5 de marzo 2010 - 00:00

Cristina no acatará fallo contra el DNU. Otra vez denuncia golpe

Cristina de Kirchner vehemente ayer en Casa de Gobierno: «Estoy dispuesta a enfrentar la condena de cualquier juez circunstancial de la Argentina».
Cristina de Kirchner vehemente ayer en Casa de Gobierno: «Estoy dispuesta a enfrentar la condena de cualquier juez circunstancial de la Argentina».
Nunca como ayer el Gobierno de Cristina de Kirchner quedó tan enfrentado con el Congreso y la Justicia al mismo tiempo. Jueces pagos que fallan para la oposición, denuncias de otro intento de golpe desestabilizante en el Congreso, rebeldía a la Justicia y una defensa absoluta de Mercedes Marcó del Pont, fueron el centro de ese mensaje que, con la excusa de otro anuncio de obras, Cristina de Kirchner utilizó la cadena nacional para responder al avance opositor en la toma de control del Senado y el fallo de la Justicia que le bloqueó el uso del nuevo DNU con el que se transfirieron las reservas del BCRA a las cuentas del Tesoro.

Rodeada de parte del gabinete, funcionarios, productores agropecuarios amigos y militantes, se montó en el Salón de la Mujer de la Rosada (con vestimenta gaucha) el escenario para el anuncio más importante del día: sin dudar, anunció que no respetaría ninguna orden judicial que le atara las manos para pagar la deuda con reservas. Le respondió así a la jueza Claudia Rodríguez Vidal que hizo lugar a la presentación de Graciela Camaño y Felipe Solá para que se congelara también el nuevo DNU que firmó el lunes pasado.

«Vamos a pagar, vamos a hacer honor a deudas que otros contrajeron; las deudas que esta Presidenta quiere pagar y va a pagar con las reservas del Banco Central, en el marco de lo que dice la Constitución Nacional y la Carta Orgánica del Banco Central, y los acreedores van a cobrar su deuda», dijo ayer la Presidente.

Posible delito

Nunca se había escuchado en forma directa a Cristina de Kirchner advirtiendo que una sentencia judicial no bastaría para frenar sus intenciones, menos cuando ese hecho significa por ahora una apología del delito y mañana quizás un delito en sí mismo, si es que desde ahora el Gobierno sigue pagando deuda con Justicia. En realidad semejante ruptura entre dos poderes no es frecuente, al menos en boca de un presidente de la Nación.

Enfurecida como pocas veces se la ha visto, Cristina de Kirchner se puso entonces a relacionar fallos adversos con situaciones afectivas, al punto que reveló en ese salón que la jueza Rodríguez Vidal es pareja del juez Ernesto Marinelli, que ya falló en contra del Gobierno en la causa del Fondo del Bicentenario.

De la vida personal de los jueces pasó a desafiar a la oposición a que si encuentra otra forma de cancelar la deuda con bonistas que presente un proyecto alternativo: «No pueden seguir actuando de manera absolutamente irracional; si no están de acuerdo con el pago de deuda que digan cómo hacerlo y si lo tienen yo les juro que lo voy a adoptar».

Utilizó, además, una furia extra para repeler el único punto que no puede controlar de toda la andanada opositora en esa crisis: el seguro rechazo al acuerdo de Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central.

A pesar de que ayer aparecieron algunas voces en el Congreso reconociendo que a Marcó del Pont habría que escucharla (como Felipe Solá), después de la citación fallida el miércoles pasado a la Comisión de Acuerdos que terminó dictaminando su remoción, anoche el radicalismo y parte del peronismo disidente confirmaron que el próximo jueves se votará el rechazo a que continúe en el cargo.

En el Gobierno se analizaron desde el miércoles por la noche alternativas para que Marcó del Pont continuara ocupando el cargo en comisión hasta setiembre, cuando vence el mandato que inició Martín Redrado, pero ayer la propia funcionaria aclaró que si el Senado no la ratifica dejará el cargo inmediatamente.

La decisión atiende a las responsabilidades penales que pueden caberle en el futuro por las decisiones que tome sin tener la ratificación parlamentaria. Cristina de Kirchner defendió tanto ayer esa designación que llegó a acusar: «Fue un acto de venganza de la más baja estofa que recuerde en el Parlamento. No fue un acto institucional democrático. Estamos ante intentos de destitución evidentes».

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