27 de diciembre 2010 - 00:00

Comentarios políticos

Ricardo Jaime
Ricardo Jaime
MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. Llama impotencia ante las convulsiones, el columnista, a la actitud del Gobierno frente a los conflictos sociales que, para él, prenuncian una revolución extraña que define de pobres contra pobres, sorprendido por esa situación. Mezcla el periodista su análisis con la reciente condena a Rafael Videla. Dice que el enfrentamiento entre tercerizados contra pasajeros o los vecinos contra los ocupas, es un combate nuevo y casi constante donde el Estado es una sombra cada vez más imperceptible. Cree que tal vez se deba al hecho de que Néstor Kirchner ya no está y que a jueces y policías les cuesta cada vez más imponer una noción, aunque sea efímera, de la autoridad estatal. Luego se hace una serie de preguntas sobre los hechos violentos de la semana pasada en la estación Constitución de la Capital Federal para volver a culpar al Gobierno y a los funcionarios que dice parecieron tan sorprendidos ante la borrasca de violencia como la gente de a pie. Agrega que los auténticos partidos de izquierda sienten ya un odio africano hacia el ambiguo kirchnerismo y sostiene que la novedad estuvo en la furiosa reacción de los pasajeros varados hasta derivar el tema en la investigación a Ricardo Jaime (responsable del transporte público durante gran parte del kirchnerismo). Es fácil explicarse por qué la corrupción es la razón de una pésima calidad de vida de los ciudadanos, concluye sobre ese punto.

El Gobierno se bamboleaba entre culpar a Eduardo Duhalde y Mauricio Macri, y acusar de una conspiración al Partido Obrero y al Movimiento Socialista de Trabajadores (MST), dice y asegura que el problema del oficialismo es que no acaba de construir la denuncia de una supuesta conspiración y ya está obligado a imaginar otra. Hay en el fondo, digan lo que digan, un profundo problema social en el país, una calidad de vida de bajísima intensidad para todos los argentinos y una inoperante gestión oficial para resolver cualquier problema, asevera el periodista y arremete con que el Gobierno carece de autoridad moral para deshacer los piquetes. Para el columnista, Hugo Moyano tiene más derecho en ese sentido que el Partido Obrero, al que curiosamente parece defender.

Cristina de Kirchner privilegia la disciplina prusiana mucho más que su marido, que entendía (aunque le costaba) que el peronismo nunca sería el peronismo sin algo de caos interno, sentencia el columnista.

Después acopla que el ex dictador Jorge Rafael Videla complicó a Ricardo Balbín y critica que se necesita no reconocer ningún límite de dignidad para exhibir el presunto testimonio de un hombre que murió hace casi 30 años y que, por lo tanto, no puede ejercer el derecho a su defensa.



VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Insólito enfoque titulado «El deterioro de la autoridad y del poder». El estado de violencia y caos social ya no se debe al irritante y confrontativo Néstor Kirchner sino a su ausencia en el universo político. Ahora parecería que Cristina de Kirchner, por falta de conducción, padece el brote de protestas sociales y ocupaciones de terrenos públicos que nunca hubiesen ocurrido con su esposo vivo, a quien el columnista ahora parece añorar como el principal pacificador de la Argentina.

Para colmo, el gabinete cristinista tiene otras prioridades. Héctor Timerman comenta los bloqueos sindicales, Amado Boudou hace campaña para la Jefatura de Gobierno porteña, y la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, acosada por la falta de billetes en los cajeros en plena víspera de Navidad.

Pero el principal problema, según el analista, es el desborde de la pobreza que, más allá de las cifras del INDEC, ya se hizo visible y tangible en todo el país. Eso explicaría las tomas de parques, las asambleas populares frente a algunos supermercados y un perturbador efecto dominó de incidentes sociales. En ese paisaje aflora Nilda Garré como la encargada de enfrentar a Mauricio Macri en la batalla política, con Aníbal Fernández subsistiendo «casi como un cadáver político», dice.

El jefe de Gabinete kirchnerista también sufrió la salida del procurador del Tesoro, Joaquín Da Rocha. Pero ese reemplazo no habría obedecido a una embestida contra Fernández sino más bien a un profundo malestar presidencial por la relación de su Gobierno con el Poder Judicial. En especial por dos fallos que limitaron la injerencia del Estado en Papel Prensa.

De cara al año electoral, una vez más, suenan versiones sobre cambios en el gabinete. Esta vez los elegidos serían integrantes de La Cámpora y de organizaciones de derechos humanos, dato que preocupa a barones del conurbano y a gobernadores del PJ.

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