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Cómo inventar un mercado tras el desastre en Haití
«En los primeros 25 días después de la tragedia, lo importante es la asistencia humanitaria, la respuesta alimentaria, la recuperación de los servicios. Pero a las dos semanas, ya hay que empezar a analizar el impacto de los daños para indagar cuál puede ser el sistema de manejo del desastre para el futuro. Hay que generar una reconstrucción».
La receta, «en términos generales», es del portavoz del Banco Mundial para América Latina y Caribe, Sergio Jellineck, quien ya advierte que la misión de reflotar Haití no es fácil ni a corto plazo. Pero los pasos están claros: «Lo primero es fortalecer al Gobierno haitiano porque es quien tiene que liderar la recuperación del país, venga de donde venga el dinero. Por primera vez en mucho tiempo, el año pasado, el Ejecutivo de Haití había empezado a generar un plan de desarrollo económico. Había una intención real de inversores extranjeros en esta zona y la económica haitiana, pese a la crisis global, creció un 2%».
Todos coinciden en que el terremoto llegó en el peor momento, como todas las desgracias, y la esperanza volvió a tornarse en desánimo, destruyendo el 15% de su Producto Bruto Interno (PBI) con el movimiento de tierras, en un país donde el 58% de la población vive con un dólar al día.
Sin embargo, la ayuda humanitaria no puede durar siempre. «Es muy importante poner en marcha programas de dinero a cambio de trabajo, para así involucrar a los mismos haitianos en la reconstrucción, además de para disminuir su dependencia de la entrega de ayuda», explicó Rebeca Grynspan, número dos de la agencia de desarrollo de la ONU.
De hecho, la ONU ya ha empezado a crear puestos de trabajo con la recogida de escombros, la limpieza de las calles o el arreglo de los servicios mínimos que podría llegar a 200.000 haitianos en un plazo mediano, con un sueldo de u$s 5 al día.
Estos programas de «dinero a cambio de trabajo» son el principio (devuelven liquidez en la sociedad y revitalizan el sector privado), pero los expertos insisten en que hay que diseñar un futuro.
Para el Banco Mundial, hay dos partes estratégicas que pueden echar una mano al país más pobre de Latinoamérica. «Hasta el terremoto se estaba invirtiendo en turismo, agricultura no tradicional, con frutas como el mango, y el textil. El plan de Bill Clinton, previo al terremoto, estaba viendo excelentes resultados».
Al final, es inevitable hablar de cifras. Aquí el Banco Mundial cuenta con experiencia y advierte que en otro desastre natural, como el tsunami de 2004, los distintos donantes crearon un fondo de 7.800 millones de dólares. Haití podría estar en números parecidos.


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