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Coinciden documentales sobre dos vidas ejemplares
"Salud rural" (Argentina, 2014). Guión y dir.: D. Doria. Documental.
Coinciden en estrenarse dos notables documentales de muy distinto estilo pero igual intención: brindar testimonio sobre dos personas fuera de lo común, de esas que además merecen el reconocimiento de sus connacionales, pero son casi desconocidas fuera de su ambiente.
"Grete, la mirada oblicua" nos cuenta la vida de Grete Stern, fotógrafa alemana que se enamoró de un argentino y años después, ya separada, se nacionalizó por amor a la Argentina. Estudió en la Bauhaus, conoció mundo, aportó al ambiente artístico y literario de su época, retrató figuras notables y rincones porteños en precioso blanco y negro, ilustró con fascinantes collages surreales las notas donde dos especialistas (unidos bajo seudónimo) explicaban los sueños de sus lectoras en la revista "Idilio", y anduvo todo el Chaco haciendo el relevamiento de rostros y artesanías indígenas, y enseñando el valor de su profesión.
La película registra lugares, trabajos, cámaras usadas a lo largo del tiempo, explicaciones de sus colegas Sara Facio, Alicia Segal, Marcos Zimmermann, los especialistas Luis Priamo y Paula Bertúa, Roxana Marcoci, senior curator del MoMA de Nueva York, Marcelo Gustin, del Fogón de los Arrieros, y los propios nativos que, ya grandes, se reconocen en las fotos y estiman su posible uso como evidencia para el reclamo de tierras ancestralmente habitadas. Parece mentira que todo esto haya entrado en sólo 65 minutos, pero la experta Matilde Michanié y su codirector Pablo Zubizarreta tienen maña de sobra.
"Salud rural", de Darío Doria, se toma más tiempo, pero es lógico, porque vemos a un médico que se toma el tiempo debido para escuchar a sus pacientes, de veras asistirlos, y no sólo darles rápido una receta, una orden, un empujoncito y que pase el que sigue. Arturo Serrano, se llama el doctor que desde hace 30 años recorre las afueras y también el hospital de un pequeño pueblo agrícola. La cámara lo descubre con su maletín por un camino en mal estado, lo sigue en sus consultas, capta la piel rugosa de la gente del lugar, sus problemas y confesiones, la inquietud de los allegados, que él atiende con bondadosa paciencia, como si en todos los casos fuera un viejo amigo, un buen vecino. Que lo es. Y también es un ejemplo de médico "de los de antes". Y eso es todo, y es mucho.
La película se muestra tan respetuosa y observadora como el médico. Provoca admiración por ese hombre, y algo de nostalgia. Contribuye a esto último el uso de una linda fotografía en blanco y negro, que hace todo más evocativo (además nos evita el riesgo de tener una fea impresión en el quirófano). Datos al margen: el pueblo es Santo Domingo, departamento Las Colonias, de Santa Fe. No lo dice, pero el doctor Serrano ha sido fundador y presidente de las asociaciones provincial y nacional de Medicina General, y docente universitario. Y (esto lo dice el director) la inspiración del blanco y negro nace de un libro de John Berger con fotos de Jean Mohr, "Un hombre afortunado", precisamente sobre un médico rural inglés.
En suma, dos obras que valen la pena.


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