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Ciro Zorzoli: “Hoy tiendo a descreer del teatro”
Zorzoli les reprocha a los teatristas argentinos «la dificultad para comunicarse, de verdad» con el público, y tampoco está de acuerdo «en cómo se actúan las obras de compromiso ideológico».
Periodista: ¿Cómo se relacionan estos dos trabajos?
Ciro Zorzoli: Se gestaron casi simultáneamente con la intención de generar un espacio de reflexión escénica sobre el trabajo del actor y el rol que juega el público para él. En «Exhibición...» son actores entrenándose en un gimnasio donde la consigna es poner en juego, entre otras cosas, la noción de verdad escénica, tanto para los que miran como para los que actúan. Fue un experimento muy difícil. Traté de que los actores no se desdoblaran entre el actuar y el sufrimiento que sienten cuando algo no marcha en escena. Y ahora se ha creado una red que les permite tomar todas estas limitaciones, ponerlas en crisis y convertirlas en materia dramática.
P.: ¿Qué sucede en «Estado de ira»?
C.Z.: La acción transcurre en una supuesta dependencia pública, donde un grupo de empleados se dedican a preparar actores y actrices de reemplazo para las obras que subirán a escena en los teatros municipales. En este caso puntual están entrenando a una actriz que va a ocupar el rol de Hedda Gabler que quedó vacante y que, además, es muy difícil de cubrir porque la protagonista anterior parece irremplazable. Es como tratar de sustituir a Glenn Close, por dar un ejemplo.
P.: ¿Qué papel juega la obra de Ibsen en este montaje?
C.Z.: Siempre me gustó «Hedda Gabler», pero ésta no es una versión sino una excusa dramatúrgica para abordar los problemas de la representación teatral. Todo gira alrededor de los intentos -fallidos o no- de montar una obra de Ibsen. Es importante que la gente no venga con la expectativa de ver una nueva versión de «Hedda Gabler» porque tal vez se van a sentir defraudados. Pero, por otro lado, me parece muy interesante que el rol de Hedda -una mujer que manipula a todo el mundo- se superponga con el de una actriz que se ve sometida a las manipulaciones de sus entrenadores.
P.: ¿Por qué será que «Hedda Gabler» fascina tanto a los directores experimentales?
C.Z.: La pieza tiene un espíritu muy actual, no está anclada en una época como «Casa de muñecas». Le doy un ejemplo, en la obra hay un personaje que le propone a Hedda, muy explícitamente, la idea de un triángulo amoroso. Y eso para finales del siglo XIX era casi inconcebible, sobre todo el modo en que lo plantea. Porque Brack no le propone un adulterio a Hedda sino un ménage à trois.
P.: Veo que sigue obsesionado en capturar algo de lo real y llevarlo al escenario.
C.Z.: Estamos en el siglo XXI no podemos seguir manejándonos con preconceptos de otra época. Todavía arrastramos un deber ser del hecho teatral. Pero todos caemos en eso, no es sólo una cuestión de los que hacen teatro comercial o teatro oficial. En el propio teatro alternativo falta experimentación porque también han desaparecido los espacios de búsqueda e investigación en la ciudad de Buenos Aires.
P.: ¿Qué le reprocha a los teatristas argentinos?
C.Z.: La dificultad para comunicarse, de verdad, con los demás. Ser receptivos no es parte de nuestra idiosincrasia. Al contrario, todo el tiempo estamos expresando nuestras emociones y siempre nos pensamos desde el yo sin registrar demasiado al otro. Eso hace que, en ocasiones, nos sorprenda tanto el desempeño de actores que no son de acá. Yo veo mucho cine y series televisivas y al día de hoy tiendo a descreer del teatro. Este renovado intento que hago con estas dos piezas tiene que ver con poder salir de la queja estéril, aunque sea para darme la cabeza contra la pared y asumir mis propios límites.
P.: ¿Y en términos de actuación que otros clichés le molestan?
C.Z.: No estoy de acuerdo en cómo se actúan las obras de compromiso ideológico. Muchas veces siento que el modo de interpretarlas va en contra de la posibilidad de generar algún tipo de empatía en el público con aquello que se intenta representar. Y uno, como espectador, va generando anticuerpos frente a ciertos modos de contar que ya no resultan efectivos. Para mí el desafío está en poder contar algo que llegue a un lugar del espectador donde todavía no hay ningún anticuerpo preparado.
Entrevista de Patricia Espinosa


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