En el sitio de internet Foco Económico se publicó un interesante análisis de la delicada situación que atraviesa el mercado cambiario local. Escrito por el economista Guido Sandleris, expresa la necesidad de que la tasa de interés en pesos sea mayor que la devaluación esperada por los agentes económicos. Pero introduce en el análisis la credibilidad que tiene el equipo económico y las medidas que se deberían adoptar, tendientes a restaurar la confianza en la plaza. Por último, resucita Sandleris la idea del desdoblamiento cambiario: “el Gobierno debería dar el paso de desdoblar, legalizando el ‘blue’ y transformándolo en un tipo de cambio financiero y de turismo con flotación libre”. A lo que apunta el economista es a perder en el corto plazo menos reservas del BCRA.
Habrá que mirar el cierre del dólar en los próximos días casi con tantos nervios como el sorteo del Mundial. El Gobierno, por impericia, se puso solito en esta situación. Los términos de intercambio de la Argentina son fenomenales, las tasas de interés internacionales llevan años en mínimos históricos. Y sin embargo, la inconsistencia de políticas económicas desembocó en una crisis cambiaria casi de manual.
¿Cómo evitar una nueva crisis cambiaria y un salto inflacionario? La clave es que el Gobierno limite fuertemente la expansión de la oferta de dinero presente y futura. Para que esto pueda cumplirse la política fiscal debe ser consistente con el nivel de deuda que el Gobierno pueda tomar en el mercado doméstico y, más adelante, externo. Restringir la tasa de crecimiento de la oferta de dinero y ofrecer una guía clara de que este accionar se sostendrá en el tiempo aumentará las tasas de interés en pesos y moderará las expectativas de devaluación (y las expectativas de inflación). Para entender la importancia de estos dos elementos en detener la incipiente corrida cambiaria, repasemos cómo decide un inversor si mantener activos en pesos o en dólares. La ecuación conocida como paridad descubierta de tasas de interés resume esta decisión: un inversor elegirá quedarse con activos en pesos si el retorno de ellos es mayor o igual que el retorno medido en pesos de los dólares. El retorno de tener dólares tiene dos componentes: la tasa de interés en dólares, que es cercana a cero para muchos, y la tasa de depreciación esperada del peso frente al dólar.
La devaluación del tipo de cambio oficial de la semana pasada buscó achicar la tasa de devaluación esperada, pero la ausencia de una guía clara acerca de cómo seguirá la política monetaria y cambiaria del Gobierno, afectó negativamente también a las expectativas. Con lo cual la situación no mejoró, sino que empeoró. Con una menor tasa de expansión de la oferta monetaria presente y futura, los activos en pesos se volverían más atractivos porque su retorno sería mayor y se moderarían las expectativas de devaluación (menor retorno a tener dólares). El tipo de cambio nominal de equilibrio y el "blue" caerían. Si los anuncios de virtud monetaria y ancla fiscal fueran creíbles, no habría mayor problema en dejar flotar el tipo de cambio ya que la suba de tasa de interés requerida no sería demasiado grande para estabilizar el mercado cambiario.
Sin embargo, el Gobierno tiene un serio problema de credibilidad, y es probable que anuncios de virtud monetaria sean recibidos con escepticismo (escaso efecto en expectativas). Si éste fuera el caso, la tasa de interés sola tendría que realizar todo el trabajo de frenar la corrida. Pensemos que si se espera una depreciación del peso del 5% el mes próximo, para que un inversor esté indiferente entre quedarse con los pesos o tener dólares debería recibir una tasa de interés en pesos del 5% mensual, que es equivalente a una tasa nominal anual capitalizada mensualmente de ¡casi el 80%! Liberar el mercado cambiario y evitar una devaluación con baja credibilidad requeriría una suba de la tasa de interés de una magnitud tal que congelaría la economía. Éste no parece un camino viable.
¿Cómo evitar entonces, teniendo poca credibilidad, una fuerte devaluación y un salto inflacionario sin congelar la economía por una fenomenal suba de tasas de interés? La virtud monetaria debe ir acompañada de acciones de política que vayan restableciendo la credibilidad. Por ejemplo, sería importante que el Gobierno pudiera negociar aumentos moderados de precios y salarios con empresarios y sindicatos, reduzca los subsidios al uso de energía y aproveche el aumento de la recaudación de impuestos al comercio exterior para reducir el rojo fiscal. En la transición al nuevo régimen de política económica deben mantenerse los controles de capitales. Esto evitará que se pierdan reservas y que una fuerte devaluación conspire contra el programa monetario generando presiones inflacionarias. Sin embargo, el formato actual del mercado cambiario requiere cambios porque genera más incertidumbre y problemas que certezas. El Gobierno debería dar el paso de desdoblar transitoriamente el tipo de cambio, legalizando el "blue" y transformándolo en un tipo de cambio financiero y de turismo con flotación libre. Al tipo de cambio oficial sólo irían las importaciones y exportaciones. Esto limitaría el drenaje de reservas en el corto plazo. Además, permitir que el tipo de cambio financiero y de turismo fluctúe libremente reinstalaría la costumbre de un tipo de cambio flexible en el país, pero sin el riesgo de generar presiones inflacionarias adicionales que conspirarían contra el programa monetario. Tomar todas estas medidas tiene un costo político para el Gobierno, pero el costo de no tomarlas es aún mayor.
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