11 de mayo 2009 - 00:00

Cielo e infierno del heavy metal

Ronnie James Dio, de Heaven and Hell, ícono del género que logra una especial comunicación con el público metalero.
Ronnie James Dio, de Heaven and Hell, ícono del género que logra una especial comunicación con el público metalero.
Actuación de Heaven and Hell. Ronnie James Dio (voz), Tony Iommi (guitarra), Geezer Butler (bajo), Vinny Apice (batería). Luna Park.

El ABC del heavy: esta es la mejor manera de describir el show que Heaven and Hell ofreció en el Luna Park. Unas ocho mil personas vestidas con homogénea remera negra presenciaron extasiadas esta especie de cátedra de rock dictada por dos leyendas vivientes, el guitarrista Tony Iommi y el cantante Ronnie James Dio.

Iommi, extraño caso de instrumentista virtuoso con dos dedos mutilados en la mano derecha, fue el violero que a comienzos de la década de 1970 definió el sonido del heavy metal con la banda pionera en la materia por excelencia, Black Sabbath. Dio fue el reemplazo de Ozzy Osbourne en Black Sabbath, y también el cantante de Rainbow, la banda formada por Ritchie Blackmore al abandonar Deep Purple.

Con su aspecto de personaje de película de terror, Dio es una especie de ícono del género que logra una especial comunicación con el público metalero, algo que ya se había notado en sus presentaciones previas en la Argentina -incluyendo sus shows solistas-, cosa que por supuesto se vio otra vez en este concierto.

Heaven and Hell no es otra cosa que una encarnacion de Black Sabbath, con el nombre cambiado debido a disputas legales con Ozzy Osbourne, y los ocho mil fans de que llenaban el estadio no dejaron de gritar el nombre de aquel grupo, y de Dio, que tiene toda una legión de seguidores en nuestro país. El show empezó con una puntualidad sorprendente, a las 21 y dos minutos, con una contundente versión de uno de los temas claves del primer disco de Sabbath con Dio, «Mob Rules», y no dejó de sacudir al público con su sonido imparable durante unos intensos 90 minutos de heavy del bueno.

La guitarra de Iommi exhibió riffs asrrasadores, demostrando su diferencia con otros cultores del género; sus solos nunca se deleitaron en el virtuosismo vacío, de esos que parecen interrumpir un buen tema con exhibicionismos gratuitos. Uno de los grandes momentos de la noche fue el largo tema que dio su nombre a la banda, con una gran performance del guitarrista y un Dio iluminado con focos rojos desde el piso, dandole un look digno de un film de zombies.

Estos viejos lobos metaleros no necesitaron otros efectos especiales que su música, y a pesar del sonido desparejo, que casi no dejaba escuchar el trabajo del bajista Geezer Butler, el público ovacionó cada rendición al Sabbath, aunque el grupo no tocó ninguno de los clásicos de sus primeros discos con Ozzy, lo que es una pena. Y casi ni pasada una hora y media, se fueron tan puntualmente como llegaron, como aclarando que más tiempo de tan fuerte heavy metal ya no sería diversión sino sobredosis.

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