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Copes cierra show de tango con su estilo indiscutible
Acompañado por su hija Johana, el emblemático Juan Carlos Copes da cierre todas las noches a «Tango porteño», un buen espectáculo tanguero que gusta por igual a turistas y locales.
Los shows tangueros pensados para el turista como principal destinatario tienen límites bien acotados: mucho baile en escena, clásicos muy conocidos, despliegue de vestuario deslumbrante y, claro, que la oferta gastronómica esté a la altura. A partir de eso, las variantes pueden ser muchas: se puede caer en la tentación de la demagogia, de la reiteración infinita, de la sucesión de hits, del revoleo hueco de bailarinas, o bien se puede considerar al visitante también como un público capaz de acomodar el ojo y el oído a ciertos atrevimientos. Con la ventaja accesoria de que, en este último caso, también es posible convocar a personas que viven en la ciudad del tango.
Con Juan Carlos Copes como figura emblemática -lejos de sus grandes brillos a los 81 años, aunque con una presencia que no puede soslayarse-; un cuerpo de bailarines que con los lógicos altibajos no olvida que así nació el género; una orquesta típica ampliada por la inclusión del violonchelo y dirigida -aunque no desde el escenario- por la violinista Érica Di Salvo; dos cantantes bien distintos pero ambos con historia en el asunto, «Tango Porteño» es de las buenas propuestas que tiene la cartelera de Buenos Aires en este rubro tan específico.
Karina Beorlegui no muestra aquí la faceta más osada que se le ve en sus espectáculos personales, pero cumple con su papel de tanguera sensual y prolija en «Pregonera» y «Arrabalera». En otro estilo, Carlos Morel, hombre de mucha experiencia sobre las tablas, hace igualmente bien su parte en «Mi Buenos Aires querido» y «Por una cabeza». La orquesta típica, en el fondo del escenario, a la vista u oculta, es una sólida pared sonora que sobresale en sus momentos puramente instrumentales con «Quejas de bandoneón» y un popurrí de Piazzolla.
La mayor parte del tiempo, la atención está puesta en las seis parejas-algunas de ellas con premios de baile, aquí o en el exterior- que pasan de lo más tradicional a búsquedas en la sensualidad, en los movimientos, en las coreografías, que apuntan al ballet clásico o a la danza contemporánea. Y la rusa Inge Savitiskaya hace su número de humor bailando con un compañero imaginario. En el cierre, hace su aparición Copes con su hija Johanna para poner una firma de estilo indiscutible. Con él llega el momento más esperado del show; y el que hace que se vayan contentos tanto visitantes como locales.


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