Chicago, la ciudad de la arquitectura

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Si hay una ciudad de la arquitectura -en los Estados Unidos y hasta en el mundo-, esa ciudad es Chicago. No debe sorprender el origen de tal condición: fue un incendio, que entre el 8 y el 9 de octubre de 1871 devastó la progresista ciudad del Oeste Medio, convertida ya en centro comercial de máxima importancia. Dos tercios de Chicago eran construcciones de madera. El fuego devoró dieciocho mil edificios y dejó sin techo a noventa mil de los trescientos mil habitantes. Dos años más tarde, sin embargo, la ciudad había iniciado una acelerada recuperación, que simbolizó con la magnificencia de la Exposición Internacional, desplegada en 1893.

La arquitectura norteamericana propiamente dicha empieza en Chicago. En el Oeste Medio, la atracción de los modelos europeos era sensiblemente menor que en el Este; y por último, el desarrollo de la industria siderúrgica en Chicago, llamó la atención de los arquitectos hacia las posibilidades del acero: así se llegó a la solución técnica del esqueleto metálico con revestimiento de ladrillos, que condujo a la invención del rascacielos, ocurrida en Chicago, doce años después del pavoroso incendio de 1871.

Un ingeniero militar, William Le Baron Jenney, fue el primero en indagar aquellas posibilidades en el edificio Leiter I (1879). Fue necesario, sin embargo, esperar un lustro para que Jenney levantara, con el edificio de la Home Insurance Co. (1885; demolido en 1931), el primer rascacielos de los Estados Unidos, basado en un sistema mixto de vigas de acero cargadas sobre arcos de fundición empotrados en los muros.

El segundo rascacielos, el Tacoma (1888), se alzó igualmente en Chicago, con planos de William Holabird y Martin Roche, quienes perfeccionaron las ideas de Jenney: tenía doce pisos, dos más que el de la Home Insurance; la altura normal de la época era de ocho pisos.

A estos dos inmuebles se suman el Monadnock, 1892, de Daniel Burnham y John Root; el Reliance, 1895, de Charles Atwood; y el Auditorio, 1889, la Bolsa de Valores, 1894, y las Grandes Tiendas Carson, Pirie, Scout, 1904, de Louis Henry Sullivan. Se trata de los integrantes de la «Escuela de Chicago», fundadores de la arquitectura moderna de los Estados Unidos, cuya figura descollante es Sullivan, quien tuvo como asistente a Frank Lloyd Wright (1867-1959), uno de los grandes maestros contemporáneos.

La más célebre de las residencias diseñadas por Wright en su primera etapa, la Casa Robie, 1909, está en Chicago. Otro nombre esencial de la arquitectura moderna, el alemán Ludwig Mies van der Rohe, otorgó a Chicago señales de su genio, entre ellas, los edificios del Instituto de Tecnología de Illinois, 1942-56, y los de departamentos Promotorio, 1946, Lake Shore Drive, 1952, y Commonwealth Promenade, 1956.

Rascacielos

Mientras tanto, la segunda generación de rascacielos - inaugurada con el edificio Woolworth de Nueva York, diseñado por Cass Gilbert, el más alto del mundo entre 1913 y 1930 -, aparecía en Chicago con la sede del diario «The Chicago Tribune», 1925, cuyo certamen había ganado Raymond Hood contra un proyecto más avanzado del finlandés Eliel Saarinen, defendido ardorosamente por el entonces olvidado Sullivan.

Hacia la década de 1930, Chicago inició un raudo crecimiento edilicio que nunca ha cesado y que ha modificado hondamente su paisaje urbano.

En los años 50, el estudio fundado en 1935 por Louis Skidmore, Nathaniel Owings y John Merrill -quienes habían tenido a su cargo el plan maestro de la Exposición Internacional de Chicago de 1933- volvieron a la ciudad para erigir la sede de la Inland Steel, 1954, y dieron comienzo a un aporte que incluye el Centro Cívico, 1965, el Centro Hancock, 1969, y la espectacular Torre Sears, 1974, de 443 metros de altura. Otras notables contribuciones del Estudio Skidmore, Owings y Merrill son el Centro Onterie, 1986, la Torre de la NBC, 1989, y la ondulada sede de la empresa Speigel, 1992.

El estudio creado en 1883 por Holabird y Roche, diseñadores del Tacoma, fue sucedido, en 1928, por el de John Holabird y John Root, hijo de uno de los proyectistas del Monadnock, a quienes se deben algunos edificios-hitos de Chicago, como el Chicago Daily News, 1929, el Palmolive, la Junta de Comercio 1930, y el rascacielos de la Avenida Michigan 333.

A la muerte de sus fundadores, el Estudio Holabird y Root continuó en funciones, y ha dado a Chicago obras tan valiosas como los anexos de la Escuela de Derecho de la Universidad de Northwestern, 1984, y de la Sociedad de Historia, 1988, y el pequeño y delicado Centro Kersten, 1985.

El estudio de Eugene Kohn, William Pedersen y Sheldon Fox -uno de los más célebres de Estados Unidos entre los de reciente data, diseñadores del edificio de Telecom en nuestro Puerto Madero-, impuso su calidad en Chicago con obras tales como la facetada torre de South Wacker Drive, 1990, y el espléndido edificio de West Wacker Drive, 1983), cuyo frente curvo de cristal se asoma, como un espejo, al Río Chicago.

La ciudad ha sido también propicia a Helmut Jahn, según lo demuestran el Centro Thompson, 1985, el Northwest Atrium Center, 1987, con su fachada en cascada, y la Terminal de United Airlines en el Aeropuerto Internacional OHare.

Famosos arquitectos extranjeros han ayudado a realizar la ciudad; entre ellos, los japoneses Kenzo Tange, sede de la Asociación Médica Norteamericana y Kisho Kurokawa, Club Atlético, sito en el Centro Illinois, un diseño de Mies van der Rohe; el alemán Josef Kleihues, Museo de Arte Contemporáneo y el español Ricardo Bofill, torre de oficinas Donnelley. Y una última mención para nuestro compatriota César Pelli por su impecable torre de oficinas del 181 West Madison Street.

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