VERBITSKY, HORACIO. Página/12. Se gana el día el columnista-asesor del Gobierno, quien dedica su entrega a justificar todas las posiciones del Gobierno en el paquete anticrisis, al que juzga como una «respuesta sagaz»: el voto fue el necesario porque no hacía falta una mayoría especial, tampoco la ley de blanqueo exime a quienes la usen para repatriar capitales porque exige que los dineros hayan sido depositados en bancos vigilados por organismos antilavado. Más bizarra es la justificación que hace, en favor de un gobierno que dice regirse por unas convicciones que bueno sería explicase, de la caducidad que impone la nueva norma de los procesos judiciales. Verbitsky justifica la cláusula en que ya se hizo antes con varias moratorias y que «ésa es la cultura nacional, de la que la nueva ley no se aparta». ¿No era que el gobierno que defiende Verbitsky había venido a cambiarlo todo, o por lo menos lo malo? El resto del servicio explica el argumento que sostuvo Néstor Kirchner en el acto partidario en el Correo el martes pasado, cuando dijo que el campo con la 125 estaba mejor. Una forma de castigar al sector, y a Julio Cobos, es insistir en esta ironía y mantenerla en tiempo. Si con las normas contenidas en la 125 se beneficia al campo, ¿por qué el Gobierno no aplica en forma administrativa los valores de retención, que puede hacerlo, como si esa resolución rigiese? ¿No lo hace porque busca castigar al campo que le propinó una derrota política mayúscula? ¿Cuál es la otra razón del castigo si el propio gobierno dice que la 125 era buena y ya no dice que necesita los dineros de las retenciones móviles -claro, si se quedó con los aportes de las jubilaciones privadas-. Defender estas posiciones explica cómo se toman decisiones en el actual Gobierno: unos meses antes se defendió una norma, pero ahora no se la sostiene, pese a que dice es buena para el campo. Antes -hace menos de un año- defendió el sistema mixto de jubilaciones; ahora lo voltea. Antes defendió la tablita de Machinea -el propio Claudio Moroni desde la AFIP-; unos meses más tarde se la demoniza como perversa y se la deroga. A propósito de esta «tablita», Verbitsky critica la medida porque podría revertirse dinero que se recauda por el impuesto a los sueldos más altos a sectores más desposeídos. Mortifica al Gobierno al recoger un cálculo de Artemio López, encuestador que no es de la oposición, sobre un aumento en el último año de la pobreza extrema en el país. También recoge opiniones sobre temores a estallidos sociales en el segundo cordón del conurbano que han acercado al Gobierno varios intendentes.
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MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. En las antípodas de Verbitsky, el columnista se indigna con la ley que favorece la repatriación de los capitales al país. Según su opinión, es una tapadera para el blanqueo de capitales mal habidos. Impugna el doble voto de Eduardo Fellner y el sufragio en cuotas que inventó este legislador en el tratamiento del paquete anticrisis. Esta opinión resume el voto opositor en el Congreso, pero deja algunas lagunas; cuando dice que «la plata buena, la que se fue del país para defenderse de las extravagancias nacio-nales, no volverá», en realidad disuelve su propio argumento. Toda plata evadida es mala, según la AFIP. El Gobierno da una oportunidad -como han hecho otros países- de beatificar esos dineros e intenta volcarlos a la economía local. Esta opinión rechaza el mecanismo e intenta reforzar su posición agitando el fantasma del narcotráfico. Más cierto es que el dinero que se fue por desconfianza no volverá... por desconfianza. Más sólida es la crítica de Morales Solá a la inacción del Estado en materia de combate a las drogas, algo que ha convertido a la Argentina en el puente de abastecimiento de sustancias prohibidas para toda Europa.
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