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Cristina transmitirá hoy el rechazo argentino
Uribe arrancó ayer su periplo en Perú, donde enumeró ante Alan García las razones de un plan que incluye la creación de tres bases estadounidenses en territorio colombiano y un salto cualitativo en la articulación militar entre las Fuerzas Armadas de ambos países.
Su gira (calificada de «muda» por el Gobierno de Bogotá, tal el perfil que desea darle) lo llevó de inmediato a Bolivia, y hoy lo hará recalar en Chile y la Argentina. Acto seguido irá a Brasil, Uruguay y Paraguay.
Las reuniones urgentes del colombiano con los presidentes de la región no incluyen, salta a la vista, a Hugo Chávez ni a Rafael Correa. Con todo, Uribe pretende diseminar un mensaje lo suficientemente tranquilizador como para que también llegue a ellos, algo que, pese a sus esfuerzos, es difícil que logre.
Según le transmitió al canciller Jorge Taiana su par colombiano, Jaime Bermúdez, al pedir la entrevista con la Presidente, la idea es tratar el problema del narcotráfico y del terrorismo en su país. Ése es el enfoque que Bogotá le da a la cuestión de las bases estadounidenses. Pero eso, en clave uribista, equivale a hablar de las FARC, a las que califica de «narcoguerrilla», y de lo que se considera una alianza concreta entre ésta y los gobiernos de Venezuela y Ecuador.
No en vano recientemente Bogotá acusó a Correa de haber recibido fondos de la guerrilla para su campaña, lo que motivó una advertencia del ecuatoriano de que cualquier nueva incursión militar colombiana transfronteriza contra supuestos campamentos de las FARC será respondida en el plano bélico. En paralelo, Colombia aseguró que proyectiles antitanque venezolanos de fabricación sueca fueron decomisados a los rebeldes marxistas, lo que fue respondido por Caracas con el retiro de su embajador, con el congelamiento de las relaciones y con amenazas veladas. Así de delicada está la situación.
El acuerdo EE.UU.-Colombia aún no está sellado, pero está al caer. Consiste en la instalación de tres bases aéreas hasta 2019 con una dotación conjunta de 800 soldados y 600 contratistas estadounidenses, con un costo de u$s 5.000 millones.
Pero la cosa no queda allí. Según anunció ayer el general Freddy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares colombianas, aviones estadounidenses podrán usar además otras cuatro bases colombianas (dos terrestres y dos navales), lo que les permitirá de hecho controlar todo el territorio nacional.
Así lo dijo en Cartagena, en el marco de una reunión de dos días en la que participan el general Douglas Fraser, comandante del Comando Sur de los Estados Unidos, y oficiales de varios países sudamericanos y de México, entre los cuales, obviamente, no hay nadie de Venezuela ni de Ecuador. Por la Argentina está presente el brigadier general Jorge Arturo Cavalier, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, según reseñó el diario El Tiempo.
Para el chavismo, todo el plan equivale a la instalación de una plataforma múltiple para una eventual invasión estadounidense a Venezuela.
Lo que convenció a Uribe de la necesidad de explicar sus propósitos a los gobiernos de la región fue una declaración extremadamente dura del canciller brasileño, Celso Amorim, contra la instalación de más militares estadounidenses en Colombia. El funcionario dijo el fin de semana comprender las preocupaciones de Chávez y demandó a Colombia «garantías formales». El colombiano puso abrupto fin a las vacaciones que pasaba en su finca El Ubérrimo y decidió realizar un gesto destinado a reconocer el liderazgo regional brasileño.
«Lo que preocupa a Brasil es una presencia militar (estadounidense) fuerte, cuyos objetivo y capacidad parecen ir mucho más allá de las necesidades internas de Colombia», dijo a Folha de Sao Paulo. ¿Más allá de Colombia? ¿A dónde? Al Amazonas.
Una de las principales hipótesis de conflicto de las FF.AA. de Brasil pasa, justamente, por una eventual y siempre temida declaración de la Amazonia como Patrimonio de la Humanidad, lo que diluiría su soberanía sobre un territorio inmenso y de riquezas insospechables y permitiría, acaso con excusas medioambientales, que las grandes potencias pongan sus manos allí.
Reiteración
El mismo reflejo desconfiado se había activado cuando, sobre el final de la administración de George W. Bush, la Casa Blanca decidió la reactivación de la Cuarta Flota, algo presentado como parte de una campaña solidaria para dar atención médica a la población pobre del Caribe. Una explicación demasiado hilarante como para ser tomada en serio.
La Cancillería argentina se solidariza con la postura brasileña, pero no siendo el Amazonas una preocupación propia, añade como elemento en contra de la instalación de las bases el inevitable recrudecimiento de la tensión militar que provocará entre Colombia y Venezuela. Coincide en esto con Chile.
«La Argentina no está a favor de que haya bases de potencias extranjeras en América Latina en general y en Sudamérica en particular», le dijo a Ámbito Financiero una alta fuente del Palacio San Martín, postura que hoy le transmitirá cara a cara Cristina de Kirchner a Uribe. Postura que, por otra parte, ya había sido expresada a los propios Estados Unidos cuando reactivaron la Cuarta Flota.
La fuente se esforzó, como es habitual, en aclarar que la inquietud no supone un alineamiento con Venezuela, sino que responde a consideraciones de equilibrio y paz regionales, temas en los que, dijo, la Argentina es «muy activa».
Para el Gobierno nacional, no vale el argumento de que Estados Unidos busca dotarse de nuevas bases en la región norandina de Sudamérica en reemplazo de la ecuatoriana de Manta, de la que recientemente fue desalojado por orden de Correa. No hay, cree, vinculación cuantitativa ni cualitativa posible entre un hecho y el otro.
¿Se acuerda, lector, cuando Colombia temía en los albores de la presidencia de Barack Obama que la Casa Blanca frenara la ayuda militar por las denuncias de nexos entre militares y paramilitares, y por los casos de violaciones a los derechos humanos? No hay marcha atrás con la Cuarta Flota y se acelera a fondo con las bases en Colombia. Acuciado por la realidad, y con Chávez enfrente, cada día despunta más claramente el nuevo Obama.


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