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Conmueve la palabra de familiares de la AMIA

Nieta de Zelik, un inmigrante polaco que hablaba con mucha mayor facilidad ídish que castellano, Florencia Arbiser creció vinculada a la vida comunitaria judía. Este rasgo identitario tuvo un inevitable correlato en su desarrollo profesional como periodista.
El atentado a la AMIA, en 1994, sorprendió a la autora en Entre Ríos haciendo una nota sobre naranjas para el diario Clarín.
Arbiser se sintió convocada desde entonces a cada acto en honor a las víctimas de la AMIA y en repudio a los responsables del ataque. Jornadas de agitación y llanto. Sonaron discursos, abucheos y peleas frente a la sede de Pasteur o en la plaza Houssay. Año tras año, cuando los altavoces se calmaban y las cámaras de TV partían hacia otros avatares, Arbiser posaba su mirada sobre rostros, miradas y crecientes arrugas. Eran los familiares de las víctimas.
Intuyó bien la autora que allí había personas a las que valía la pena dar la palabra, y se embarcó en lo mejor que puede hacer un periodista. Preguntar bien y dejar hablar. Encontró soledades, desencuentros, psicoanálisis, luchas e ironías del destino. Como en historias recientemente alumbradas por autores sub 40 en otros libros sobre los desaparecidos, sus familiares y descendientes, Arbiser halló drama y cotidianeidad en vidas de argentinos atravesados por una tragedia.
Aparecen en el libro empleados que se transformaron en militantes, niños que crecieron e hicieron su vida, madres adultas que encontraron refugio en el trabajo, hijos para los cuales el 18 de julio es un día más. Algunos alcanzaron consuelo y otros casi se dejaron morir. Son «Historias con vida; AMIA - 15 años».
Sebastián Lacunza


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