18 de noviembre 2009 - 00:00

Cristina y Lula intentan la paz en guerra que desencadenó Moreno

Cristina de Kirchner y su comitiva a punto de abordar el avión que los condujo a Brasil, donde analizará con Lula da Silva el intercambio comercial entre los dos países.
Cristina de Kirchner y su comitiva a punto de abordar el avión que los condujo a Brasil, donde analizará con Lula da Silva el intercambio comercial entre los dos países.
Brasilia - Cristina de Kirchner y Lula da Silva intentarán hoy encontrar un nuevo piso de entendimiento a la puja comercial que divide a la Argentina y Brasil a partir de la guerra de fronteras que impide el intercambio de productos agrícolas y comerciales. La Presidente llegó anoche a Brasilia y se reunió con los ministros que la acompañaban, técnicos de la Secretaría de Comercio Interior y de la Cancillería para repasar los reclamos que le hará a Lula y las respuestas que dará a los requerimientos de su anfitrión.

La pelea comercial tuvo origen en medidas dispuestas por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, dentro del esquema de premiar con permisos de importación sólo a aquellos que a su vez exporten. Esa modalidad, legítima si se trata de defender el comercio exterior y frenar la salida de divisas por la vía de las importaciones, en manos de Moreno se produjo en un caso de guerra comercial por aplicársela en bloque y sin discriminar ni valorar las consecuencias en cada sector.

Moreno dispuso la cancelación de las licencias automáticas de importación y la respuesta de Brasil no se hizo esperar. Hoy hay más de una treintena de productos brasileños (especialmente calzado, textiles, autopartes y línea blanca) con problemas para ingresar a la Argentina. La retaliación brasileña fue la habitual: cerrar de hecho el ingreso de productos argentinos a ese país aplicando medidas paraarancelarias que demoran los embarques en la frontera, con consecuencias letales para los productos perecederos. También hay textiles y autopartes que no pueden ingresar a Brasil.

Hace 20 días, cuando Brasil decidió prohibir permisos especiales que comenzaron a endurecer el bloqueo a la importación de productos perecederos argentinos, la Argentina debió reaccionar. Presionada por la protesta de empresarios y gobernadores, la Casa Rosada tuvo que organizar una lista de reclamos para presentarle a Da Silva.

La reunión entre ambos se dará recién hoy, pero la Presidente partió ayer a las 17 desde el Aeroparque a bordo del Tango 01 con una comitiva estricta para esta emergencia: Amado Boudou, Jorge Taiana, la ministra de Industria y Turismo, Débora Giorgi, y el secretario de Minería, Jorge Mayoral.

En octubre, el saldo de la balanza comercial entre ambos países volvió a ser negativo para la Argentina, con un déficit de u$s 204. Así, sólo entre marzo y junio, que se registró superávit, la noticia siempre fue las oleadas de productos brasileños que inundaban el mercado local y no alcanzaban para compensar la venta de alimentos y materias primas.

El mecanismo que eligió el Gobierno de Brasilia fue el conocido por la Argentina: la aplicación de licencias no automáticas sobre productos perecederos que cayeron tan de improviso para la Argentina que en pocas horas más de 400 camiones se agolparon en la frontera.

Hacia el 27 de octubre, la tensión llegó a tal nivel que Taiana citó a la Cancillería a Mauro Vieira, el embajador brasileño en Buenos Aires, para manifestarle la preocupación por «interrupción del flujo comercial con Brasil, ya que varios camiones con productos perecederos argentinos están siendo demorados en las diferentes fronteras con el país vecino sin aviso previo», según decía por entonces el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía.

Cargamentos de ajo (que provocaron la ira de los mendocinos especialmente), vino, harina de trigo, aceitunas, aceites, comida para animales y 120 mil toneladas de peras y manzanas quedaron en peligro de no poder ingresar a Brasil por las nuevas restricciones. Mientras en Buenos Aires el Gobierno protestaba, en la frontera los cargamentos comenzaban a peligrar dentro de los camiones por el tiempo de espera.

La situación comenzó luego a calmarse, pero el horizonte no estaba claro: los permisos especiales que impuso el Gobierno de Lula da Silva obligaban a 60 días de trámites, lo que tratándose de alimentos perecederos era equivalente a una prohibición de importación.

En la reunión de hoy en el Palacio del Planalto, Cristina de Kirchner hablará de nuevos acuerdos y de superar esta crisis. También habrá anuncios sobre la construcción de dos nuevas generadoras hidráulicas sobre el río Uruguay y la demorada compra de aviones Embraer por la empresa Austral. Se concretará la compra de 19 aviones Embraer que reemplazarán a los MD 80, con 96 plazas y el 85% de la financiación a cargo de Brasil con participación del Banco Nación. Pero además se espera el anuncio de la compra de 18 trenes de 6 coches cada uno para los subtes porteños. Pero la agenda del encuentro que negociaron Taiana con Celso Amorim hace una semana en Río de Janeiro quedará inevitablemente en la crisis por el nuevo conflicto comercial.

* Enviado Especial a Brasil

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