27 de octubre 2014 - 00:21

Charlas de quincho

Los quinchos de hoy se inician con un giro, no copernicano, pero sí geográfico y político: el viaje que hará Cristina de Kirchner no será a China, sino a Australia, que si bien no es novedoso, sí viene precedido por una agria disputa entre los gobiernos del G-20. Le contamos al lector por qué. Continuamos, en territorio bonaerense, con un enigma matemático proveniente de la Teoría de los Juegos (el del “prisionero”), que reproduce uno de los mayores dilemas del peronismo de cara a las elecciones del año próximo. Y hablando de estrategias, también nos ocupamos de las apuestas del PRO en materia electoral. Y terminamos con opíparo asado en la estancia de un empresario cinematográfico y vitivinícola. Veamos.

Modestia uruguaya en el quincho de Varela, en la casa de José Mujica en Montevideo, donde parlamentaron  ayer el presidente saliente y  Daniel Scioli. Hubo cruce de anécdota y siguieron la elección local.
Modestia uruguaya en el quincho de Varela, en la casa de José Mujica en Montevideo, donde parlamentaron ayer el presidente saliente y Daniel Scioli. Hubo cruce de anécdota y siguieron la elección local.
Australia, no China; Montevideo, no el conurbano. Éstas fueron las opciones del fin de semana en el oficialismo, que confía en los estereotipos de la agenda global para mejorar el perfil doméstico, agriado por las peleas de gestión y también la de campaña, a la que Cristina le puso una pausa comprensible por el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, recordación personal y con algo de política, que la retendrá en Santa Cruz hasta mañana. Antes de viajar el viernes atendió un llamado de Tony Abbot, primer ministro de Australia, a quien la Presidente le confirmó el viaje a la cumbre del G-20 que se hará en Brisbane el 15 y 16 de noviembre. Este viaje, el único programado por ella hasta fin de año, nunca estuvo en duda, pero sí está precedido de agrias negociaciones entre los gobiernos de ese club sobre los puntos de la agenda. La Argentina presiona para que el tema de la renegociación de deuda soberana se incluya en las conversaciones de los jefes de Estado, pero Estados Unidos y Alemania boicotean esa pretensión. De esa charla con el australiano surgió que el asunto se discutirá, pero en la forma que se resuelva en el momento de comenzar la cumbre. La rispidez de la campaña argentina contra los buitres irritó a esos dos países, pero seguramente algún maquillaje sobre el rótulo que se le ponga en la agenda hará que la discusión ocurra por aquellas costas. Para eso han servido las presiones amigas de Brasil y de China, que ya apoyaron a la Argentina en la ONU para que se votase el proyecto de redactar la convención sobre deuda, que tiene que estar lista antes de un año.



La opción australiana desplaza en la agenda presidencial a China, que iba a ser otro destino viajero de la Presidente, según lo habló en la cena de despedida en julio al mandatario Xi Jinping en la Casa de Gobierno. No fue posible ajustar los tiempos y ese viaje parece desplazado a enero o febrero. Antes, habrá señales hacia esas latitudes; el viernes que viene, Héctor Timerman participará en Colombia de una cumbre del Mercosur con los países del continente que pertenecen a la alianza del Asia-Pacífico, que además, salvo México, comparten la membresía con el Mercosur. Ajustó detalles el canciller en el viaje del viernes a Perú, uno de los países más beneficiados por su relación con Oriente, y el interés de esta cumbre colombiana surge de que, sin que haya muchos anuncios, China ya ha comenzado a liquidar los "swaps" que se comprometieron en julio pasado, que permiten financiar negocios comerciales sin necesidad de usar dólares y proteger de alguna manera las reservas. El Gobierno cree que con ese recurso completa la protección de las arcas del Central para llegar a diciembre con el número al que se había comprometido Juan Carlos Fábrega antes de renunciar, u$s 28.000 millones. Cuando se tocan estos asuntos en los cenáculos del oficialismo -la confitería Las Victorias de Plaza de Mayo, la del Hotel City, adonde concurren los lenguaraces de Casa de Gobierno a aplacar a los ansiosos que no ven luz al final del túnel, y que dudan hasta de que exista algún túnel- la respuesta se centra en minimizar la crisis con los buitres, que asume el oficialismo que transcurre por canales normales, riéndose del tremendismo de sus adversarios y también de los técnicos, que lo ven como el problema central de la Argentina.



Nadie niega en esos quinchos transitorios -lo son las confiterías, que son de paso como algunos hoteles o albergues- la información sobre un arreglo con los buitres malos en enero, cuando deje de regir la cláusula RUFO. Hasta entonces hay una pulseada de las dos partes para maximizar el valor de su posición. Los acreedores buscan aumentar el precio de su pretensión entre un 35% y el 100% de sus papeles y el Gobierno mantener en ese 35%, que fue el corte de los anteriores canjes. Hasta enero, cada protagonista espera sin mover piezas y eso explica, según esos lenguaraces que presumen de tener la mejor información de la Casa de Gobierno, que ninguno de los acreedores haga jugadas espectaculares ni se las pidan a Thomas Griesa, que también camina esperando que corran las horas y los días hasta enero. En este escenario, el Gobierno sostiene que cerrado el litigio en enero sobrevendrá lo que no pasó después de los acuerdos en el CIADI, Repsol, Club de París, etc. que es la oferta de dinero a una tasa alrededor de un dígito. Repregunta: si todo es tan previsible, ¿por qué descontar los hechos y salir a buscar dinero ahora? Podríamos, dicen, y tendríamos dinero en el orden del dígito, pero en condiciones peores a las que habrá en enero. Con ese ánimo, sigue la explicación oficial, el panorama de mediano y largo plazo no es inmanejable, porque la Argentina tiene compromisos de pago por algo así como u$s 12.000 millones en 2015, u$s 6.000 millones en 2016, u$s 8.000 millones en 2017, y en adelante serán unos u$s 2.000 millones anuales. Un programa de lo que le espera a quien gobierne desde el año que viene.



Éste es el terreno en donde el oficialismo imagina una estrategia competitiva para el año que viene, y para saberla hay que salir un poco; por ejemplo, darse una vuelta por el club Huracán de San Justo, donde el intendente de La Matanza y presidente del PJ de Buenos Aires, Fernando Espinosa, juntó en una mesa, con el pretexto de comer un asado, al grupo que maneja ese sello (Carlos Kunkel, Jorge Landau, José María Díaz Bancalari, Cristina Álvarez Rodríguez, Verónica Magario y otros). Era una previa a un acto con intendentes de la 2ª Sección electoral de la provincia que se hará en la segunda semana de noviembre, y que proveerá otra foto de candidatos a gobernador y presidenciables del distrito más grande del país. En una larga sobremesa se escucharon los principales puntos de la estrategia del oficialismo para intentar retener el poder desde diciembre de 2015. No son revelaciones de alta teología: el peronismo tiene que ganar en primera vuelta, de la que está cerca, porque está muy lejos de ganar en una segunda. Para eso tiene que sostener a su mejor candidato, Daniel Scioli, para que se aproveche del 30%/32% de los votos que tiene en cualquier elección el peronismo, y pelear para sumar lo que falta para cerrar la elección en primera vuelta. Eso tiene un nombre: Buenos Aires, donde la misión de Scioli y el peronismo que gobierna es licuar lo que hoy tiene Sergio Massa, que parece congelado en lo que logró en las últimas elecciones, pero que no ha sumado territorios ni dirigentes importantes. Sin esa captura del voto peronista de Massa se hace difícil la elección 2015. Si eso funciona, se achican los dramas en distritos "chivos" para el kirchnerismo, como Capital Federal o Córdoba. En esa mesa, alguno largó que hay todavía algo por hacer y ganar Santa Fe, y el grupo mencionó casi al unísono el nombre: Reutemann. No hay que levantarle el precio, pero no hay que correrlo, sugirió uno con la mejor llegada (y salida) a Olivos. Con aire académico explicó que el senador está en el enigma del prisionero, un acertijo matemático cuya solución desvela a científicos desde hace décadas ("Un prisionero está encerrado en una celda que tiene dos puertas, una conduce a la muerte y la otra a la libertad. Cada puerta está custodiada por un vigilante; el prisionero sabe que uno de ellos siempre dice la verdad, y el otro siempre miente. Para elegir la puerta por la que pasará, sólo puede hacer una pregunta a uno de los vigilantes ¿Cómo puede salvarse?"). Ilustró cómo Reutemann tiene el proyecto de volver a ser senador y tiene que elegir, como el prisionero, qué puerta abrir. Se reciben propuestas de solución a este enigma.



Para estos desvelos de campaña el que mejor aporta en el oficialismo es, sin duda, Scioli, quien apareció el lunes junto a Tabaré Vázquez y ayer en el quincho de Varela que tiene en su casa José Mujica, y en donde ha prometido hacer una escuela agraria cuando deje la presidencia. El gobernador apareció a media tarde en ese quincho junto al fogonero de las relaciones con la América Morena, Rafael Follonier, y muy pocos más para acompañar al Pepe uruguayo (de quien Follonier, asesor presidencial que ya no se despega de Scioli, presume ser amigo desde hace 40 años) en la espera de los resultados de la primera vuelta electoral. Modesto, Mujica apenas ofreció una gaseosa a estos peregrinos que compartieron anécdotas y comentarios mientras les pasaban datos de boca de urna. Estuvieron ahí hasta el anochecer, cuando fueron al comando de campaña del Frente Amplio a sacarse fotos con Tabaré, previa escala en el Hotel Sheraton (queda a pocos metros de ese comando) para repostar y tomar energías. Festejaron los tres el triunfo ajustado de Dilma en Brasil y celebraron que se verifica una tendencia que le sirve al proselitismo de los oficialismos de la región; volvió a perder en Brasil un centroderecha que tiene el mismo menú de campaña que la de Brasil o la Argentina: inflación, seguridad, narcotráfico y corrupción. No es que no existan esas cuatro lacras, explican ante la repregunta, pero los oficialismos de los tres países parecen blindados ante esa artillería. Simplificando: estos triunfos de Dilma y otro, eventual, de Tabaré, alientan en el oficialismo sobre que existe una ola o tendencia que se repetirá en la Argentina. Para pensar: las olas y las tendencias se perciben cuando los hechos ya han pasado, y no se pueden manipular a futuro.



Igual las estrategias las montan los políticos no sólo sobre certezas, sino también sobre apuestas. Un caso lo aporta el macrismo porteño, que va a elecciones el año que viene a jefe de Gobierno y no termina de resolver si le conviene pegar o no la elección a las presidenciales. Éste fue asunto de un quincho-seminario del ala más conservadora del PRO que animan dirigentes y funcionarios que vienen de la UCeDé o , más lejos, de la liga estudiantil UAPU. La ocasión eran los 50 años que cumplía el legislador y abogado Héctor Huici, y concentró en su casa de CUBA-Fátima al grupo que integraban Carlos Maslatón, Paula Bertol, Juan Curuchet, Santiago Hardy, Martín Borrelli, Alejandro Finocchiaro y, entre otros, el abogado Guillermo Lipera, a quien lo siguen buscando en IDEA -sello del cual es directivo- por haber tenido la ocurrencia de invitar a Daniel Sabsay a hablar en el coloquio que se hizo en Mar del Plata. Ese grupo discutió largamente la conveniencia de separar o no las elecciones locales con las nacionales en la Capital. Esa duda la tienen todos en el PRO, desde Macri hacia abajo, porque les va bien por ahora y, como el prisionero del enigma, no terminan de saber qué puerta les concierne abrir. En el PRO manejan la hipótesis, que sus adversarios comparten, de que hoy por hoy no hay candidato de la oposición local que le pueda ganar a cualquiera de los buenos candidatos del PRO (Horacio Rodríguez Larreta o Gabriela Michetti). O sea, que no necesitarían el efecto arrastre de una candidatura presidencial, pero sí Macri candidato a presidente se beneficiaría con el efecto empuje de votos de abajo hacia arriba para mejorar sus números para entrar a un balotaje. La duda es si no convendrá separar la elección, hacerla antes, y facturar como gran noticia de campaña un triunfo rotundo creando un efecto cascada de victorias. Queda por resolver, dijo uno que entra y sale sin chapear a Bolívar 1, y lo hará Macri no antes de diciembre. Ese efecto de la elección separada o junta no es un método sólo para la Capital Federal. Es lo que piensa hacer Jorge Capitanich como candidato a intendente de Resistencia. Ahí competirá, en elección adelantada, con un funcionario de la gestión radical de Aída Ayala, que disputará la gobernación que deja el jefe de Gabinete. Separando la elección local en Resistencia y ganándola, Capitanich cree que produciría una deslegitimación de la gestión de Ayala y disminuiría sus chances en la pelea por la gobernación, cargo para el cual todavía no tiene candidato.



La intervención de Sabsay en IDEA, que ha sido fatigada por los medios de uno y otro color, daba ya en ese quincho de CUBA-Fátima para la chanza. El tono para reclamar el título de abogada de la Presidente o tratar de traidor a Timerman no gustó mucho entre los empresarios, salvo para quienes lo aplaudieron al abogado desde sus asientos, que los hubo. Ese tono comprometió una reunión en la que los asistentes pagan abultadas inscripciones para tarjetear, hacer networking y escuchar a expertos y políticos. Que un directivo como Miguel Blanco, o que Sabsay, se pronunciasen como dirigentes políticos los descolocó en un foro que no es oficialista ni mucho menos, pero en donde se guardan las formas porque, al final de todo, son hombres de negocios que habían dedicado al tema narcotráfico la reunión de manera de apartarla de las inquinas políticas. ¿Cómo que las ideas no se matan?, reían en ese quincho; acá han matado a IDEA, era la broma a la hora de los brindis. Algún memorioso contrastó este ánimo de Sabsay con el que manifestaba cuando colaboró con la gestión kirchnerista de Gustavo Béliz en Justicia, haciendo el borrador del decreto que firmó Néstor Kirchner con el nuevo sistema de elección de jueces en la Corte. Para algunos abrigaba la aspiración de ser miembro del tribunal después de combatir a la integración menemista. Ese decreto sirvió para que fuera juez Raúl Zaffaroni y no Sabsay, pero son historias viejas, y hay quienes creen que este abogado ha buscado estrellato, y lo consiguió.



Estas olas no alcanzaron a los quinchos mansos y refinados que se alzaron a propósito del Coloquio de IDEA, y donde la convivencia fue más horizontal y pacífica. El más notable lo armó el viernes, como todos los años, el empresario Jorge Estrada Mora en el casco del campo Santa Isabel, adonde concurrió un seleccionado de invitados a comer un asado inolvidable. Lo compartieron estrellas de la política, como el excanciller de Colombia Jaime Bermúdez (fue también embajador en la Argentina), que sorprendió en el panel sobre narcotráfico al advertir al auditorio que la Argentina puede escapar al destino de su país o de México. "En Colombia -dijo- hemos avanzado mucho y estamos en el purgatorio, y cuando uno está en el purgatorio, ve el cielo más cerca". Lo aplaudieron. También estaban el embajador a cargo de EE.UU., Kevin Sullivan; el de Colombia, el exmilitar Alejandro Navas Ramos; Pablo Aristizábal (autor de iniciativas educativas que ha adoptado el papa Francisco), Mario Vázquez (Mercado Libre), Juan Martín Bulgheroni (PAE), Gabriel Martino (HSBC), el diputado macrista Federico Sturzenegger, el exdiputado Jesús Rodríguez (estaba en el coloquio acompañando a Ernesto Sanz), el rector de la Universidad Di Tella Ernesto Schagrodski, Tato Lanusse, Juan Pablo Maglier, Antonio Estrany i Gendre (PAE), Juan Cocci (Prosegur), Ernesto San Gil, Eduardo Coduri, Enrique Grotz, Francisco Paci, (Ernst&Young), Raúl Fiscalini , la dirigente momista (por el "Momo" Venegas) Teresa González Fernández, Orlando Ferreres (quien habló sobre el costo económico de la inseguridad jurídica y financiera), Tomás Hess (Exxon), el abogado Eduardo de la Rúa, la editora Trini Vergara, el expresidente de Telefónica Internacional Miguel Ángel Gutiérrez, el petrolero Marcelo Güiscardo, de la QM, que fabrica en Mar del Plata los equipos de perforación que se usan para el shale gas y el shale petróleo en Vaca Muerta y en otros países. El grupo celebró que, más allá de las estridencias, la presencia de CEO y CFO creció esta vez en Idea. Ahora priman los altos ejecutivos de corporaciones, que tienen un acelerado proceso de recambio y que mantienen un bajísimo perfil. A primera vista, se reconocen unas pocas "caras de siempre", pero la presentación de credenciales fue implacable y hubo muchos aspirantes a participar que quedaron fuera por falta de cupo. Mucho tuvo que ver la participación de Idea en el Foro de Convergencia Empresarial, que tomó al cónclave como una instancia sustantiva de comunicación de sus mensajes. Este grupo creyó estar el viernes en la reunión social top paralela al coloquio, pero no fue así, porque el sábado el campo de Estrada Mora reabrió el quincho para un grupo más pequeño de empresarios para mostrarles la bodega que ha construido allí y presentar los vinos que se producen junto al mar. Es una rareza para la Argentina esto de hacer vino junto al mar, pero en otros países ya ocurre. En esas viñas de Chapadmalal, que es donde está el campo de Santa Isabel, Estrada Mora produce tintos y blancos con la marca de su familia pero también tiene un emprendimiento con productores tradicionales (Trapiche) para el lema "Pampa y mar", que fue el motivo de ese segundo quincho marplatense.



Vamos a terminar con un chiste de un personaje clásico, y de la línea dura, la que nos reclaman nuestros lectores.

Jaimito, alumno de una escuela rural, llega tarde una mañana. Al preguntarle la maestra el porqué, responde:

-Vea, seño, yo para llegar paso por el campo de Don Zoilo.

-Ahá, ¿y con eso qué?

-Nada, que allí están el toro, la vaca blanca y la vaca negra.

-¿Y qué pasó?

-Que el toro se garchó a la vaca blanca.

-¡Jaimito! ¡Qué es ese vocabulario! Debes decir que el toro "sorprendió a la vaca blanca".

Al día siguiente ocurre lo mismo, y la maestra vuelve a reprender, más enfáticamente, a Jaimito.

Hasta que un día llega un inspector, que interroga a Jaimito por llegar tarde.

-Niño... ¿a qué se debe tu retraso?

-Vea, señor inspector, es que yo paso por el campo de Don Zoilo.

-¿Y con eso qué?

-Nada... que me distraje un poquito, pues allí están el toro, la vaca blanca y la vaca negra...

La maestra empieza a temblar.

-¿Y qué pasó?

Jaimito observa a su maestra, y responde:

-Que el toro sorprendió a la vaca blanca.

La maestra suspira con alivio, pero el inspector pregunta:

-¿Y por qué sorprendió a la vaca blanca?

-Porque se garchó a la vaca negra.

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