José Ortega y Gasset solía señalar que lo que más vale de un hombre es su capacidad de insatisfacción. ¿Será así? La economía argentina parece encaminarse a cerrar un año que, en términos generales, podría quedar bastante lejos de ser considerado "crítico". La actividad parece terminar el año por encima del 3% y las expectativas de inflación, es decir, aquello que está por venir, permanece en la zona del 20% anual.
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Por supuesto, no todo está bien: la inflación sigue tallando duro, las tarifas son un dolor en el bolsillo de millones de argentinos, los alimentos suben más rápido que el resto de los bienes y servicios de la economía y, por ende, la maquinaria de la pobreza parece seguir urdiendo a sus anchas. ¿Será por eso que los exfuncionarios y partidarios del 'cambiemismo' se han dado a la crítica pura y dura obedeciendo el mandato gassetiano?
Los últimos 15 días sirven de evidencia. Por ejemplo, allí está Alfonso Prat Gay, exministro de Hacienda y Finanzas, quien se pronunció en desacuerdo con las iniciativas del BCRA y advirtió que el déficit de cuenta corriente es el más alto de los últimos 10 años. "Uno mira el mensaje que manda el Banco Central y no es suficientemente claro", sostuvo Prat Gay.
Además del exembajador Martín Lousteau (que se ha cansado de señalar el riesgo que corre el Gobierno con el endeudamiento) y del exministro Ricardo Buryaile, quien se fue 'echando chispas' por Twitter, otro que ha vuelto a las andanzas es el ex titular del Banco Nación, Carlos Melconian. El racinguista se mostró disconforme con el plan económico: "Hasta ahora el gradualismo fiscal fue inacción y perdimos dos años", sentenció quien hizo un crítico análisis de la política económica y pidió un ajuste mayor. El economista consideró que las reformas tributaria, laboral y previsional llegaron dos años tarde y que el Gobierno no logró avanzar en el frente fiscal hasta el momento.
En los últimos días, incluso la ex titular de Aerolíneas Argentinas Isela Costantini salió al cruce de la visión del Gobierno con las empresas públicas. "No podés pretender que todos piensen de la misma forma, porque te vas a equivocar", dijo en referencia al mandato que el ministro Guillermo Dietrich solía aplicarle para conducir la compañía. "La realidad de la política es diferente a la de la empresa; y Aerolíneas es una empresa política", concluyó.
Pero en las últimas horas, las críticas al Gobierno y su plan económico resurgieron del plano más ortodoxo: los denominados "liberales" o "libertarios", entre los que figuran José Luis Espert, Diego Giacomini, Javier Milei, Roberto Cachanosky y Agustín Etchebarne, entre muchos otros, recibieron con desagrado la opinión del diputado electo Fernando Iglesias, quien hizo una defensa de la política económica del Gobierno y criticó los planteos de los que denominó "liberalotes", a quienes trata de "necios" y de desconocer cómo funcionan las cosas en el "mundo real". Por las redes sociales, la respuesta no se hizo esperar. El "fuego amigo" volvió a surtir efecto. Por ejemplo, Agustín Etchebarne, desde la Fundación Libertad y Progreso, sostuvo que Iglesias cometió tres falacias: "falacia ad hominem, el insulto al tratarnos de 'liberalotes'; la segunda es la falacia del hombre de paja que consiste en caricaturizar y tergiversar el argumento del oponente; y la tercera falacia que cometiste es la de la generalización: no todos los liberales tenemos idénticas propuestas". Otro mensaje da cuenta del 'pasado' de Iglesias: "Raro lo de Fer Iglesias contra los liberalotes. Cuando en el PRO no le daban bola les caían bien los liberalotes", posteó la cuenta @AlberdianoArg con una foto del propio Iglesias junto a Espert y Cachanosky. Éste último también respondió: "Confirmado, Cambiemos tiene su propio Brancatelli", en referencia a Iglesias. Por último, el ultraliberal Javier Milei optó por la sintética y utilitaria fórmula de los insultos. Probablemente Ortega y Gasset, al final de cuentas también un liberal de pura cepa, habría optado por lo mismo convencido de la noble naturaleza de los improperios.
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