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Con buen nivel sigue el festival
Una escena del nuevo film de Ferzán Ozpetek, «Tengo algo que decirles», cuyo protagonista «sale del armario» y confiesa su homosexualidad.
De Italia, «Bésame de nuevo», continuación de la exitosa «Bésame mucho», y la nueva de Ferzán Ozpetek «Tengo algo que decirles», muy celebrada no sólo por gente que sale del placard. «Con comedias como éstas, en 2010 el cine italiano copó nada menos que el 46% del mercado interno», contó Roberto Stabile, secretario general de la entidad que nuclea las industrias cinematográficas y audiovisuales de su país, Anica. Poco necesitaron del Estado en esa temporada. Y nada necesita el cine hindú, según la actriz Kriti Malhotra. «Con 200 films anuales de música y danza siempre bien recibidos, Bollywood se financia solo». La película donde se luce con un monólogo, «Diarios de Mombai», no tiene danzas, pero igual allá anduvo bien y acá llenó la sala y fue bien aplaudida.
Aplausos también, pero sólo eso, viene recibiendo la argentina «Los labios». «Ya se vio en 40 países, consigue premios de jurados y públicos, empezando por el de mejor actriz en una paralela de Cannes, pero los distribuidores no se arriesgan, prefieren lo que va a funcionar, y no lo que podría funcionar», explica el productor Iván Eibuszyc. Por suerte costó apenas 2000 dólares, «y con el subsidio del Incaa cubrimos los gastos y pagamos a todo el mundo, inclusive a las familias que figuran entrevistadas». En cambio para «Caño dorado», de Eduardo Pinto, sobre un joven que se las rebusca fabricando escopetas tumberas, el productor Omar Jadur recuerda que «hasta que llegó el crédito del Incaa y plata de España se tardó mucho tiempo, y, bueno, salimos a vender caños». Lo dice en broma, por supuesto.
España ha lucido hasta ahora una elegante intriga de época, «Agnosia», donde una joven perturbada cae en manos de un científico que busca sacarle un secreto industrial, un buen lote de cortos de la escuela madrileña, y una exitosa comedia del debutante David Pinillos, precisamente surgido de esa escuela, «Bon appétit!». La película reúne un chef y una sommelier en Zurich, se define como «historia de amigos que se besan» y, amén de un parto en cuclillas, tiene un final muy aplaudido y bien creíble, distinto al de cualquier otra comedia romántica vista hasta ahora. «No quiero sonar presuntuoso, pero no es romántica al estilo Jennifer Aniston», dice Pinillos, que más bien parece un pino blanco, tan alto, flaco y pálido se lo ve. Ya ganó varios premios importantes, pero el comienzo fue bien difícil. «Si me hubieran dado un euro cada vez que un posible financista me devolvía la carpeta, hoy estaría forrado. Nadie quería invertir, y eso que no era una obra de autor. Un día celebramos la defunción del proyecto. Pero justo apareció la actriz Nora Tschirner, dijo que quería participar y eso atrajo a los productores alemanes y suizos».
«Más que española, yo digo que es una película europea. De niño me encantaba eso de ser parte de algo más grande. Además habla de un chaval de Bilbao que acaba viviendo en Europa, como tantos jóvenes calificados que emigran del país», explica. Por ahora, él sigue en España. Pero la película, se queda aquí, acaba de comprarla un distribuidor. También otra con pinos y demás coníferas, «Cerro Bayo», de Victoria Galardi con Inés Efrón, fue solicitada para su compra. Suena coherente, en un festival cuyos premios son pinos de oro y plata.


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