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Córdoba recrea la Ruta del Esclavo
La experiencia de la Ruta hace conocer la trata de esclavos y las características peculiares de la esclavitud y su abolición.
La propuesta, creada por el Servicio de Guías de Turismo de Córdoba, rescata la gran diversidad de inmigraciones que se dio a lo largo de la historia de estas latitudes que, sumada a los conflictos bélicos que acontecieron en el siglo XIX en la región, hicieron que la figura del esclavo negro fuera cambiando, al igual que la de sus descendientes. Así surgieron zambos, mulatos y todas las variedades que dio la convivencia dentro de la cultura argentina, dando lugar a rasgos que, de tan cotidianos, hoy pasan inadvertidos.
La esclavitud fue abolida en la Argentina por la Constitución de 1853, pero, más allá de la negación que en general se hizo sobre los esclavos, las marcas de su existencia están presentes en comidas, música popular, lugares que recorremos a diario y personas que cruzamos en las calles de muchas de nuestras ciudades.
Por sólo citar algunos ejemplos, en materia culinaria el legado africano incluye la incorporación de las achuras, la «parrillada», el mondongo, en cierta forma el locro, la mazamorra y el arroz con leche. Y nuestro vocabulario también tiene marca de negritud cuando se habla de mina (mujer), tamangos, mucama, puré, sandía, arrorró, quilombo, achura, banana (es un pueblo de Mali), marote, maní, bengala, ganga, bochinche, milonga, bobo, conga, mandinga y hasta en la popular leyenda del lobizón.
La experiencia de la Ruta del Esclavo conecta con la trata de éstos y las características peculiares de la esclavitud y su abolición en las Provincias Unidas del Río de la Plata, con la vida cotidiana, los testimonios históricos, la diáspora africana y el patrimonio intangible que se expresa en música, literatura, religiosidad, tradiciones orales, comidas y costumbres en general. Finalmente la aproximación es hacia la esclavitud en la actualidad, es decir, su herencia.
n Manzana Jesuítica
La Ruta del Esclavo cordobesa recorre en profundidad la Manzana Jesuítica: el museo San Alberto, la Capilla Doméstica, el Colegio Nacional de Montserrat, la Universidad y la Iglesia de la Compañía de Jesús. Se ingresa a la Iglesia con una especial atención a la capilla de Lourdes y el Museo de la Universidad. Luego se llega al frente del Convento e Iglesia de las Carmelitas y se hace una pequeña visita a la galería Cerrito. En la Plaza San Martín se pasa por el Cabildo y la Catedral cordobesa.
La Manzana Jesuítica es justamente el sitio que da pie al relato de cómo los esclavos pudieron adaptarse e influenciar considerablemente a la cultura europea y aborigen de estas tierras. Desde su presencia en cada una de las construcciones, donde la mano de obra fue uno de sus bienes más preciados, hasta la incursión de música, teatro, rituales adaptados al catolicismo e incluso aquellos que llegaron a ser santificados. Ocurre que la orden Jesuita, una de las más importantes a nivel mundial por su humanismo y su legado histórico, fue la que se encargó en muchos casos de transformar a los esclavos en profesionales, lo que les dio la chance de llegar a comprar su propia libertad.
La Iglesia y Convento de las Hermanas Carmelitas Descalzas lleva luego a saber de las historias de la cofradía que llevaban adelante las monjas. Luego, la galería «Cerrito» es el lugar donde se conservan vestigios de una gran ranchería de esclavizados, quienes fueron propiedad del poderoso Juan de Tejeda, fundador del convento. En la céntrica plaza San Martín se comprende el fenómeno de la esclavitud, reconociendo su cultura a través de experiencias cotidianas actuales. Frente al monumento al Padre de la Patria, se destaca la heroica participación de la infantería de negros en los ejércitos patriotas.
A su vez, en la impactante Catedral cordobesa se puede conocer a algunos próceres con ascendencia africana. Se recuerda allí al Sargento Juan Bautista Cabral, mulato, así como a las niñas de Ayohuma, entre ellas a María Remedios del Valle, «la Capitana». Otro luchador por la libertad y patriota fue Antonio Ruiz, más conocido como el «Negro Falucho». Además se reconoce la mencionada labor de las infanterías de negros y los regimientos 7º y 8º del Ejército de los Andes, que eran los que siempre se encontraban peleando en el frente y los que más bajas sufrieron. También se recuerda la polémica descendencia mestiza de José de San Martín.
A su vez, el relato nombra a Juan Bautista Bustos, quien tuvo problemas para ascender socialmente siendo hijo de una mulata. Otro que renegó de sus antepasados fue el mismo Bernardino Rivadavia. En esas épocas, uno de los grandes defensores de Córdoba fue Lorenzo Barcala, un moreno que acompañó a José María Paz.
Ya en el último tramo del circuito, en el Cabildo Histórico se puede viajar mentalmente hasta la época Colonial para conocer las celdas que encerraron y castigaron a los esclavos en territorio cordobés.


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