5 de febrero 2009 - 00:00

Concurso imperdible para amantes del tango

Balbina Romeo, una de las concursantes de «El tango de mi vida», y también una de las que más emociona en el documental de Hernán Belón.
Balbina Romeo, una de las concursantes de «El tango de mi vida», y también una de las que más emociona en el documental de Hernán Belón.
Este documental será como los vinos, o como los tangos bien interpretados. Filmado hace dos años, ya luce su atractivo. Dentro de veinte, será todavía más disfrutable, porque a sus valores actuales ha de sumar los de la nostalgia y el resguardo de unos modos y costumbres que se van perdiendo. Igual conviene verlo cuanto antes, porque estas cosas duran muy poco en cartelera.
Todo nace en una parrilla, El carrito de Damián. Ahí unos amigos, reunidos en torno a Gogo Andreu, deciden hacer un concurso de cantores aficionados. Puede que la charla esté previamente armada para la cámara, pero en este caso la trampita no causa mayor molestia. Es sólo para decirle al espectador lo que se viene: una serie de personas de lo más variada, entre ellas una tarotista, una maestra, un policía retirado de la Bonaerense, un veterano que ante el micrófono confiesa «De chiquitito me gustaba cantar. No aprendí nunca». Y otros que creen que aprendieron y cantan lindo.
Son tres rondas, cada una en un lugar distinto, desde La casona de Fernando, en Montserrat, hasta la Confitería Ideal. Los 65 inscriptos se irán reduciendo cada semana. Ya en la segunda quedan sólo los buenos. Y nosotros vemos las andanzas del conductor Fernando Mancini, las charlas de Oscar Fresedo, Nelly Vázquez, y otros miembros del jurado, la cocina de los concursantes, la vida de algunos de ellos, como Gustavo Leporace, el pollero que canta en la vereda, a pedido de las clientas, o la maestra que en clase de literatura analiza el «Yira, yira», y los chicos quedan impactados por la letra, la rubia de San Isidro, Angie Naon, que ha vivido lo que canta, o la señora mayor, Balbina Romeo, que integra un coro femenino, muestra sus plantas, y explica por qué el tierno y casi olvidado «Calor de hogar» es, para ella, «el tango más triste del mundo» (es simple y sentimental, solo que la última línea, inesperada y exacta, hace lagrimear a cualquiera, «es la vida», dice ella).
Se derraman naturalmente unos tangos preciosos, de esos que parecen olvidados por las radios, que uno ha escuchado desde siempre, y casi nunca recuerda el título, o que no ha escuchado nunca, y acá tiene la ocasión, a partir de frases como «y fue para los dos, inicio de un amor», «anoche cuando iba caminando como un curda», «el amor es un viejo enemigo», «fuimos la esperanza que no alcanza», «no quiero nada, nada más que la mentira de tu amor como limosna», o el lírico «muerta la luz de mi esperanza, soy como un náufrago en el mar», que canta el platense Claudio Fontana en la noche final, de un modo hermoso, y sin embargo sale cuarto. ¿Por qué será que nunca ganan los que uno quisiera? Será nomás que la vida es un tango.
Realizador, Hernán Belón, que ya se había lucido con una serie documental para cable sobre el concurso de piano de Marta Argerich.
P.S.

Dejá tu comentario