Con Poli sucesor, Bergoglio blinda la plaza porteña por 5 años

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• Bergoglio pone en el arzobispado que lo hizo Papa a su mejor discípulo.• Se asegura por 5 años la continuidad de su método: más que conservador, más que progresista.• Mario Poli es más cura que político.• De bajo perfil, esteriliza operaciones para atribuirle a Francisco que sigue actuando en Buenos Aires.• Y la oposición que se pregunta cada día cuánto moyanismo puede soportar.

  • Jorge Bergoglio dio el primer papazo que esperaban quienes creen que hará un pontificado revolucionario. A una semana de haber asumido como Francisco blindó el arzobispado que dejó en Buenos Aires por los próximos 5 años al nombrar a su discípulo más cercano, el obispo Mario Poli (tiene 65 años, puede quedarse hasta los 70, y más). La designación, que se oficializará en la mañana de hoy, sorprendió al Episcopado, algunos de cuyos integrantes se creían en la short list para reemplazarlo. No sorprendió, si se tiene en cuenta el perfil político de Bergoglio, que haya asegurado que su gestión en el arzobispado porteño tenga continuidad en las ideas y en los métodos. Poli es, como él, un ortodoxo en cuestiones de doctrinas y un progresista flexible en lo pastoral y social. Es un teólogo reputado, pero también tiene una licenciatura en Trabajo Social por la UBA (lo que antes se llamaba "asistente social", el mismo título que posee Alicia Kirchner). Ha sido la sombra de Bergoglio, con quien se formó y convivió años en el arzobispado de Buenos Aires en donde ejerció la vicaría de Flores, barrio en donde vivió el ahora Papa y en donde está la parroquia de San José en la que desempeñó funciones Bergoglio. Tiene diez años menos que el nuevo papa, bajo perfil y a diferencia de éste, es más cura que político. No se le conoce agenda política, es parco, serio, de pocas palabras, al menos hacia afuera. Hacia dentro se permite retozos de clerecía, como ayer cuando llamó a todos los sacerdotes de La Pampa para festejar la designación con un asado criollo en Santa Rosa.

  • En ese jolgorio -que suelen animar los sacerdotes con chistes mansos de seminario como aquel que relata la pregunta de una monjita al confesor sobre si el Niño Jesús mojaba los pañales y éste le contestó que sí, pero poquito- se diferenció del humor que ganó a algunas de las estrellas del Episcopado que podía pretender que Bergoglio negociaría ese cargo para gente que no fuera de su riñón. Pudo ser José María Arancedo, presidente del cuerpo, pero lo sindican como radical (es primo de Raúl Alfonsín) o Jorge Lozano, muy ligado a él, pero que no se formó junto al nuevo pontífice. La señal política es clara: que lo que sembró durante una década de ejercicio fuerte del obispado pero también de la política continúe sin apartarse un milímetro de su método, que mezcla el conservadorismo en temas religiosos y un progresismo que envidiarían las izquierdas, si existieran en la Argentina. Este fuerte mensaje a los hombres de la Iglesia criolla es también un dictamen disciplinario: no se ha dado tiempo para negociar con nadie, la voz del nuevo arzobispo se manifestará, por su estilo personal y pastoral, con sordina. Algo imprescindible porque todo lo que diga o haga en adelante Poli (en poco tiempo cardenal primado) será entendido como una manifestación del Vaticano. Es el principal riesgo que corre Bergoglio, ahora Francisco, después de ejercer su administración en la Capital Federal con una intensa agenda política que lo ha destacado como uno de los dirigentes sociales más importantes de la última década. Ayer hubo una muestra de ese riesgo cuando la CGT publicó la declaración "El mensaje del pescador" en donde señala, con la firma del evangélico Hugo Moyano que "la relación de este Papa con el mundo del trabajo, con los excluidos y con los desposeídos de la riqueza material, es anterior a que los micrófonos y las cámaras posaran su lente sobre él. Hemos compartido no sólo reuniones formales sino conceptos, contenidos y muy especialmente, el desafío de todos los tiempos, la distribución de la riqueza, la solidaridad concreta, el destino universal de los bienes para que ello se convierta en un hecho cotidiano y no la excepción a la regla". Esperable que el documento (ver nota aparte) remate con un dardo a Olivos. "Reiteramos al Gobierno nacional la necesidad de que los trabajadores organizados seamos actores principales en el tratamiento de los problemas del país".  

  • ¿Gustan estos movimientos en Roma? Es para dudar, como ha ocurrido con esa algarada chica que se produjo hace una semana en Buenos Aires, cuando aparecieron los afiches con la foto del nuevo papa y la leyenda "Francisco, argentino y peronista", una usurpación de consignas porque esa leyenda la ha usado siempre en sus campañas el intendente Jesús Carilino, hoy un llamador del macrismo y el peronismo disidente en Buenos Aires en pintadas que dicen "Carilino, peronista y argentino". También replica los afiches que todos los años recuerdan a José Ignacio Rucci con la misma leyenda "Rucci, argentino y peronista", pero en este caso no hay usurpación porque los afiches sobre el Papa los mandó a pegar la misma persona que hace los de Rucci, que no es Guillermo Moreno, como afirma la leyenda urbana, sino el dirigente peronista Osvaldo Agosto. Cada paso que da el papa Francisco entra, hasta nuevo aviso, en la agenda local, por eso sus amigos políticos más cercanos navegan sin luces hasta nuevo aviso para no dañar la relación. Estos movimientos iluminan también las especulaciones cambiantes sobre el viaje de Francisco a la Argentina. Este diario informó hace una semana que será en diciembre, para evitar que intercepte con sus actos -que serán masivos como cualquier visita papal- la campaña electoral. Se habló que irá también a Chile, pero tendrá que evitar igualmente ese país, que en dicho mes estará en plenas elecciones presidenciales. La fecha del 8 de diciembre, día de la Inmaculada, misterio cardinal de la doctrina católica, la adelantó este diario, pero para ese día el Papa tiene en su agenda una misa en Piazza Spagna, Roma, Italia, que está anotada en el cronograma canónico de los actos navideños y que ya está convocada. Hay que imaginar ahora que ese viaje puede ser en la última semana de noviembre, entre las elecciones del 27 de octubre y el día de la Inmaculada.

  • El pronunciamiento moyanista sobre el nuevo papa es parte de la singladura del camionero hacia un armado político que parece no tener frenos en el arco opositor. Llama a peronistas disidentes, a sindicalistas, a macristas. Desde que se despidió del Gobierno ha recibido a todos los opositores que han ido a su oficina de la calle Azopardo buscando no se sabe bien qué, si recursos que imaginan tiene el sindicalismo para hacer política, aprovecharse del crédito que tiene Moyano como opositor o que les cuente algo de lo que vio, hizo y escuchó cuando era uno de los principales socios del kirchnerismo gobernante. Sólo Elisa Carrió le ha puesto límite a esa corrida moyanista de la oposición cuando ha dicho: "A mí nadie me va a arrastrar a sacarme una foto con Moyano". En la frecuentación del camionero algunos de quienes se le han acercado temen incinerarse por la proximidad a un dirigente que no se aparta del método violento de defender sus intereses, como bloquear empresas para discutir encuadramientos gremiales, usando una metodología que sería explicable en una puja entre empresarios y trabajadores, pero no cuando se discuten padrones de representación. De a poco los políticos de la oposición van conociendo al camionero y se empiezan a preguntar cuánto moyanismo pueden soportar sus proyectos. No es una estrella de popularidad en las encuestas ni los gremios encabezan las listas de prestigio; tampoco ha dado explicaciones ni para su acercamiento extremo al kirchnerismo en 2003 (cuando había apoyado en las presidenciales de ese año a Adolfo Rodríguez Saá) ni para el divorcio que se produjo después de 2011. Roberto Lavagna, a diferencia de él, ha explicado las razones de su distanciamiento del kirchnerismo; eso le permitió ser el candidato de la UCR en 2007 y convertirse ahora en la niña bonita para cualquier lista opositora.

  • Esa explicación pendiente fuerza a poner la mirada en hechos y relaciones inconfesables, como las que se refieren a "cajas" y cargos que Néstor Kirchner le cedió y que ahora ha perdido con un estilo envidiable; "el Negro se la banca", dicen quienes lo miran con lupa y entiende que un gesto político cuesta plata y hay que pagarlo. Esta perspectiva es importante porque ahora se sabe que la salida del Gobierno la decidió Moyano y no al revés. Cristina de Kirchner, cuando comenzaron a enrarecerse las relaciones después de 2011, dijo varias veces a sus entornistas que creía que nunca iba a romper, que las ventajas que tenía en la relación con el oficialismo eran tan beneficiosas que privilegiaría los negocios. No ocurrió así, Moyano se despidió del Gobierno por razones que los mirones remiten a la antropología política. Unos creen que nunca un sindicalista acompaña a un Gobierno hasta el final, y que entendió el camionero que el término del segundo mandato de Cristina de Kirchner en 2015, sin reelección a la vista, era una invitación a buscar otra querencia. Otros, con más información, hablan de psicología política. Moyano, según esta doctrina -que aún no ha expuesto a sus amigos de la oposición- entendió que era el jefe de los trabajadores y que la mayoría de los argentinos, sino todos, son trabajadores. Eso lo convertía en un hombre al que los gobiernos debían consultarlo en todo. No sólo en cuestiones laborales. Eso dijo en público cuando pidió que en algún momento la presidencia de la Argentina debía ser para un trabajador. Cristina, junto a él, le replicó que ella trabajaba desde los 18 años. Hay anécdotas del área presidencial que ilustran esas pretensiones, como cuando Néstor Kirchner remataba discusiones sacando de su bolsillo un llavero, se lo ofrecía a Moyano y le decía: "¿Querés gobernar vos? Te dejo las llaves, hacete cargo vos". Esas leyendas lo ilustran con una ambición sin fin y lo refleja un hombre del Gobierno que dice guardar el papelito -la servilleta- con las 20 medidas que le pidió el camionero a Kirchner al asumir. Cuando se fue en 2007 del Gobierno, según ese testigo, le había cumplido a Moyano 19 de esos reclamos. El único pendiente era bajar el IVA a los alimentos de la canasta. Una última mirada hunde las explicaciones para el portazo en la psicología profunda de un Moyano hipermachista que se escandalizaba al tener que negociar con una mujer. "No puedo discutir con alguien que no se rasca las p...", se le atribuye haber dicho. Lo más seguro es que haya sido todo un inevitable caso de química política por el puro, simple y maldito poder. No pueden existir bajo el mismo techo dos pesados en política; el mismo método que los hizo llegar donde están los obliga a pelear con todo el que esté delante. Ése es el motivo por el cual, salvo contadas excepciones, en política todo emprendimiento colectivo está condenado al fracaso. Y cuando ocurrió, ni los protagonistas recuerdan por qué terminaron peleados. Y fracasados.


  • En este escrutinio sobre cuánto moyanismo pueden soportar se debate el arco opositor. José Manuel de la Sota se enoja por el regalo que le lleva Moyano a Córdoba bloqueando empresas. Macri mira encuestas que ven más rentable el acercamiento a Lavagna, imbatible en Capital ante cualquier candidato y más si va con el Pro.
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