17 de marzo 2009 - 00:00

Confesó incesto “el Monstruo” de Austria

Josef Fritzl ayer, al comparecer en el juicio que se le sigue por la esclavitud sexual a la que sometió a su propia hija durante 24 años. En la audiencia cubrió su rostro para evitar a los fotógrafos. Podría recibir cadena perpetua.
Josef Fritzl ayer, al comparecer en el juicio que se le sigue por la esclavitud sexual a la que sometió a su propia hija durante 24 años. En la audiencia cubrió su rostro para evitar a los fotógrafos. Podría recibir cadena perpetua.
 St. Pölten, Austria - El austriaco Josef Fritzl se sentó ayer en el banquillo de los acusados para responder ante la Justicia por el encierro y las reiteradas vejaciones de todo tipo a las que sometió a su hija durante 24 años. En el primer día de un juicio breve que encontraría su veredicto esta semana, Fritzl admitió haber cometido incesto y secuestro, pero rechazó los cargos de esclavitud y asesinato.
La historia del «Monstruo de Amstetten», como se lo conoce, la localidad en la que Fritzl vivía y mantenía en cautiverio a Elisabeth y a tres de los hijos que nacieron producto de las violaciones (otros tres habían sido incorporados a una vida «normal» y otro murió) escandalizó al mundo hace un año, cuando salió a la luz.
«¿Es culpable de incesto?», preguntó ayer la fiscal. «Sí», respondió Fritzl a la presidenta de la Corte Penal. «¿Es culpable de secuestro?» «Sí». «¿Es culpable de violación?» «Sí, en parte», dijo el «Monstruo» ante los tres jueces y ocho miembros del jurado del tribunal de Sankt Pölten, a 60 kilómetros de Viena.
Infancia difícil
Respondiendo a la presidenta del tribunal, Andrea Humer, experta en delitos sexuales, detalló con voz trémula, su «difícil infancia» con una madre que lo tuvo de soltera, a los 42 años, el 9 de abril de 1935. «No me quería. Me pegaba», confesó.
Elisabeth fue secuestrada por su padre cuando tenía 18 años, el 29 de agosto de 1984. Fritzl, que entonces tenía 49 años, hizo creer que su hija se había ido de casa para entrar en una secta.
El martirio de Elisabeth y los siete hijos llegó ante la Justicia austríaca en medio de extremas restricciones informativas para proteger la intimidad de las víctimas.
Con traje gris claro y el rostro oculto por una carpeta azul que sostenía con manos temblorosas, Fritzl entró en la sala principal del juzgado en la que fue su primera aparición pública desde que fue arrestado en abril de 2008.
El jubilado de 73 años escuchó los cargos en su contra, que incluyen acusaciones de esclavitud y asesinato. Con apenas un hilo de voz, el acusado se declaró «no culpable» de las dos imputaciones. La Fiscalía lo considera responsable de la muerte en 1996 de uno de los mellizos que concibió con su hija, una acusación que puede costarle la cadena perpetua.
En su dramático alegato inicial, la fiscal Christiane Burkheiser describió al jurado las condiciones de esclavitud de Elisabeth y sus hijos-nietos. «Luz apagada, violación; luz encendida, moho», indicó la fiscal para describir la rutinaria vida de la joven. El sótano en el que se encontraba esclavizada no tenía ventilación natural. Burkheiser aseguró que Fritzl «no ha dado muestras de arrepentimiento».
La representante de la Fiscalía recordó que los primeros nueve años de su cautiverio, Elisabeth vivió en 18 metros cuadrados, en los que quedó embarazada y dio a luz a tres hijos. Para el primero de los partos, en 1988, contó por toda ayuda con «una manta no esterilizada, tijeras sucias y un libro de preparto», relató.
Burkheiser responsabilizó a Fritzl de la muerte del bebé por haber ignorado los pedidos de ayuda de su hija ante los problemas respiratorios del bebé. «Eso es asesinato por omisión de auxilio», le recriminó al acusado.
Insólito
Por su parte, el abogado defensor, Rudolf Mayer, rebatió la imagen de «monstruo» que, dijo, ha dado la prensa de su cliente. Insólitamente, el letrado aseguró que lo que quería Fritzl era crear una segunda familia.
Mayer recordó al jurado su obligación de atenerse a los hechos y de «dejar los sentimientos fuera» para que el proceso sea justo. Afirmó que si su cliente hubiera buscado sólo la satisfacción sexual, no habría tenido hijos con Elisabeth o los habría matado.
Igualmente, argumentó que en favor de su defendido habla también el hecho de que en abril pasado llevara al hospital a la mayor de sus hijas-nietas, gravemente enferma, pese a saber de que eso destaparía la verdad sobre su doble vida.
El testimonio de la propia Elisabeth fue grabado en 11 horas de declaraciones sobre sus 24 años de martirio. Ella será la única testigo en un proceso en el que se negaron a declarar la esposa y el resto de hijos del acusado. Estos viven con nueva identidad en una localidad que se mantiene en reserva. Se espera que el veredicto sea hecho público el jueves o el viernes.
Agencias EFE y Reuters

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