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Christian Boltanski: “Estoy por un arte sentimental”
Una de las instalaciones que remiten directamente a los horrores del nazismo del artista francés Christian Boltanski, de visita en el país invitado por el Museo de la Universidad de Tres de Febrero.
Boltanski nació en el día que París fue liberada. De allí su segundo nombre, Liberté, nombre que le dio su padre quien estuvo escondido en el sótano de su casa durante los cuatro años de la ocupación nazi.
Fotógrafo, escultor, cineasta, un autodidacta que entre 1969 y 1971 comenzó a reconstruir su infancia a partir de fotografías, en general, de niños anónimos, borrosas que desaparecieron durante la Segunda Guerra Mundial.
Entre sus obras, «Monumento a Odessa» (1990) , una instalación de fotografías, latas de galletitas como las que los niños usaban para guardar tesoros secretos, luces con los cables a la vista y su nombre, monumento, alude una suerte de altar para mantener viva la memoria de toda una generación perdida. Concepto que el artista reiteró durante su charla, además de afirmar «quiero despertar emoción, quizás suene pasado de moda, pero estoy por un arte sentimental».
Una obra muy conmovedora fue «Reserve» de 1989. Cubrió el piso de la galería con media tonelada de ropas sobre las que el visitante caminaba, desordenándolas. El contacto físico con ellas despierta recuerdos y emociones.
«La función del artista -dice Boltanski-, no es transmitir noticias o información sino hacer preguntas, proponer problemas o situaciones. Ante las ropas, se pregunta: ¿Quién las usó? Como eran pequeñas se supone que eran de niños, ¿Qué clase de niños? Pobres ¿Dónde? En Europa. ¿Cuándo? En los 40. Por su olor rancio ya han pasado décadas. Las preguntas no escapan a la tragedia humana en los campos de concentración».
En esta misma instalación realizada posteriormente, una grúa levantaba las ropas y las soltaba. En el fondo se escuchaban sonidos correspondientes a los latidos del corazón. de los que se han registrado 40.000 en proyectos con esta idea realizados en diferentes partes del mundo y que forman parte de su archivo personal, una colección que se encuentra en la deshabitada isla de Teshima,Japón.
A los 66 años, Boltanski lleva realizada una obra que tiene que ver con la fragilidad de la vida, la pérdida, la muerte y la supervivencia, con el Holocausto cuyos antecedentes se remontan a 150 a.C.. un recordatorio de la aflicción del pueblo judío y su destino impuesto por Dios.
A pesar de sus raíces históricas y autobiográficas su obra también se refiere a la muerte en general, «a nuestra muerte». «Al comienzo de la vida de un artista hay un trauma y para mí el trauma era escuchar que todo era muy peligroso». En su obra la obsesión por la muerte, la identidad , la fragilidad de la memoria, son recurrentes, de allí que los seres que van desapareciendo se convierten en imágenes borrosas.
Conceptos para recordar: «lo que intento hacer es que la gente se olvide que es arte y piense que es vida» o «para dar esta impresión de vida me sirvo de medios artificiales del arte». «Trato de que el espectador se olvide que está en un museo o una galería. Lo que trato de hacer- reitera, es plantear preguntas, no a través de palabras sino de imágenes visuales». «Mis últimas obras son sobre el azar, me pregunto, ¿por qué estoy vivo y los demás muertos?».
No obstante los temas que nos cuesta aceptar, Boltanski hace su obra con esperanza, es optimista en el hecho de que en algunos años habrá otros artistas, hay que aceptar que uno va a morir, está dentro de la armonía del mundo.
Volviendo a la ropa, «alguien la va a usar, espera ser amada, una nueva vida comienza». Recordó una experiencia que realizó en el Louvre donde se pierden muchas cosas. Llamó a un arqueólogo y le pidió que los identificara como objetos del siglo XX o XXI. Algún día serán considerados bellos.
Este artista interesado en la pequeña memoria, en la memoria emocional, de aspecto bonachón, que ama la vida y sus placeres, de voz pequeña, dejó flotando en el auditorio una suerte de pensamiento místico.


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