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Charlas de Quincho (Última Parte)
Segunda parte hoy de los abundantes quinchos del fin de semana largo. Empezamos con la mujer más silenciosa de la Argentina, quien justamente por esa condición impacta cuando se permite algunas confesiones entre amigos: Elisa Carrió, ciudadana de a pie sin celular ni custodia, en un restó de Palermo. En otros quinchos, estuvimos -época de presidenciables- con quienes hoy desesperan por tener una posibilidad bajo el sol en 2011, desde Néstor Kirchner hasta «Negro» Duhalde. Y terminamos con los múltiples cumpleaños que ocurrieron estos días, con invitados de todo pelaje: desde los imitadores de Moria Casán en el onomástico de la «regina», hasta el seleccionado de empresarios en el ágape de un legendario vocero peronista. Veamos:
Festejó un nuevo cumpleaños Osvaldo Agosto (en la foto con Antonio Cafiero), que fue colaborador de Ignacio Rucci. Repartió entre los asistentes a la fiesta botellitas de alcohol en gel que, dijo, evitan el contagio con «gorilas y transversales».; (abajo El círculo más íntimo de la diva: Ada Fonre, propietaria de Piégari; Raúl Ferrareto, apoderado de Moria; Mercedes Irurzun, Moria Casán y su abogado, Ignacio Irurzun. El festejo del cumpleaños de Moria en el Yellow Bar de Bahrein terminó a las 7.
A pesar de la depresión que disminuyó la facturación de sus restoranes en un 40%, Ada Fonre tiene proyectos. Está por abrir un Piégari en Santiago de Chile en un hotel cinco estrellas que está en construcción. También va a sorprender con otro restorán del mismo nombre en un lugar estratégico de Buenos Aires que no quiso revelar. Uno de los asistentes, que por razones obvias pidió que no revelaran su identidad, contó que desistió de participar en el blanqueo de dinero de la Argentina. Trajo dinero declarado desde Estados Unidos para aprovechar las ventajas y lo depositó en un banco local. Como le dijeron que el dinero debía permanecer quince días y, por resolución del Banco Central, hay que hacer un plazo fijo, se lo debían depositar a 30 días. El hombre no aceptó y devolvió el dinero a su lugar de origen, maldiciendo por los gastos de transferencia que tuvo que pagar. No le gusta la burocracia y menos mantener su dinero tanto tiempo inmovilizado esperando un blanqueo. Se sintió muy vulnerable. Entre los enigmas de la noche quedó éste: por qué se esfuerza la empresa concesionaria del predio de la Rural en que no trascienda la noticia del robo de una camioneta 4 x 4 del ex futbolista rosarino David Nazareno Visconti, con trayectoria en Rosario Central y después en Japón. Ocurrió en plena feria Rural, bajo cámaras y controles que no pudieron impedir la evaporación del vehículo, por el cual clama sin cesar el ex futbolista.
La desconcentración por el fin de semana largo dispersó a mucha gente de los quinchos, pero los espadones de la política dijeron tener motivo para festejar en sus lugares de descanso. Los Kirchner, desde el viernes en El Calafate, celebraron la facilidad con la cual pasaron a manos del Estado las transmisiones de fútbol. ¿No eran tan poderosos los anteriores dueños de esa señal, tanto que planes más audaces se archivaron por temor a las represalias? El Gobierno festeja con sordina, y demora anuncios de un asunto que le dará mucha popularidad porque brindará gratis lo que antes se pagaba, y la razón es que el autor de toda la movida no fue el Gobierno, sino Julio Grondona, que le saca el negocio a uno y se lo da a otro en los tiempos y en las condiciones que él dispone como propietario de un negocio tan grande que supera a todos los otros espectáculos. Lo que sí paladeó ante intendentes antes de irse Néstor Kirchner, que ya camina como candidato o gran elector para las presidenciales de 2011, fue ser dueño (dice) del 28%/30% de los votos de la última elección, algo que, sostiene, nadie tiene. Los Kirchner, como los demás participantes de mesas chicas, mesas grandes, encumbrados quinchos y modestas choripaneadas, se dedicaron al mismo entretenimiento. Hacer comparaciones entre la velocidad que marcó Usain Bolt (9,58 segundos para los 100 metros) en su récord de ayer y la rapidez de algunas águilas de la política. Ganó en casi todas Ricardo Jaime, considerado más rápido que Bolt -aunque algunos lo descalificaban por usar un avión-, pero lograron buenas marcas Felipe Solá y el popular Borocotó. Entretenimiento de feriado sin fútbol, que forzó a los adictos a las imágenes deportivas a mirar estas carreras del jamaiquino Bolt o las frustraciones de Juan Martín del Potro en Canadá.
Los invitados al almuerzo de rutina del Club del Petróleo, el miércoles pasado, en el Salón Dorado del Plaza Hotel tenían esta vez razones para alimentar expectativas: el invitado era Francisco de Narváez, el hombre que lideró la ola anti-Kirchner en la provincia de Buenos Aires, quien además les debía una explicación. El cóctel previo lo pagaban dos empresas, Metrogas y el grupo Bulgheroni. A Metrogas, De Narváez le había prometido en plena campaña una estatización; los Bulgheroni se interesaban, además, por algo que el diputado destapó ante el grupo de empresarios que escuchó su discurso: su pretensión presidencial. Ya en cóctel, De Narváez se bajó de la amenaza de estatización. «Son cosas que salen en el calor de la campaña, pero nunca he pensado en que haya que estatizar Metrogas». Respiraron con alivio quienes lo escuchaban, el titular de esa empresa, Andrés Cordero; el presidente del club, Oscar Vicente (ex Petrobras); el mandamás de Panamerican, el colombiano Felipe Bayón; el también colombiano Jorge Estrada Mora (además productor de cine); un experto en entreveros políticos, el ex ministro de Carlos Menem Rodolfo «Chango» Díaz, hoy encargado de asuntos jurídicos de los Bulgheroni; Ernesto López Anadón, director del Instituto Argentino del Gas del Petróleo; Enrique Mallea; y el escudero de De Narváez, el electo diputado Gustavo Ferrari. Con ese arrepentimiento ya quedaba pago el auspicio del cóctel para los empresarios del gas.
Lo que dijo en el discurso De Narváez terminó de justificar el esfuerzo de concurrir al almuerzo mensual, que para los petroleros es una rutina tan aburrida como las cenas de los rotarios, que despachan comida y discurso en apenas veinte minutos, hartos de verse todos los meses las mismas caras y para decir lo mismo y escuchar las mismas quejas. El diputado anunció en público que él también tiene un proyecto presidencial porque su condición de colombiano no implica ninguna inhibición. La Constitución exige al presidente de la Nación ser argentino nativo o hijo de nativo, algo que no tiene De Narváez, pero esa cláusula, afirmó, viola los derechos humanos y la convención interamericana de Derechos Humanos. «La misma autorización que tuve para ser candidato a gobernador de Buenos Aires me permite ser candidato a presidente». Nadie esperaba escuchar tanto en una reunión tan rutinaria porque esos anuncios y esos proyectos se reservan para actos partidarios. Tanto eco tuvo en esa red de empresarios que al día siguiente, en un acto en el Club Atenas de La Plata, De Narváez debió moderar el anuncio y señaló como presidenciables de su sector sólo a Mauricio Macri y a Felipe Solá. Lo que dijo sobre esa inhibición tiene en realidad un aval de la Corte Suprema, que autorizó en 2007 a De Narváez a ser candidato a gobernador de Buenos Aires, provincia que tiene la misma cláusula en su Constitución y que el tribunal declaró ya inconstitucional en este caso. Aplicó el criterio que autorizó a ser camarista provincial al juez Federico Hooft, un holandés hijo de holandeses, que hizo un reclamo para ascender, denunciando ese veto como violatorio a los derechos humanos. De Narváez usó el mismo argumento y ganó el juicio, aunque nunca ventiló demasiado el asunto porque sus adversarios, como malicia inevitable, dijeron que había logrado la autorización con algún viento oficial a favor; en esa elección de 2007, De Narváez no llevó en su boleta a ningún candidato presidencial, algo que pudo ayudar a Cristina de Kirchner a retener votos peronistas que, de otro modo, hubieran ido al candidato de la lista de De Narváez. Por eso, ahora puede decir: «Lo que me hizo candidato a gobernador me puede hacer candidato a presidente».
No lo atendieron mucho más al invitado, distraídos como estaban ese día, en su condición de petroleros, por el final del aumento al gas en el Senado, en donde el peronismo retiró el proyecto de tratamiento del decreto que había autorizado el aumento tras la visita el jueves de Daniel Cameron y Julio De Vido a esa cámara. Sin apoyos ni de la propia tropa, el Gobierno se exponía, con ese argumento, a una derrota en el Congreso, contra el que la Justicia ya estaba fallando en las grandes ciudades. Los maliciosos decían que la pelea, en realidad, no era por el aumento, sino por el manejo de los dineros provenientes de él, que iban a ser administrados por un fideicomiso. «Se peleaba la caja, no la política petrolera», sintetizó uno de los lobbystas del sector. «Eso lo demuestra que rechazasen ese aumento hombres del Gobierno en el Senado como Guillermo Jenefes o Marcelo Guinle, quienes hubieran tenido otra posición si esos ajustes fueran para beneficiar a sus provincias». Estas especulaciones avanzaron hacia zonas enigmáticas, como por ejemplo las razones por las cuales el Gobierno no aclara cuánto en realidad está gastando en importar gas, pregunta que avanzó en nuevos misterios, como por ejemplo por qué el Gobierno dejó de contratar barcos metaneros (transportan gas) que venían de Trinidad y Tobago fletados por Repsol, y comenzó a contratarlos en Kenia o Sudán a través de una empresa de los Estados Unidos que, malicia infinita, alguno relacionó con un ex ministro de Carlos Menem hoy cercano a De Vido y que, por cierto, no es el «Chango» Díaz, presente ese día en el Club del Petróleo. La historia los juzgará, no los jueces que dejan pasar lo que hacen algunos cuando tienen poder. De Narváez, además de estas noticias, les dejó un mensaje alentador a los petroleros: «Cuando sea Gobierno -amenazó sin especificar con qué cargo-, voy a consultar sobre energía a la gente que sabe».
El reguero de los presidenciables casi tapó el tema dominante de la semana, que fue la estatización de las transmisiones del fútbol. Los peronistas disidentes de segunda línea le habían pedido al sindicalista del campo, Gerónimo Venegas, el salón de su gremio (la UATRE, en donde funciona, además, Las 62 Organizaciones Peronistas, que conduce el «Momo») para lanzar un sello conducido por el ex lavagnista Carlos Campolongo y el ex viceministro de Jorge Remes Lenicov, Jorge Todesca. Se alarmaron los organizadores del acto cuando vieron que entraba y entraba gente, y se iba devorando lo que habían previsto de cóctel; encima eran emblemáticos de otras ligas peronistas, como Julio César Aráoz, el propio «Momo» que se puso en el escenario cuando era mero prestador de salón, Teresa González Fernández y Juan Archibaldo Lanús (gerentes de Causa Argentina, un sello llamado a competir con Rumbo Justicialista, la «orga» de Campolongo-Todesca), Jorge Sarghini, dos mirones con sentido de la oportunidad como Jorge Telerman y el bombisto Tula -va porque dice que tiene que mantener su banda de músicos peronistas, pero se lo ha llegado a ver hasta en actos de De la Rúa cuando era presidente-, Carlos Brown, Ramón Puerta, Miguel Ángel Toma, Claudia Rucci, Chiche Duhalde, Oraldo Britos, el mítico secretario de Perón Ramón Landajo, que ha escrito sus memorias y las ofrece por internet y que es quien asesora a estos peronistas de nuevo cuño -por edad, claro- en ortodoxias. «Momo» lo sienta a todas las mesas y cuando alguien dice algo, le preguntan: «¿Qué hubiera dicho el general?». Él responde con anécdotas y criterios de conducta. Hoy tiene una asignación como asesor de Venegas en la UATRE, pero en cuanto lo descubra De Narváez, que colecciona memorabilia de Perón, se lo lleva a su casa. Más allá de los discursos, críticos del kirchnerismo, hubo omisiones notables, como la mención de De Narváez -a quien considera un traidor por dejar a muchos peronistas fuera de las listas del 28 de junio rompiendo códigos- o la inasistencia de Felipe Solá, a quien juraron todos haber invitado. Lo llamaron por teléfono y respondió: «Nunca recibí ninguna invitación y ahora ya tengo otro compromiso».
La trama de tanto encuentro y desencuentro la reveló el grupo que mantiene relación estrecha con Eduardo Duhalde: «Negro será candidato a presidente». «¿De partido?», quiso saber un desinformado. «No, de la Nación, y en 2011». Esa marea necesitaba de precisiones y la aportaron los miembros del grupete que lo ve a Duhalde todas las semanas: él va a lanzar en cualquier momento una candidatura presidencial. Por eso le pone un pero a cada nombre que aparece en el peronismo para ese cargo, fuera Solá, De Narváez, Reutemann o Macri. La explicación de este proyecto fue completada por otro de los presentes con estas palabras: en 2011 Duhalde cumple 70 años, y él cree que el límite de edad para ser presidente está ahí. Para el turno que sigue va a estar muy viejo y no va a poder hacer nada. «¿Qué escenario ve para esa elección?», preguntó uno que cogoteaba en el grupo de los curiosos. «Cree que el candidato radical va a ser Julio Cobos y que le puede ganar. Y si pierde, va a perder ante un gran candidato». Parecía escuchar algo de esto Chiche Duhalde y se alejaba para que no le pidieran precisiones. Uno se animó a poner un reparo: pero miren que Kirchner cree que él o su mujer pueden ser candidatos... No pudo escuchar la respuesta porque se lo llevaron a este audaz en andas hasta un rincón: Duhalde está entre quienes creen que el ciclo Kirchner ya terminó y que no van a poder poner a ningún candidato de ese sector. «Pero miren que Kirchner dice otra cosa», opinó otro, que tampoco fue escuchado.
Todos esperaban a Duhalde esa tarde en la UATRE, pero mandó una carta de saludo y una disculpa, que estaba fuera del país. Chiche le confesó a uno de sus amigos que, en realidad, estaba encerrado en la quinta Don Tomás concentrado en terminar dos libros que piensa lanzar antes de fin de año. También en recibir a intendentes y hasta a algunos kirchneristas, como el ex 2 de la SIDE Oscar Rodríguez, a quienes instruye sobre cómo entonar a Daniel Scioli para que les franquee la llamada Puerta Mércuri, bautizada en homenaje al diputado provincial Osvaldo Mércuri, que ha abierto una vía para la incorporación de duhaldistas a la administración sciolista. Los libros que escribe, o hace escribir en realidad a algunos de sus ex funcionarios, son: uno sobre sus 20 años de lucha contra el narcotráfico, y otro en el cual desarrolla su teoría sobre la integración continental, tópicos que ha desarrollado, dice, en interminables diálogos con Lula da Silva e intelectuales de su predilección, como Helio Jaguaribe. Piensa usar el lanzamiento de esos dos libros para instalar, según sus entornistas más fanáticos, una candidatura presidencial.
El jarabe del presidencialismo le llegó también a alguna viuda del kirchnerismo, como Alberto Fernández, quien dice a quien quiera escucharlo que en 2011 espera estar en alguna fórmula presidencial. La mayoría se sorprende por esta ilusión; otros creen que su experiencia en el Gobierno les serviría a algunos de los gobernadores, con quienes habla todas la semanas, un arco que va de Sergio Urribarri a Juan Manuel Urtubey, y de Jorge Capitanich a Daniel Scioli. Claro que a ninguno de éstos les destapa sus ambiciones, pero la frecuentación con ellos y la reminiscencia de los oropeles del poder le hacen decir estas cosas a Fernández, que ya ha perdido el miedo a que le escuchen lo que dice. El jueves la llevó a almorzar a la ex viceministra de Justicia Marcela Losardo a uno de los restoranes del hotel de Alan Faena, casi una sucursal de su domicilio particular en Puerto Madero, en donde pasa media semana; la otra transcurre en un country de Pilar, en el que coincide con la diputada Vilma Ibarra, una de sus principales aliadas en el Congreso. Losardo es una víctima de las inquinas del Gobierno con funcionarios que fueron designados cuando Fernández era jefe de Gabinete. Pasó en su cargo de Justicia varios años cubierta de elogios por el Gobierno, los jueces, la Corte y hasta la oposición, que tenía en ella un vehículo de llegada al Gobierno para lograr acuerdos necesarios y razonables. En un minuto, cuando ya la habían confirmado bajo el ministerio de Julio Alak, la expulsaron a las tinieblas exteriores. Teme ahora la venganza de los K, pero su ex jefe Fernández, que la recupera ahora para trabajar en su consultora, la tranquilizó con el argumento de que la mejor protección ante las picardías del oficialismo es la buena relación que hizo con dirigentes y magistrados en el ministerio. ¿Habrá creído Losardo esto viendo cómo le ha ido al ex jefe de Gabinete, que seguramente hizo más amigos que ella? Por de pronto, se toma unas vacaciones, durante el mismo tiempo (los primeros días se setiembre) cuando Fernández hará una nueva gira de conferencias y reuniones por Europa y Estados Unidos, viaje este último que le va a interesar mucho a Cristina de Kirchner. La Presidente, a mediados de ese mes, va a los Estados Unidos para participar de la asamblea de la ONU en Nueva York y a la cumbre del G-20 en Pittsburgh, y se va a encontrar con que días antes ya pasó Fernández explicando lo que es y no es el kirchnerismo. Un desperdicio, cuando antes el jefe de Gabinete la única vez que viajaba con el matrimonio al exterior era a los Estados Unidos.
Cortamos con un poco de básquetbol la obsesión futbolera que ganó a todos los argentinos por la guerra de la televisación. Ese deporte tiene a Manuel Ginóbili como su emblema más alto y en algunos lugares domina sobre el fútbol. Cuando le preguntaron a George W. Bush sobre Maradona, respondió: «Manu, Manu». La estrella de San Antonio organizó en el hotel Panamericano, el jueves, una cena a beneficio de la fundación que ha dedicado a promover a través del básquet una mejoría en niños y adolescentes. Logró venderles mesas a varias empresas, que enviaron a gerentes y directivos a gastar unos pesos. Por ejemplo, en una mesa de hinchas de River: Jorge Brito (h) compró una camiseta de Los Pumas por $ 5.000, Luis «Toto» Caputo (ex N° 1 del Deutsche Bank) pagó u$s 20.000 por un viaje a San Antonio, Texas, que incluye un asado en la casa del deportista y entrada a la cancha y vestuarios; Rodolfo D'Onofrio (candidato a presidente de River) pagó u$s 11.000 por una camiseta Se controlaban entre sí las mesas de ciertos rubros; sintiéndose contro-lados, los del Banco Finansur, encabezados por Jorge Sánchez Córdova pagaron $ 32.000 por la camiseta de Carlos Tevez, $ 25.000 por la de Lionel Messi. El más reclamado en las mesas fue Víctor Hugo Morales, abanderado contra el grupo TSC que perdió las transmisiones de fútbol en manos del Gobierno, pero que debe convivir en una radio del grupo Prisa de España, enredado también en una guerra del fútbol en ese país que tiene que ver con las relaciones ríspidas que mantiene con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Poco desenfreno con tanto empresario, salvo cuando Los Auténticos Decadentes arrancaron con su recital y la dirigente peronista disidente Teresa González Fernández saltó de la mesa que compartía con los aeronáuticos Jorge Lukowsky y Juan de Dios Cincunegui y sacó a bailar nada menos que a Margarita Stolbizer. Le tiraba el distrito y la política a esta «Colorada» que fue la esposa de Felipe Solá, el hombre que contrató a Ginóbili como imagen del Banco Provincia -contrato que ya terminó-. No cejaron hasta sumarlo al propio «Manu» al trencito que duró hasta la madrugada.
Vamos a terminar con un chiste multinacional:
En la barra de un bar de Cibeles, en Madrid, se encuentran un inglés, un francés y un argentino. Luego de haberse bebido unas cuantas cervezas, el inglés comenta en voz alta: «Es agradable este lugar, pero en el West End de Londres tenemos un bar que se llama Johnny's Pub. Allí, si te tomas dos cervezas, viene Johnny y te paga la tercera. Siempre lo hace». Luego de escucharlo, el francés agrega: «Mira, no es para competir, pero en el Marais de París está Chez Jean Luc. Si te tomas una cerveza en su bar, Jean Luc te paga una segunda, y si tomas una tercera, Jean Luc te paga la cuarta». El argentino, entonces, les dice: «Bueno, ustedes no me lo van a creer, pero en el Liniers de Buenos Aires está la Cantina de Tito. Yo no fui nunca pero me contaron que Tito te paga la primera, la segunda, la tercera cerveza, y si te tomas una cuarta te deja subir a una habitación del primer piso para que hagas el amor». Los otros lo miran pasmados: «Pero eso es imposible. ¿Quién te lo contó?». «Mi hermana.»
Ver primera parte de Charlas de Quincho (del 17 de agosto)


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