotaron con interés, por ejemplo, que «no importa si la educación es estatal o privada, lo que importa es si es buena o mala». Se entiende: la Universidad Bar-Ilan es estatal y es buena, y además lo invita a él a Punta del Este. ¿Qué iba a decir?


Algunos trataron de interesarlo en cuestiones de la Argentina, como Pereyra de Olazábal, delegado hoy de los Rodríguez Saá en la Capital Federal. Pero Aznar eludió todo; en Buenos Aires tiene un solo amigo político y se llama Mauricio Macri, a quien los une otro amigo común, Alejandro Gravier, que solía veranear con los Aznar en Cerdeña y organiza encuentros entre Macri y el español que se mantienen en la discreción. Por ejemplo, el ex primer ministro se internó sábado y domingo en la chacra de Gravier-Mazza en Punta Piedras y se presume que allí, en la noche del sábado, cenó con Macri, quien hizo un viaje relámpago para verlo. Eso no lo mostraron los organizadores del viaje para no darle un sesgo político a la visita.
Aznar acepta le tabiquen las actividades en lo político porque él no se gana la vida de conferencista nostálgico del poder que tuvo: además está en los directorios de la News Corporation de Rupert Murdoch (el principal editor del mundo, dueño del Times de Londres, de The Wall Street Journal y, entre otras empresas, de la cadena Fox), de los fondos de inversión Centaurus y del grupo inversor de Joseph E. Robert que hasta hace 15 días tenía negocios con el cordobés Garbarsky (se fue por el negro panorama inmobiliario en el mundo). Para llevarlos adelante tiene que dividir la política de los negocios, por eso lo reciben, pese a su amistad con Macri, los Kirchner cada vez que va a Buenos Aires. Esta vez no pisa la Argentina, sigue hacia Chile en donde participará en la reunión anual de ex becarios de la Universidad de Georgetown, de la que es además profesor. Allí sí se verá con algunos argentinos, como los macristas Federico Pinedo y Julián Obiglio o el rosarino Gerardo Bongiovanni, animador de la Fundación Libertad. Todos éstos imaginan un acercamiento a otro que recibe esta semana a Aznar en Chile, el ascendente candidato presidencial Sebastián Piñera, quien lo tiene invitado a Macri este mes a que pase unos días de veraneo en su chalet de Cachagua, uno de los más exclusivos de Chile.

A varios, Aznar les pidió, eso sí, que le explicasen qué significaba la reaparición de Carlos Reutemann como candidato presidencial. No se llevó un panorama claro -es imposible que un extranjero, en el término de una biografía humana, entienda la política argentina y menos al peronismo- pero sí muchos datos. Por ejemplo, por qué encanta Lole a todo el peronismo, hasta a los Kirchner. Porque une al peronismo y lo saca del diagnóstico de derrota en que lo había sumido el kirchnerismo después de la «no victoria» frente al campo. A los peronistas que han gobernado, además, les asegura códigos, algo que en esa formación no suele abundar. Reutemann sucedió en la gobernación de Santa Fe a hombres como Vanrell o Reviglio, que con otro heredero lo hubieran pasado mal, pero él no les movió una sola carpeta. Eso para, diríase, un Kirchner, es una seguridad.
¿Cuánto tardaría el patrullero en llegar -bromeó en lo de Soldati un duhaldista- si la nueva presidente fuera una Elisa Carrió? Le explicaron también la bronca de Duhalde y de Chiche con la salida de Reutemann candidato. El estadista de Lomas de Zamora creyó que la unidad peronista podría ir a manos de un duhaldista como Felipe Solá o Francisco de Narváez; ahora se da cuenta de que Lole suma más que esos dos juntos. Eso puso a los Duhalde en estado de nervios; nunca se los vio hablar tanto y siempre contra el Lole. Chiche Duhalde hasta se ensañó con De Narváez, de quien dijo que «ni siquiera puede ser presidente porque es colombiano» (radio Mitre, martes a la mañana; enmendó esa crítica dos días más tarde, cuando su marido le recordó que el «Colorado» es propia tropa).

En los apartes, y cerca de algún posible afectado, se habló de querellas menores en provincias como Santa Fe, en donde el gobernador Hermes Binner, que salió esta semana a buscar votos en Salta (?), intenta revisar el contrato que tiene el estado provincial con el Banco de Santa Fe (hoy en manos del grupo Eskenazi) para la cobranza de impuestos y como agente financiero. Ese contrato incluye el uso del magnífico edificio de la sede central del banco en Rosario, que Binner querría recuperar para instalar una sede de la gobernación provincial en esa ciudad. El comentario fue que Binner intentaría darle ese contrato al Banco Municipal de Rosario en asociación, por su falta de sucursales, con el Banco Bisel, entidad privada. Las audacias de Binner, se ensañó uno que parece experto en cosas santafesinas en el almuerzo de Soldati, no quedan ahí: su ministro de Justicia ha salido a buscar en la Legislatura local los votos para que le designen como nuevo defensor del pueblo de la provincia al juez Edgardo Bistoletti, sin mucha suerte por la reticencia de los representantes del peronismo con este nombre y hasta de la propia coalición. Una desgracia para Binner, que muestra el juego, pero encima le fracasa, con lo cual debilita más todavía su complicada gestión.

Varios de los presentes apresuraron la retirada de Garzón para ir al homenaje a Bernardo Neustadt el día en que cumpliría 84 años, 9 de enero. La encargada de llevarlo adelante fue su viuda, Adriana Díaz Pavicich, en la moderna casa que el periodista había construido frente a las bellas playas de Manantiales y a la que llamó «Tiempo mío». Un austero cóctel con quesos y jugos por la tarde dio paso a sentidas palabras brindadas por un sacerdote, al que le siguieron espontáneamente Mariano Grondona, Miguel Ángel Broda y Abel Posse. Por supuesto, todos comentaron lo que extrañaban a Bernardo, cuyas fiestas de cumpleaños en el Este eran un verdadero clásico. El broche al encuentro lo puso la esposa de Carlos Blaquier, que con refinada voz cantó el «Ave María», ante los amigos de siempre del periodista. No faltó lugar para algún toque de humor. Fue cuando Grondona «osó» sentarse en el sillón preferido de Neustadt, al que hasta el momento nadie se le había animado. «Echenle la culpa a mi ciática», fue la rápida respuesta del periodista. Luego llegó el turno de una guitarreada, que coincidió con la puesta de sol.

En una noche espléndida, con poco viento y estrellas en la península de Punta del Este, comenzaron a arribar los invitados a la Parada 25 de La Mansa, más exactamente a la playa del Hotel Serena, en la que se agolpaban los casi cuatrocientos invitados, algunos de ellos llegados de Buenos Aires a la tarde en un vuelo charter y regresados a sus casas en Capital al finalizar la fiesta. El homenajeado, fanático de River Plate, puso la consigna de la vestimenta, blanco y un toque de rojo, seguramente para subir la autoestima del devaluado club. El empresario Diego Mazer cumplía cuarenta años y su esposa Mariela Grosskopf armó una gran carpa blanca sobre la playa, decorada con bolas espejadas colgadas del techo y una gran pista de baile. Espectacular recepción sobre la explanada de la playa al pie de la arena con pinchos, mariscadas, bocaditos de salmón, ceviche, aves, queso camembert con dátiles y otras exquisiteces. Después, una vez adentro de la carpa, sillones blancos y mesas con distintos manjares (sushi, pavo, carnes, langostinos y caviar). Las bebidas, cócteles de frutas, champán, whisky y tragos eran presentadas por barmen profesionales.
A pesar de la floja temporada de Punta del Este se pudo ver a muchos empresarios, magistrados argentinos, pero a casi ningún político, respetuosos quizás de la veda que pesa sobre ellos para mostrarse de vacaciones fuera de las fronteras del país. Los hijos del cumpleañero recorrían el lugar con una remera roja con letras blancas que decía «Ï love papi» y el número 40 en la espalda. Quien puso el condimento político a la noche fue el senador italiano Esteban Caselli -ex embajador argentino en el Vaticano, después representante de la Orden de Malta en Perú y en el Uruguay- quien mencionaba a quien quisiera escucharlo que había recibido la bendición del Vaticano para ser presidente argentino. Muchos no entendían si estaba hablando en serio o era una broma y agregaban que Adolfo Vázquez, ex miembro de la Corte, iría como diputado. Rafael Garfunkel, dueño del Hotel Meliá de Buenos Aires, y Eduardo de Fortuna, importante desarrollador inmobiliario de La Florida, junto a sus respectivas mujeres, comentaban los avatares económicos en Estados Unidos. Otro de los invitados era Antonio Caselli hijo, candidato a presidente de River Plate, preocupado por la situación del club y el estado en que lo encontraría en el supuesto de ganar las elecciones. El DJ Alejandro Massei, de impecable performance en la noche, alternó todos los ritmos. Mauri Benadon, ex dueño del Banco Mercurio, con su esposa, Daniel Bassin junto a Martín Autorde y Martín Roel danzaban sin pausa. En otro sector Adolfo Donati le comentaba a Felipe Rozenmuter que debía regresar a España y que sólo piensa en su frío retorno. Marcelo Wolodarsky, titular de la cadena de bazares Geo, no paraba de hablar de la crisis gastronómica y el cierre de gran cantidad de restoranes. Raúl Sáenz Valiente, de Creurban, optimista, manifestaba que con la cautela del caso, pero sin pausa, su empresa sigue adelante con sus proyectos inmobiliarios en Puerto Madero. Hugo Buitrago, empresario futbolístico, era consultado sobre los cierres de libros de pases y la situación de los clubes.
A otro que se lo vio fue a Juan Carlos Crespi, dirigente de Boca y muy cercano al plantel, de quien todos los medios comentan que sufre un golpe de estado interno para recortarle poderes en el fútbol del club y que ésa es una de las causas del regreso de Carlos Bianchi. Otros asistentes fueron Manucho Korzin, ex socio de Eduardo Eurnekian y Alberto Pérez Herbau. El abogado Alfredo Salvat se reencontró con muchos amigos y conversó larga y animadamente con ellos. La magia del Hotel Serena y de Alejandro Balut, la producción de Eduardo Abulafia a la cabeza, y el servicio de Elena Tejeira de Montevideo, hicieron que la fiesta se prolongase hasta las 5 de la madrugada.

Las fiestas en Punta del Este parece que dejan de ser patrimonio de las familias. Ahora son las marcas comerciales las que convocan a empresarios, modelos, actores, gente conocida y otros que quieren ser conocidos, una forma de trascender y lograr promoción. Por ejemplo, en la fiesta de Mercedes-Benz en la avenida Gorlero se dio esa mezcla de distintos mundos. Estaban Jorge Blanco Villegas y Ricardo Grüneisen junto a Martín Barrantes, Sara Smith Estrada y Alejandro Corres de Arteba, Clarisa Estol, CEO del Banco Hipotecario, Roberto Lanusse, Gian Dolce y Bárbara Durand, el banquero Marcos Gastaldi, Dirk Schmidt-Liermann y Gustavo Castagnino, de Mercedes-Benz. La convocatoria era para presentar la camioneta GLK, que todavía no tiene decidido el precio final porque tenían que ver cómo se modificaba la escala del Impuesto al Patrimonio Neto en la Argentina. «Este impuesto, conocido como impuesto a la riqueza, es una de las enormes trabas al consumo suntuario, algo de lo que el Gobierno debería tomar nota», comentaba uno de los asistentes. Con poco, cualquiera es rico. Schmidt-Liermann dijo que las ventas de autos premium subieron el 30% en 2008. Por lo bajo, otro empresario comentaba que la caída de diciembre de vehículos de alta gama fue preocupante, alcanzó a casi el 50%.
Otro de los comentarios era el Mercedes-Benz que utilizó Luciano Benetton en su corta estadía en Punta del Este. Cedida por la empresa, tripulaba una camioneta ML 63 AMG que cuesta 180 mil dólares. Luciano, que vivió hasta el sábado en la casa de Marcela Tinayre y Marcos Gastaldi en San Ignacio, llegó en un crucero de 50 metros «ecológico» (según una certificación que la alardea como cierta) llamado Tribú. El sábado partió para Buenos Aires y había quienes arriesgaban si se lo iban a embargar porque tiene condena firme por un juicio por $ 15 millones. Ocurre que Benetton se declaró insolvente ante la Justicia y el crucero está a nombre de una fundación, lo que explica el calificativo de ecológico.


En el desfile de Carlos di Doménico en la casa de Beverly Hills de Jorge Senra (el vicepresidente del Conrad que bajó 70 kilos gracias al cinturón gástrico) también hubo algunos datos inmobiliarios que asombran porque aquí no parece haber crisis en la venta de tierras, sí en la de departamentos. En el desfile, donde estaban Susana Giménez, Patricia y Rosella della Giovampaola, Cecilia Bolocco, Mónica Parisier, Ana Rusconi, todas nominadas para Miss Elegancia, el 80% eran mujeres. Por eso los hombres, en minoría, se retiraron a un costado a comentar el problema que tienen Santiago Soldati y Manuel Antelo con sus casas en Laguna Garzón, más allá de José Ignacio, un paraje tranquilo al lado de lo que creían era una reserva ecológica. Ahora esa reserva fue adquirida por Rodolfo Costantini, que construirá 450 casas.
Soldati acude a su peor vocabulario para hablar de esa nueva «Nordelta» que se le instalará al lado de su paraíso tranquilo. Atrás del emprendimiento de Costantini, atraído por el olfato comercial del emprendedor, surgió el loteo de Las Garzas, cuyos terrenos frente al mar ya están todos vendidos y se están disputando los que quedan, según la empresaria María Cartell, de la inmobiliaria Malva (Curiosa semejanza del nombre de la empresa con el museo de Costantini). «Y atrás de Las Garzas vienen otros», advirtió la mujer. Otro emprendimiento de tierras es el de la chacra de Martín Brown a 10 kilómetros por adentro de La Barra. Las 400 hectáreas con el imponente casco las compró el grupo brasileño Fasano, que tiene los más importantes locales gastronómicos de San Pablo. El casco va a ser un hotel cinco estrellas. Los terrenos se venden a 2.500 dólares el metro cuadrado, con lo que todo el predio vale u$s 100 millones. Ya tienen el primer comprador: un brasileño de apellido Abdalá pagó 500 mil dólares por dos hectáreas y piensa construir una mansión.

Frente a tanta actividad en el Uruguay, los dirigentes que eligieron la costa atlántica se dedicaron al orden interno. Daniel Scioli pasa media semana -hasta el próximo 15 de enero- en la estancia San Rafael, en Chapadmalal, propiedad de Alfredo Roemmers y de Rafael Oliveira César -entre las estancias de las familias Anchorena y Llorente-. La presencia del gobernador inunda esos campos de custodios, vehículos y helicópteros que han animado una zona por lo común bastante tranquila. Mañana Scioli cumple 51 años y lo celebrará con amigos en ese campo, aunque se dará una vuelta, por cábala, por el hotel Hermitage, o el Provincial (los dos tienen ahora el mismo dueño), para que el empresario Florencio Aldrey Iglesias le rinda homenaje como todos los años junto a un seleccionado de empresarios locales.
A pocos kilómetros de allí se tomó este fin de semana un respiro Elisa Carrió, quien reunió a la plana mayor de la Coalición Cívica, incluyendo al equipo de finanzas, del que escuchó un informe del sistema de recaudación de fondos de campaña para 2009. El sábado dio un asado Carrió en una quinta lindera al Club de Golf Tulsa (anexo al Golf Club de Mar del Plata), al que fueron, entre otros, Margarita Stolbizer y Alfonso Prat-Gay (Enrique Olivera no llegó aún, lo hará esta semana), habitué de las playas del Uruguay, que ha dejado por las servidumbres del oficio político. Allí un cantante de tangos le dedicó todo el recital a Lilita. Carrió no ha aparecido este año por Punta del Este, adonde es especialmente querida, por ejemplo por los vendedores ambulantes que le sirven bebidas y otras vituallas en la plaza y no le cobran al grito de «Aguante Lilita, acá te bancamos nosotros». Eso lo cuenta la jefa del ARI cuando se ríe de las denuncias de Kirchner sobre sus medios de vida y los amigos que la invitan de vacaciones al Uruguay.


Vamos a terminar con un chiste sutil pero bastante escatológico, escuchado en la Laguna Garzón. Un hombre entra a una peluquería y pide que lo afeiten.

Mientras el peluquero está poniéndole crema de afeitar en la cara, el cliente dice:

- ¿Sabe que tengo grandes problemas en afeitarme bien al ras, acá, alrededor de las mejillas?

El peluquero va a un anaquel, toma un objeto, y responde:

- No hay ningún problema: se pone esta bolita de madera entre la mejilla y la encía, y va a ver qué bien lo afeito.

El hombre obedece, y el peluquero comienza a hacerle la mejor y más al ras afeitada de su vida. Un par de pasadas de la navaja después, el cliente, haciendo lo posible para hablar con la bola de madera en la boca, pregunta:

- ¡Está quedando bárbara! Pero ¿qué hago si me la trago?

- Me la trae de vuelta mañana, como todos los demás...

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