3 de diciembre 2008 - 00:00

Cien tangos vistos de cerca

Cien tangos vistos de cerca
Oscar del Priore, Irene Amuchástegui «Cien tangos fundamentales» (Aguilar, Bs. As., 2008, 283 págs.)

Se atribuyen a Borges dos versiones de un chiste sobre la obra magna de Gabriel García Márquez, en uno ( según Roberto Alifano) dice: «Cien años de Soledad es una gran novela, aunque creo que tiene cincuenta años de más», en el otro: «Cien años de soledad, ¿no serán demasiados?». La cifras redondas suelen ser tentadoras, aunque inconcebibles por esencialmente inverosímiles. Esta antología de «Cien tangos fundamentales», que tuvo una primera edición hace una década, lleva a pensar que los tangos fundamentales podrían ser menos de cien, de hecho los compiladores agregaron milongas y canciones, o muchos más de cien, faltan por lo pronto los extraordinarios tangos de Eladia Blázquez, Héctor Negro, las canciones de María Elena Walsh y las milongas de Borges. Sin duda están, como lo señala Mariano Mores, «los grandes clásicos del género, tangos internacionalmente célebres pero, antes, grandes clásicos del silbido porteño que representan por siempre el alma y la esencia argentina».

Aclaran los autores, dos encumbrados especialistas, que el criterio elegido (tangos -y milongas- que cuentan con mayor cantidad de versiones) «hace correr con ventaja a los tangos viejos, con posibilidad de contar más grabaciones en tanto tiempo que tienen de vida».

Cada tango aquí historiado y comentado incluye, cuando la tiene, su letras o las diversas letras que ha tenido, además de los datos de sus autores y de la fecha de estreno, y los documentos gráficos correspondientes, como la imagen de la tapa partitura cuando aún existe. Los comentarios se entrecruzan, se vuelven un mosaico que concluye trazando algo así como un azaroso mural del espíritu porteño, rioplatense y, por momentos, argentino.

Los tangos tienen ecos entre ellos, formantramas insospechadas, además de las obvias radiografías sociales. En el primero de los tangos ofrecidos, «El entrerriano», de Rosendo Mendizábal, se cuenta que su autor tuvo que ocultar su apellido «para preservar su distinguida clientela de alumnas de piano, cuyas familias hubieran considerados inaceptable confiar a las niñas a un músicode tango» y 35 años más tarde la película «El alma del bandoneón» donde se cuenta la historia de «un compositor a quien injustamente se le cierran la puertas de los medios de difusión y adopta un seudónimo con el que se hace famoso» lleva a que Enrique Santos Discepolo escriba «Cambalache».

El tango ha construido un poética de enorme belleza, aunque por momentos redundante, gracias compositores extraordinarios. En esta selección están muchos de los versos inolvidables de Homero Manzi, Homero Expósito y Alfredo Le Pera, entre otros.

M.S.

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