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Consecuencias económicas de la dictadura militar
Alfredo Martínez de Hoz
La escasez mundial de divisas terminó traccionando depreciaciones del tipo de cambio y sumadas a la explosiva dinámica de deuda terminaron estallando en una crisis que marcaría una enorme carga sobre el fisco. Como resultado de un Estado insolvente hoy se recuerda a los años 80 como la década perdida (en términos económicos): una economía de desempeño errático que naufragó entre la alta inflación y la hiperinflación.
También la composición de la actividad surgida de la estrategia del Gobierno militar ha resultado clave hasta el día de hoy. La construcción cayó 30%, la industria 13% y la intermediación financiera creció un 40%. Ese cambió aún hoy se percibe en la estructura económica subyacente, si bien la misma encuentra su origen mucho antes, casi en las postrimerías del siglo XIX.
La economía estudia la acción del hombre, la cual sucede bajo determinadas reglas que a veces tácitas, a veces explícitas, se llaman instituciones y se han roto durante este período. Luego se han vuelto a resquebrajar durante los sucesivos abusos contra la propiedad privada en plena democracia. La interrupción de la democracia con el golpe de 1976, ha hecho de nuestro sistema político actual un sistema democrático principalmente caracterizado por su inmadurez en cuanto a la estabilidad de las reglas de juego.
Recientemente el blog Foco Económico publicó un muy ilustrativo ejercicio en base al tradicional modelo de Crecimiento de Solow, cuyos resultados sugieren que desde 1950 hasta 1975 la economía argentina se encontraba en una trayectoria de crecimiento de la productividad del 1,1%, mientras que a partir de 1975 la trayectoria se desplazó hacia abajo con un crecimiento implícito de la productividad de 0,5%.
A simple vista parece una diferencia despreciable, pero son diferencias que se van acumulando a lo largo del tiempo. De hecho, si tomásemos únicamente a la productividad como driver del PBI per cápita (olvidando la acumulación de capital per cápita), llegaríamos a la conclusión de que hoy tenemos un nivel de bienestar 30% más bajo del que pudimos haber tenido si sosteníamos la tendencia de crecimiento previa a la dictadura.
Consecuencias invisibles de un experimento que no solo se caracterizó por su dimensión atroz respecto del estado de derecho sino que además demostró un nivel de ineptitud comparable al de aquellos que hacen de la improvisación un modo de gestión cotidiana.
| (*) Titular del Consejo Económico y Social (CESBA) |


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