19 de octubre 2012 - 00:00

Claves y señales (para entender)

• Alak 1-Cámara 0 para designar juez de ley de medios • El «per saltum», otra muestra de la excepcionalidad para gobernar en los últimos 20 años • La tradición romana del dictador y el tecnócrata de hoy • Y Macri, desde el jardín.

  • Si como se espera, antes del 7 de diciembre -fecha en la que se recuerda además el ataque de Japón a Pearl Harbor, que movió a los Estados Unidos a entrar en la Segunda Guerra Mundial- habrá ley de «per saltum», el país habrá ingresado en un nuevo capítulo de la excepcionalidad. El «per saltum», previsto como figura para resolver causas de gravedad institucional saltándose etapas procesales, se suma a las medidas de excepción con las que se gobernó en la Argentina de las últimas dos décadas. La ley de reforma del Estado de Roberto Dromi fue un primer paso a las medidas excepcionales o de emergencia de la era menemista, a las que se sumaron sucesivas cesiones de facultades del Congreso al Poder Ejecutivo, más allá de la tradición de la legislación delegada que se hunde en el pasado más remoto. La cadena de crisis que debilitó a las administraciones siguientes agregó más «superpoderes» -mancia en la que fue feraz el ingenio de Domingo Cavallo- en los gobiernos de Eduardo Duhalde y los de la era Kirchner. No es sólo una pulsión autoritaria que posterga a los cuerpos legislativos como incapaces de enfrentar las emergencias. Es también una forma pampa de asumir que en el mundo de hoy sólo se puede administrar desde la excepción y en el límite de la autoridad de los gobiernos. Las instituciones han sido desbordadas por la capacidad del público de tener información, de producirla y de intervenir en los procesos públicos por fuera de las instituciones, a las que además los ideólogos del populismo (Ernesto Laclau lo es del actual Gobierno) consideran conservadoras y contrarias por esencia al interés común. Inevitable comparar este imperio de la excepción con el cargo de «dictador» habitual en Roma, a quien el Senado le confiaba, frente a dificultades excepcionales, la suma del poder por encima de las leyes. Ese cargo técnico, una magistratura, alimentaba en el dictador la gana de quedarse y el nombre perdió prestigio. ¿Hay dictadores en el mundo de hoy que asumen en cargos institucionales para gobernar en la excepción, aquí y en el resto del mundo en crisis? ¿O acaso el ropaje del dictador lo asumen en las crisis contemporáneas los tecnócratas? Para pensar.

  • Respiró aliviado ayer el Gobierno por la aceptación por parte de la Cámara Comercial de modificar, aceptando el pedido de Julio Alak, el sistema de designación de jueces subrogantes y asignar el juzgado número 1, que debe fallar en algún momento sobre el amparo dictado acerca del artículo de desinversión de la ley de medios a pedido del monopolio Clarín. La oposición había castigado a Alak por su postura ante ese reclamo, por considerar que había ejercido una presión. Que la Cámara haya reconocido que el sistema anterior de designar subrogantes por una semana había sido erróneo, la expone ahora a reproches que vendrán en la próxima semana del Consejo de la Magistratura. Esta noticia de que el juzgado estará a cargo del magistrado Horacio Cecilio Alfonso se cruzó con el énfasis que le puso Ricardo Lorenzetti a su rechazo de presiones. El monopolio leyó rápido que esas presiones vendrían del Gobierno, pero el «justice» se ocupó de agregar que las presiones son «políticas y económicas», es decir de sectores privados. Eso explica la presunción generalizada ayer que el cambio en el sistema de designaciones de subrogantes lo emprendió la Cámara por una sugerencia informal de Lorenzetti. En el Congreso, juran además que el proyecto de ley de reglamentación del «per saltum» también pudo venir de una sugerencia del presidente de la Corte, por la vía negativa o la positiva. Es decir que ante una sugerencia de que la Corte se avocase a la causa medios sin reglamentación del «per saltum», reclamase el Congreso alguna señal. En pocas horas el bloque de Miguel Pichetto desenterró proyectos de antaño de Jorge Yoma y de Cristina de Kirchner para montar una escalera de plata hacia el tribunal. 

  • Por eso el énfasis del bloque kirchnerista del Senado en darle trámite exprés al proyecto del «per saltum». Si ese día cae el amparo y sobrevienen nuevos pedidos de medidas cautelares contra su aplicación, que suba a la Corte sin escalas pone al tribunal en la necesidad de fallar. Con sólo admitir el «per saltum» dará por caído el amparo que hoy rige. Que el trámite se concentre en la Corte impediría que actuasen otros juzgados ante los cuales el monopolio pediría nuevas medidas. Esta herramienta, que los gobiernos han usado en un caso límite como fue Aerolíneas bajo el Gobierno Menem, le sirve más al Gobierno para frenar otra andanada de cautelares y le brinda a la Corte la oportunidad de ratificar lo que hizo en su última acordada, que le puso plazo a la medida, que en este entuerto no hay amenazas a la libertad de expresión. Un escenario difícil para las partes al que contribuyen las señales cruzadas de la Justicia: por un lado cambia el modo de asignar subrogancias a pedido del Gobierno, por el otro le da a la Cámara la potestad de decidir qué juez irá -frente a las pretensiones del Gobierno de hacer avanzar la designación de la abogada rionegrina María Lorena Gagliardi, intercesión presunta de la Corte para que haya reglamentación del «per saltum», denuncia de presiones. Enredos difíciles de entender y que terminan siendo enigmas para expertos.

  • En semanas de turbulencias -la última es el cautiverio de la fragata Libertad en Ghana, que ocupa hoy junto a la ley de medios el tipo de preocupaciones de la Presidente- el Gobierno también festeja que logró imponer el issue en una agenda política que en la primera mitad de año se le había complicado con los controles al dólar y protestas como el cacerolazo del mes pasado. Concentra en ese asunto todas las energías y arrastra a la oposición a tomar partido en favor de los medios críticos a la norma, por más que sea un tema circunscripto más a una pelea empresaria que a una disputa de contenido político. La insistencia en el 7D como fecha del choque de los planetas alimenta la expectativa del público que sigue la política. Como nadie dice, ni del lado del Gobierno ni del monopolio, qué pasará -ni el qué ni el cómo, salvo «que se aplicará la ley» (Sabbatella)- esa jornada tendrá en vilo creciente la atención amortiguando otras desventuras. Tampoco nadie, de ninguna de las dos partes, apuesta a un triunfo cierto en ese día. La causa por el amparo al art. 161 no está en juzgado que tendrá a su cargo ahora Alfonso; permanece en Cámara y allí puede seguir mucho más tiempo. El juez Alfonso tiene una consideración profesional y moderada y pocos apuestan a que antes del 7D logre tener la causa en sus manos y, menos, fallar sobre la cuestión de fondo. Hacerlo sería una proeza profesional que pocos creen cumpla un magistrado experimentado, pero en un tribunal del cual está como subrogante. Se jugará la carrera en ese gesto. 

  • Si las señales son oscuras, aunque clarificables, en este tema, lo son más cuando hay que aportar claves sobre la política agónica, la que se define como la lucha por la obtención, conservación y pérdida del poder (del otro). Las estrategias partidarias están sumergidas en la clandestinidad en el oficialismo y en la oposición. Todas las decisiones formales han sido postergadas hasta marzo. El PJ nacional y el de provincia de Buenos Aires siguen con las luces bajas y no se moverán papeles hasta esa fecha. «El partido no forma parte hoy de la estrategia presidencial», fue el dictamen ayer de uno de los baqueanos de la Casa de Gobierno. Se entiende si se recuerda que Daniel Scioli preside el PJ nacional y, todavía, Hugo Moyano el de Buenos Aires. En formaciones opositoras, como el PRO de Mauricio Macri, el estado gaseoso del partido le pone más incertidumbre. El jefe porteño cree que es necesaria una interna entre candidatos en la Capital Federal como prueba de adultez. La movilización en una interna es un mito perenne en la Argentina de la lista única, pero igual Macri cree que debe hacerse aunque fomente inquinas en fieles de su militancia que deberían disputar candidaturas en las urnas. Por ejemplo, su jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta frente a Federico Pinedo; o ante Gabriela Michetti, si se resolviese que la dama ocupase el primer lugar en el ticket de Pinedo. Sólo así, entiende, podrían hoy vencerlo a Larreta.

  • Macri tiene, como Cristina de Kirchner en Olivos, su jardín de los senderos que se bifurcan. Los mira desde una larga mesa que ocupa algunos días de la semana en la casa de la escuela de jardineros del Jardín Botánico. Allí, lejos de miradas indiscretas por el follaje de ese parque espléndido, mira encuestas, recibe a amigos, periodistas, potenciales aliados, y se lamenta de que el tiempo no se detenga. Mira una encuesta «espontánea» que lo pone con 26 puntos a la cabeza como principal figura de la oposición; lo sigue Hermes Binner, con 19 puntos y muy por debajo, con 6 puntos Daniel Scioli. Una extravagancia ésta de los encuestadores de ponerlo a Scioli como opositor, descreídos de las verdades básicas del hombre de La Ñata, quien nunca ha pensado en salir del oficialismo kirchnerista, a cuyo ADN ha aportado de manera sustancial, por ejemplo con los votos para que gobierne en la Argentina y en Buenos Aires. Lamenta Macri el tiempo que perdió escuchando a gurúes que fantasearon con ese «salto» imposible. Con esos números la pelea de poder sería entre él y el kirchnerismo, pero ¿cuánto puede durar ese clima? ¿Y Binner? Depende de que gane la elección a diputados en Santa Fe; si le gana Miguel del Sel o Agustín Rossi, el socialista pasa al archivo. 


  • Confía más Macri en el armado radical-PRO-peronista que enlaza en Buenos Aires Jesús Carilino, Daniel Angelici y a Gustavo Posse. Cree que esa formación crecerá, pero necesita de un moño, es decir una candidatura competitiva y de alto conocimiento. Ideal sería repetir el fenómeno De Narváez de 2009, una mezcla de alto conocimiento (un 30% en aquellas fechas), marea a favor y algo de «alica, alicate». Traer algo de eso es responsabilidad del operador sobre el terreno, Emilio Monzó, quien trabaja a resultado y se juega el tipo en un buen final. Esa tira es difícil de resolver porque Macri tiene dos precandidatos para llevar al Congreso el año que viene: Martín Redrado y Carlos Melconian. ¿Admitirán, aunque fueran el cartel francés, estar en la misma foto que el «Colorado»?.
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