MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. Las conmociones colectivas son resbaladizas para el análisis. La dimensión de hechos como la muerte de Raúl Alfonsín es una oportunidad para que los observadores caigan en espejismos que se evitarían con una mirada serena. Le ocurre al columnista de La Nación que, además, busca hacer vidas paralelas entre Alfonsín y Néstor Kirchner, de manera de exhibir las virtudes del primero como contracara de los defectos del segundo. Eso lo lleva a afirmar que Alfonsín creía en el sistema de partidos más que el ex presidente peronista, algo que debería probarse. En la última década, más allá del declaracionismo, Alfonsín avanzó mucho sobre el mito de la unidad de la UCR y los acuerdos de listas. El partido resistió mucho ese ánimo y logró mantener el sistema de internas aunque fuera simulado, como cuando decidió, de manera insólita para las tradiciones radicales, la postulación de Roberto Lavagna mediante una consulta entre dirigentes por e-mail. También es difícil de probar que Alfonsín buscase una Argentina mientras que Kirchner busca dos Argentinas. Esas metáforas pueden ser injustas con la realidad, como atribuirle a Kirchner ser más vengativo o vivir sumido en la irrealidad. No valen estas comparaciones aunque hoy Alfonsín sea lo más parecido a un modelo de conducta política -que el tiempo moderará seguramente-, algo que nadie, ni sus simpatizantes más rabiosos, le atribuyen. Más acertado es el reproche a Cristina de Kirchner por comparar la situación de las Malvinas con la de Palestina, un error de interpretación que borra los esfuerzos de construcción de una doctrina argentina sobre el conflicto de Medio Oriente y además un insulto gratuito a Israel. Un presidente no puede improvisar en estas cuestiones tan delicadas.
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VERBITSKY, HORACIO. Página/12. El columnista-asesor continuaba ayer la línea publicitaria del Gobierno sobre Alfonsín. A diferencia de lo que cree Morales Solá, no hay nadie más parecido a Kirchner que el fallecido ex presidente. La prueba es que se enfrentó durante su Gobierno con los mismos enemigos de los Kirchner, empezando por el campo. Según esta óptica, que no es más justa que la del periodista de La Nación, Alfonsín intentó ser tan transgresor y políticamente incorrecto como quieren serlo los Kirchner. Alfonsín capituló; los Kirchner todavía resisten. El resto de la columna es un repaso de prontuario contra el macrismo y el duhaldismo y sus armados espurios para incluir empresarios y productores agropecuarios en sus listas. Le cuesta hacer cirugía en ese examen porque de todo lo que critica en ellos participó también el kirchnerismo. ¿O al senador Roberto Urquía hay que facturárselo sólo a José Manuel de la Sota, cuando fue el senador predilecto de la actual presidente cuando compartían la Cámara y ella hasta intentó que fuera gobernador de Córdoba en lugar de Juan Schiaretti? Como se trata de dar una lección, se ceba el columnista en el sr. Jorge Srodek -un productor agropecuario-, a quien le atribuye las peores intenciones en su intento de iniciarse en la política de la mano de la alianza Macri-Solá-de Narváez.
VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Se enreda el columnista en especulaciones sobre el efecto Alfonsín en las elecciones. Concluye en que no sabe si es una música de acompañamiento o tendrá efecto en los resultados. También intenta comparar, sin mucha suerte, las personalidades de Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner, un ejercicio impertinente aunque lo pida la necesidad de redactar una nota de domingo. El resto es lectura -otro ejercicio resbaladizo- de encuestas. No hay mejor forma de equivocarse que hablar del futuro.
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