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Cristina paralizó al Congreso en la apertura de las sesiones
Los ministros Carlos Tomada (Trabajo), Julio De Vido (Planificación Federal), Florencio Randazzo (Interior) y Aníbal Fernández (jefe de Gabinete) escucharon el discurso de la Presidente ante el Congreso junto al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Faltó Amado Boudou.
Política circular: el verano argentino transcurrió con una repetitiva secuencia de dialéctica oficialismo-oposición donde la Casa Rosada defendió el DNU 2.010/09 sobre el uso de reservas del Banco Central, blindado por la imposibilidad de ser derogado durante el receso legislativo. La oposición esperó paciente el inicio del período ordinario con sesiones agendadas para mañana en ambas cámaras, pero Kirchner derogó su propio decreto -y firmó uno nuevo para disponer de las reservas del BCRA- el mismo día en que el Congreso entraba en funciones. Una jugada de suma cero que reemplaza un decreto por otro y, ya sin Martín Redrado al frente del BCRA, libera el uso de más de u$s 4 mil millones de reservas para el pago a tenedores privados de la deuda.
Dialéctico y con un hilo argumental que consistió en diferenciar entre «la Argentina real» y «la Argentina virtual o mediática», el discurso de Cristina de Kirchner ante la Asamblea Legislativa, compuesta por el pleno de la Cámara de Senadores y la de Diputados, comenzó a las 11.05 y duró casi una hora y media. «Lo primero es lo primero, y quiero solidarizarme como lo he hecho en las primeras horas del sábado y durante todo el fin de semana con nuestra amiga y compañera Michelle Bachelet», explicó la jefa de Estado tras arribar al Congreso por la entrada principal sobre la avenida Entre Ríos, acompañada por su esposo y diputado nacional Néstor Kirchner.
La Presidente fue recibida por Julio Cobos, con quien intercambió un gélido apretón de manos. «Buenos días, señor vicepresidente de la Nación», fue el saludo protocolar de Cristina de Kirchner. «Buenos días, Presidenta», respondió Cobos. A esa tensa secuencia le siguió un efusivo y afectuoso abrazo con Eduardo Fellner, presidente de la Cámara de Diputados. La jefa de Estado no había saludado al peronista José Pampuro hasta que Cobos le hizo notar su presencia. «Presidenta, también está el presidente provisional del Senado». «¡Ahhh, Pepe! Disculpame que no te vi. Y te felicito por tu nuevo rol como presidente del Parlamento del Mercosur», reaccionó Cristina de Kirchner. El resto de la delegación de bienvenida estuvo integrada por el cómico Eugenio Nito Artaza, Liliana Fellner, Mario Colazo, Ramón Mestre, Dante Gullo, Graciela Giannettasio, Elsa Álvarez y Mirta Pastoriza.
La oposición, que había amenazado con retirarse del recinto durante el discurso de la Presidente, estuvo completa con la excepción de Elisa Carrió y Carlos Menem. En los palcos, las barras kirchneristas vivaban a la jefa del Poder Ejecutivo y hasta se entonó la marcha peronista.
Como todos los años, el discurso presidencial sobre el Estado de la Nación repasó los logros macroeconómicos del Gobierno durante 2009, como el aumento de la recaudación por ventas en 98 mil millones de pesos y lo que Cristina de Kirchner definió como «récord de la balanza comercial» a pesar de la caída de las exportaciones en un contexto de crisis internacional. «Desde 2003 hasta 2008 el PBI acumuló un crecimiento del 63% y las reservas treparon a 48 mil millones de dólares», se floreó la Presidente provocando una ovación de la tribuna. «No, no, no necesito aplausos, necesito esfuerzo y cooperación, no para mí, no para Cristina, la Patria no necesita aplausos. Necesita que todos nos despojemos al menos por un minuto de nuestras ambiciones políticas. Todos lo que están acá quieren ser todo», fue el reto presidencial que retumbó sobre el estrado en los oídos de Cobos.
Ni una línea dedicada a las cifras del INDEC, ni siquiera una referencia tangencial a los fenómenos inflacionarios que ya admite parte de la columna vertebral del kirchnerismo, como la CGT de Hugo Moyano.
Los palcos del primer piso fueron todos ocupados por la parcialidad oficialista. Allí se encontraban la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto; el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y a su lado, la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. En otro de los palcos, ubicado justo frente al estrado, se ubicaron la madre de Cristina, Ofelia Wilhelm, y su hermana Giselle.
Entre los gobernadores estaban presentes Daniel Scioli (Buenos Aires), Hermes Binner (Santa Fe), Sergio Urribarri (Entre Ríos) y Walter Barrionuevo (Jujuy), además del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y el titular de la CGT, Hugo Moyano.
También estaban presentes el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y los ministros del Interior, Florencio Randazzo; de Planificación, Julio De Vido; de Trabajo, Carlos Tomada; de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana; de Justicia, Julio Alak; de Defensa, Nilda Garré; de Salud, Juan Manzur; de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y de Producción, Débora Giorgi. No estuvo Amado Boudou.
Además, asistieron el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, los secretarios de Transporte, Juan Pablo Schiavi; y de Cultura, Jorge Coscia; el titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, y el juez del máximo tribunal Carlos Maqueda.
Entre las banderas desplegadas por los militantes en los palcos se encontraba una perteneciente al comedor Los pibes de La Boca y otra que rezaba: «Prohibir el aborto es gorila», una de cuyas militantes interrumpió uno de los pasajes del discurso de la Presidente en defensa de esa consigna.


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