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Corea, Clarke y White: el mejor jazz rock sin rock
Chick Corea y Stanley Clarke en el Gran Rex: en el concierto revivieron los mejores momentos de «Return to Forever», pero como standards de jazz. El público quería más rock.
Estos tres músicos son figuras esenciales del jazz rock, empezando por la banda con la que lideraron el género en la década del 70, Return to Forever. Claro que esa era una banda esencialmente eléctrica, con los aportes del guitarrista Al Di Meola o, en distintas formaciones, de la percusión afro latina, voces femeninas y vientos. Reunidos en un trío acústico para recrear sus viejos éxitos, el trío Corea, Clarke & White es un regreso al mejor jazz-rock, pero sin rock. El conjunto revisitó los mejores temas de los principales discos de Return to Forever, respetando las melodías y fraseos originales, pero transformándolos en algo así como standards de jazz, y sólo en algunos momentos culminantes de su formidable performance Stanley Clarke le recordó al público el lado más rockero de ese género también conocido como fusión.
Empezando por sus primeros discos de principios de los 70, en largos instrumentales de 15 o 20 minutos, y guiado por el piano de Corea (enfrentado en el escenario al contrabajo de Clarke y sobre todo a la batería de White, curiosamente ubicada de costado al público) el trío dio una lección de jazz y música con mayúscula, para deleite de sus fans, pese a la irritación de algunos obsesivos.
El publico argentino es extraño como pocos. La sola aparición de estos músicos en el escenario del Gran Rex bastó para una ovación de pie. Corea agradeció semejante bienvenida -sin dejar de parecer un poco abrumado-, y el trío se lanzó con dos de los mejores temas de su primer disco, «Return to forever», para continuar en orden con «Light as a feather», también de 1972. Pero, de golpe, el mismo público empezó a quejarse a gritos sobre el sonido, la afinación y sutilezas por el estilo, llegando a utilizar juramentos dignos del corsario negro que merecieron un speech de Corea acerca de sus raíces hispanas, su auténtico nombre de pila Armando, etc., asegurando que de todos modos no entendía casi nada el idioma castellano, aunque sólo iba a tocar un tema más (el antológico «No Mistery») para hacer un breve intervalo durante el que intentaría que afinen el piano.
Tras la pausa y la afinación (en realidad luego sonó básicamente igual, es decir formidablemente, sólo que algo más potente) el trío volvió a ofrecer su excelente jazz, por suerte esta vez sin quejas de un auditorio más tranquilo y decidido a apreciar la performance de estas tres leyendas vivientes. Siguieron pasajes clásicos como «Romantic Warrior» y «500 Miles High» y algunos standards como «You are my one and only love» que Clarke dedicó a los familiares de su mujer chilena, presentes en el teatro (mencionando incuso a un familiar de su esposa, nada menos que Antonio Prieto).
El trío funcionó como un equipo sin exhibiciones de virtuosismo gratuito ni ese tipo de vicios generalmente asociado con el jazz rock, tal vez gracias a este formato de jazz acústico, eficaz y sutil en todo sentido.


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