23 de noviembre 2012 - 16:00

Claves y señales (para entender)

Augusto Vandor
Augusto Vandor
Alak a Lorenzetti: «Sabemos que hubo una presentación de Clarín». Respuesta: «Me enteré, pero no la he visto». - Le costó al Gobierno tener una copia. - Picardía: Cristina no promulgó nunca la ley del «per saltum». - Por eso Clarín no pudo usar ese recurso. - Macri a Alfonsín: «Los radicales son mayores de edad». - Se encendió la luz en tierra santa del sciolismo: la historia revive en el Abasto.

Parecía, hasta las últimas 24 horas, que el entuerto mayor sería el paro de aparato del martes, que fue más una exhibición de armas que una jornada de protagonismo de la muchedumbre, ese sujeto que la neosociología del populismo busca halagar para justificar su agresión al principio de que el pueblo no gobierna sino por sus representantes. Pero el fallo del juez Griesa -cuya saga se cuenta en otras páginas de este diario porque escapa a la mirada escrita de la política, actividad que se define como la lucha por lograr, mantener y no perder el poder- les dio un giro a las expectativas hasta cubrir el cielo. Se conoció ayer a la madrugada, cuando toda la clase política se afanaba por tener detalles de la otra jugada fuerte de la semana, esa especie de «per saltum» que presentó el miércoles a la mañana el grupo Clarín para que le amparen por más tiempo la cláusula de desinversión. Con estos dos cañonazos, el paro pasó al olvido y ya parece -tapado por Griesa y el «per saltum»- que ocurrió hace diez años, si se omite ese matorral de declaraciones sobre si Moyano es Vandor, si Vandor fue malo o bueno, y por silogismo de movilero, si fue bueno o malo que lo asesinaran, un entretenimiento radial.

Esas dos noticias aplanaron las agendas de los funcionarios, que se movilizaron para enterarse de qué se trataba en una saga que conviene relatar porque revela cómo se despachan estos conflictos en la cúpula del poder. Imaginaríase que los protagonistas cuentan con todos los elementos para tomar las decisiones, pero el «paper work» es, como en este caso, más que modesto, pedestre y, se diría, tercermundista. Hasta anoche nadie tenía conocimiento formal de la presentación del monopolio porque la Corte recibió el escrito y lo guardó hasta nuevo aviso. El mismo día de la presentación, Julio Alak visitó a Ricardo Lorenzetti en el despacho de éste en el 4° piso del palacio de Tribunales en una cita prevista para charlar detalles de la reforma al Código Civil y Comercial. Al entrar, el ministro de Justicia le dijo al jefe de la Corte: «Sabemos que hubo una presentación de Clarín». El «justice» le respondió: «Me enteré, pero no la he visto». Lorenzetti derivó la conversación a los temas de la reunión -que se contarán abajo- y ayer ya se había ido de viaje a dar una conferencia. Hasta la mañana de ayer, el Gobierno no pudo contar con una copia de la presentación del monopolio porque las oficinas de la Corte sólo le darán traslado al Gobierno cuando oficialicen la presentación y comiencen a discutir si aceptan el «per saltum», lo rechazan o, como presumen algunos, lo pisen sin tiempo, una forma de aumentar el poder que tiene el tribunal sobre los demás poderes. El Gobierno consiguió ese escrito en la Cámara Civil y Comercial, donde los abogados del grupo habían dejado una copia para que se enterasen de su contenido porque habla de ellos, de lo que hacen y no hacen. Con esa copia, funcionarios del Ministerio de Justicia, de la Procuración del Tesoro y del Consejo de la Magistratura le prepararon una minuta que pudo leer Cristina de Kirchner. No le pasaron todo el escrito, que le hubiera interesado a la Presidente que, después de todo, es abogada. «Es un choclo de 37 páginas, basta con una síntesis. De la lectura de esa minuta salió el libreto de Olivos que interpretaron los funcionarios y legisladores que opinaron ayer en rechazo de su contenido.

Ahora esperan que le den traslado para formalizar la posición que expondrá a la Corte si el tribunal abre el juego. No sorprendió la movida, que adelantó este diario cuando se discutía la norma en el Congreso y se informó sobre la posibilidad de que el arma del «per saltum» la usase no quien la propuso, sino quien estaba señalado como víctima del instrumento. Eso molestó y lo revela la confesión del ministro, cuando dice que el monopolio movilizó a la oposición en rechazo del proyecto y ahora lo usa en su favor. Esto entraría en la doctrina de los actos propios que los abogados traducen con una frase sucia, que no se consignará aquí por decoro (eufemísticamente: «nadie puede argumentar su propia torpeza»). Pese a esto, el Gobierno, que pidió el «per saltum» de manera preventiva para resguardarse de un fallo en Cámara en favor del monopolio, también hizo su picardía, y preventiva: no promulgó la ley de «per saltum» y tampoco lo hará. Dejará que quede promulgada de hecho el próximo 29 de noviembre, cuando venzan los diez días hábiles desde su sanción la semana pasada. Esta sección informó el viernes anterior que el jueves a la tarde Cristina de Kirchner y Alak habían firmado el decreto de promulgación y que el texto se publicaría en el Boletín Oficial el pasado 16. Eso no ocurrió. Se suspendió el envío para no lubricar una vía que podía usar el adversario. Por eso, el pedido de avocación en la causa no pudo usar el «per saltum» reglamentado en una «key» que regirá desde la semana que viene. (Dicho esto con las prevenciones del caso; un giro táctico puede hacer aparecer la promulgación, pero hasta anoche estaba decidido el Gobierno en no hacerlo).

Más jugoso que los comentarios de los funcionarios es el juicio que los abogados del Ministerio de Justicia y de la Jefatura de Gabinete le hicieron a la Presidente en la minuta. Según esa opinión, el escrito del monopolio puede tener más fuerza por la firma de sus patrocinantes que por su contenido. Entre hombres de ley se dice que un escrito ante la Corte se valora por su procedencia -sus argumentos, etc.-, pero también por quien lo firma, porque hay abogados que tienen predicamento ante los «justices» y otros, no. De ahí la cotización de la firma de las estrellas del caso federal. Por el contenido, el escrito les parece vulnerable ante las argumentaciones que puede oponer el Gobierno si el caso se discute en la Corte -algo que está bien lejos de estar decidido-. En ese comentario se observa que el escrito mezcla cuestiones de superintendencia, de jurisdicción y críticas a camaristas comerciales, con lo cual pierde fuerza argumental. En cuanto a superintendencia, pide que el caso medios sea tratado por jueces de la Cámara Civil y Comercial, y no por subrogantes del fuero Contencioso Administrativo. Toca un reclamo que le hizo el Gobierno a la Corte, pero que el tribunal respondió que esas facultades de superintendencia las había delegado en la propia Cámara. En cuanto a jurisdicción, pide la prolongación del amparo hasta que se integre la Cámara, una forma de reclamar de hecho que la suspensión de la obligación que impone el artículo 161° de la ley de medios a los grupos concentrados continúe en el tiempo. En este punto los reproches coinciden, porque las dos partes se atribuyen la intención de que no haya sentencia en el tema de fondo ni en el amparo, y que el 7 de diciembre -fecha que perdió peso como hito político- rigiera lo que dijo la Corte sobre que no puede haber amparos infinitos en el tiempo. En cuanto a los camaristas, el escrito los trata de «timoratos», con lo cual deriva la cuestión a consideraciones subjetivas que también le hacen perder fuerza a la argumentación.

Un apunte sobre lo que pudieron hablar Alak y Lorenzetti sobre las reformas del Código Civil: la reunión se hizo en clima pacífico porque discutieron la minuta de propuestas que recogió el Congreso en las veinte audiencias que se hicieron con diversos sectores a lo largo del país. La vio ya Cristina de Kirchner y habilitó reformas a la letra original, especialmente al pedido de los bancos de que en tres artículos del proyecto quede reforzada la incumplida doctrina duhaldista de que quien puso dólares reciba dólares. Aunque eso estaba supuesto en su artículo principal -el 1390-, se avanzará en una nueva letra de tres artículos más, en los que quedará aclarado que en préstamos, descuentos y créditos se hable expresamente de «la moneda de la misma especie conforme lo pactado» (arts. 1408, 1409 y 1410). Los expertos saben de qué se habla.

Este follaje en la superficie -espeso porque puede cambiar la agenda de fin de año- ocultó movimientos en la oposición y en el oficialismo, que avanzan en construcción de futuro para quienes quieren ser los dueños del futuro. Ya se conoce -lo adelantó Roberto García por TV- la noticia del encuentro entre Mauricio Macri y Ricardo Alfonsín, pero no se saben los detalles que vamos a contar. Primero, y más importante, quién pidió la reunión y quién la contó. La solicitó Macri para saber en qué andaba Ricardo y medir en qué se entienden y en qué no. La contó Alfonsín, según sus laderos de la UCR, para ser el dueño del relato y hace hacer lo mismo que su padre cuando se enteró de que radicales y menemistas andaban en algo en 1993, que terminaría en el Pacto de Olivos. Ahora Ricardo, que sabe de entendimientos entre macristas y radicales, quiso no quedarse afuera y, en una de esas, apoderarse de algún pacto. Después de todo, fue aliado en 2011 de Francisco de Narváez, una especie de Macri de cabotaje que camina en el mismo rumbo que el jefe porteño. La reunión se hizo el jueves pasado, antes de que Macri viajase a Catamarca. Fue en las oficinas de la calle Santa Fe -5°piso, las que usaba Raúl-, y estuvo como único testigo el exdiputado y representante de la UCR en el AFSCA, Marcelo Stubrin. Del balance que realicen los dos sale el sentido de la cita: no parece el punto de partida de algo que puedan hacer juntos, sino un marcado de cancha de diferencias. Criticaron al Gobierno por su intento de hacer avanzar una reforma con reelección; prometieron estar juntos en eso en cualquier escenario. Algo importante porque un sector del peronismo difunde la idea de que un sector del radicalismo va a entrar en el proyecto de reelección porque se aseguraría, como Alfonsín con Duhalde, un solo mandato más de Cristina de Kirchner (Alfonsín decía que prefería diez años de Menem que seis de Duhalde). La UCR, según esa leyenda, no tiene candidato competitivo para 2015 y podría esperar a tenerlo en el turno siguiente. Demasiada imaginación y espuma (sí, de exceso de cerveza también). También prometieron estar juntos en la defensa de la libertad de expresión, es decir, en la pelea Gobierno-Clarín. La disidencia vino cuando Alfonsín se quejó de que Macri se dedica a construir «cooptando» radicales (no sólo los coopta, también gobierna con ellos, como con el ala que se referencia en Hernán Lombardi, exministro de Fernando de la Rúa y que puede ser el sucesor de Macri en el Gobierno porteño). Macri, cuando quiere ser frío, es helado. Le respondió: «Por favor, ya son mayores de edad». Ahí quedó todo.

También subrepticio, y mezclado entre las ramas de Griesa, el monopolio y el paro, se produjo otro hecho que también prepara futuro. Se volvió a encender la luz en un local de esa tierra santa que es el barrio porteño del Abasto para el sciolismo. Fue en Zelaya y Anchorena el miércoles a la noche, antes de Griesa y después del «per saltum». Un grupo de sciolistas de paladar negro -Gustavo Marangoni, Nicolás Scioli, Guido Lorenzino, Martín Ferré, el pastor Enrique Moltoni, Carlos Gianella, la prima Lucía Mafrand- se reunió con el disfraz de «los cuerpos técnicos» para soltar la salamandra en el distrito que, después de todo, es de Daniel Scioli. El día que se conoció que iba a ser el vicepresidente de Néstor Kirchner -un domingo-, era candidato a una elección en el PJ como postulante a la jefatura porteña. Esa luz, prometen, no se apaga más y seguirán las reuniones allí, ahora a cargo del neosciolista Jorge Telerman, que promete aportar esa mezcla de afrancesamiento y morral con el que prosperó como funcionario del ibarrismo que fue alguna vez.

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