22 de abril 2016 - 00:00

Con la Corte en la mira

Cristina de Kirchner atacó directamente ayer la designación de Horacio Rosatti y de Carlos Rosenkrantz, propuestos por el Poder Ejecutivo para completar la Corte Suprema. Lo hizo frente a los 22 senadores que llevó al Instituto Patria.

El misionero Juan Irrazábal, a la salida de ese encuentro, sostuvo que la expresidente "dio su opinión negativa" por la "forma en que fueron designados originalmente" Rosatti y Rosenkrantz a través de dos Decretos de Necesidad y Urgencia firmados por Mauricio Macri antes de enviar los pliegos al Senado.

El mismo Irrazábal relató que Cristina de Kirchner "aclaró que no quiere influir en la decisión de los integrantes del bloque que deberán debatirlo puertas adentro".

Otra espada kirchnerista en el Senado, Anabel Fernández Sagasti, ratificó que Cristina de Kirchner habló del "pecado de origen" con el que "fueron concebidos los dos candidatos propuestos por el Gobierno" a la Corte.

Sin embargo, tanto Fernández Sagasti como Irrazábal refirieron la opinión de la expresidenta a favor de una ampliación del número de integrantes de la Corte, incorporando mujeres y legistas de todas las regiones del país, en consonancia con el proyecto de ley presentado ayer por el peronista puntano Adolfo Rodríguez Saá.

El tono de la reunión entre Cristina de Kirchner y los senadores fue variando de acuerdo al tema. Por ejemplo, fue dura con algunos de los presentes por considerarlos moderados. Cuando habló de los jueces de la Corte apareció un mensaje conciliador con la bancada, pero todos interpretaron que está dando la orden de no votar las candidaturas. Con eso, al mismo tiempo, sembró el germen de un testeo futuro sobre el control que puede tener en la bancada o el poder de producir una fractura (que ella misma dijo no buscar al recomendar mantener la unidad), que se verificará cuando Senado finalmente debate esos pliegos.

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