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COMENTARIOS POLÍTICOS DEL FIN DE SEMANA
Néstor Kirchner
El mismo tiene que admitir que eso regía en muchas provincias, pero su interés es elogiar al ministro Carlos Tomada, a quien le atribuye la changa, y castigar al sindicalista de los rurales Gerónimo «Momo» Venegas, a quien le reprocha elogiar esta medida pero criticar a los Kirchner por lo bajo. La prueba que encuentra es su alineamiento con el duhaldismo, algo que considera Verbitsky una miserabilidad política.
Menos reproches le merece (y no debiera dejarlo pasar este cruzado de la revolución) el entusiasmo de la llamada patria contratista por el plan de obras públicas lanzado por el Gobierno. Admite que esas obras estaban ya anunciadas y algunas en marcha, como dijeron algunos críticos del Gobierno, pero igual se encanta porque la inversión pública creció del 0,7% al 3,1% del PBI desde 2002, como si fuera un mérito del gobierno Kirchner y no un efecto de la salida de la crisis de 2001/2. Da igual si se trata de echar mieles sobre Olivos.
Se entusiasma también con el argumento de la lucha de clases cuando imagina que desde la crisis del campo todos los sectores de la oposición y de las entidades patronales se han unido contra un Gobierno que, dice, se ha puesto del lado de los trabajadores. Por esto, esos dirigentes «alimentan el malhumor contra el primer gobierno que en medio siglo se atrevió a planificar la inversión con miras al bien común y no a la rentabilidad privada». Llamativo que este operador de tantas epopeyas advierta que el motor dialéctico de la historia sea el humor. Lo imaginó Umberto Eco cuando escribió «El nombre de la Rosa», novela que describe a unos curas oscurantistas que quieren destruir un libro imaginario de la Poética de Aristóteles en el cual teorizaría sobre la comedia y el humor como base de la condición intelectual. Dicho de otro modo, para Verbitsky si el Gobierno contratase a un grupo de humoristas le iría mejor. ¿No ha reparado este periodista que eso ya ocurre -a tenor de algunos funcionarios- y el humor no cambia?
En la imaginación kirchnerista, en efecto, se parte del principio de que elegir a un adversario en esas condiciones es ideal porque sindica al resto de la oposición en el eslabón más débil de la cadena. Una vez que están todos alienados, se dispara sobre ese eslabón débil (digamos, Cobos) y todo ese frente se cae.
Imagina Van der Kooy que Cobos puede dejar a finales de 2010 su cargo de vicepresidente para ser candidato en alguna aventura presidencial el año siguiente, consciente quizás de la flaqueza institucional que es su rol de opositor desde la fórmula presidencial. Una rareza argentina, pero del mismo rango que una Presidente que es candidata a suceder a su esposo en un sistema de unicato partidario y voto rehén. A tal Kirchner, tal Cobos.


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