3 de junio 2010 - 00:00

Cómo crear suspenso con una anécdota mínima

La notable Erica Rivas y uno de sus hijos en «Por tu culpa», film en el que la directora Anahí Berneri da muy bien en la tecla contando un pequeño drama hogareño con mucho nervio y buen suspenso.
La notable Erica Rivas y uno de sus hijos en «Por tu culpa», film en el que la directora Anahí Berneri da muy bien en la tecla contando un pequeño drama hogareño con mucho nervio y buen suspenso.
«Por tu culpa» (Argentina-Francia, 2010, habl. en español). Guión: A. Berneri, S. Wolf. Int.: E. Rivas, O. Núñez, M. Bianchi, Z. Galán, N. Galán, R. Viani, C. Portaluppi.

La directora Anahí Berneri ya se había probado en otros relatos («Un año sin amor», «Revelación»), pero da muy bien en la tecla con éste que aquí presenta, y que tan mal se estrena, casi sin difusión. La anécdota, según dice, se inspira en un hecho real que le contaron alguna vez. La intriga, los nervios, el suspenso, las dudas, y el dejo de indignación que pueda provocar desarrollando dicha anécdota, ya son mérito suyo, a medias compartido con la protagonista Erica Rivas, muy buena, el cámara y director de fotografía Willi Behnisch, Osmar Núñez como un médico jefe profesionalmente contenedor y falso, y la encargada de casting infantil María Laura Berch, que consiguió a los hermanitos Zenón y Nicasio Galán, que de galanes con su madre de ficción no tienen nada. Son terribles.

Lo que Berneri cuenta le puede pasar a cualquier madre joven sin autoridad. Tiene que dejar listo un trabajo, los chicos salvajean, el departamento es chico, desordenado, a la hora de dormir la mujer no logra imponerse, comete el error de querer negociar sin fuerzas ni habilidad, los otros están cada vez peor, ocurre un accidente, hay que salir corriendo sin la menor colaboración del más grande, y encima, cuando al fin surge un momento de calma y todo queda en manos de los médicos, éstos entran en sospecha. Hay hijos dañinos, realmente, y los de la generación playstation vienen todavía peores. ¿Y el padre? Ah, sí, el padre, una voz en el teléfono, que aparece recién para dictar sentencia. Si lo dejan, claro, porque esto fue un pequeño drama hogareño sin mayores consecuencias, pero algo parece que aprendió la mujer, al final de esa noche. Porque todo transcurre en una sola noche. Y la sensación de nervios, el suspenso, las dudas, y la intriga, todavía se mantienen cuando empieza levemente a clarear, y se acercan los créditos finales.

Otro acierto: nadie impone la frase del título. Pero la misma ronda en la cabeza de cada personaje, con distinto destinatario. Y seguramente a la salida la dirán también las espectadoras, cambiando apenas el posesivo, pero no el objetivo. Maridos, conviene ir prevenidos.

P.S.

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