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¿Cuál es la intervención óptima?
Horacio Busanello (*)
Nos cuestionamos entonces si el Estado debe estar ausente en la definición y supervisión de las grandes líneas de la economía como pregonan los creyentes del laissez-faire o si debe estar activamente dirigiendo cada paso de la economía en un cerrado capitalismo de Estado. ¿Cuál es el punto medio de intervención estatal ideal?
Está claro que el capitalismo salvaje de mercado no es la solución, pero ¿hasta qué punto los problemas financieros, económicos y sociales pueden ser resueltos por la voluntad política del Gobierno de turno? ¿Será que la respuesta es más regulación, controles y supervisión de la actividad económica? ¿En qué punto las regulaciones del Estado comienzan a distorsionar la economía a favor de unos pocos y en contra de las mayorías?
No hay una respuesta clara, pero la realidad actual nos muestra varios ejemplos donde las dosis de intervención estatal varían ampliamente. Así podemos ver casos que pueden considerarse exitosos por su performance poscrisis como los de Suecia, Rusia, Colombia, Chile, India, Alemania, México, Singapur, Corea del Sur, China, Argentina, Canadá y Brasil, entre otros.
Recientemente, el minis-tro de Economía de Brasil ha realizado declaraciones contundentes sobre este punto al afirmar que «los países que adoptaron el capitalismo de Estado están dando mais certo» y que «aquello que está en crisis es el capitalismo liberal clásico, el capitalismo de la desregulación financiera que nos llevó a la crisis». Finalmente agregó: «Modestamente, creo que una de las formas más eficientes de capitalismo es el de Brasil. Estamos lejos del modelo de desarrollo europeo, pero estamos en camino de alcanzarlo».
Las connotaciones políticas, económicas, sociales y culturales que han llevado a cada país a tener mayor o menor grado de intervención estatal varían en cada caso. También es cierto que hay quienes se sienten más confortables con un capitalismo a la chilena que a la brasileña, pero está claro que el capitalismo no es algo estático y predefinido para cada país.
Cabe preguntarnos qué grado de intervención en la economía es necesario o nos parece conveniente pa-ra tener un proyecto de país sustentable en el siglo XXI ¿Cuál es el perfil futuro del capitalismo? Esta pregunta está presente no sólo en la Argentina, sino en muchos países. Es compleja y dispara tantas respuestas como otros tantos interrogantes.
Por eso requiere no sólo el consenso de las mayorías democráticas, sino también un delicado equilibrio entre los aspectos financieros, sociales, medioambientales y tecnológicos que permita desarrollar una competitividad sostenible en el largo plazo.El perfil capitalista de cualquier país, incluido el nuestro, evoluciona, se adapta y se reinventa permanentemente en función de las condiciones de la economía mundial y de las oportunidades de crecimiento que se presentan, a veces buscadas y a veces fortuitas.
Esta reinvención está en manos de la sociedad y de las instituciones democráticas que deben proyectarse más allá de los gobiernos de turno para crear el ambiente institucional y macroeconómico adecuado que permita maximizar el perfil competitivo de cada país y mejorar su capital social.
Aquellos países que sean capaces de alcanzar una intervención del Estado equilibrada que les permita crecer competitivamente y desarrollar oportunidades de progreso y bienestar para sus habitantes estarán entre los ganadores del siglo XXI.
(*) Fue presidente de Syngenta y hoy es el CEO del grupo Los Grobo.


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