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Cuando bandas armadas ejercen el poder
Sin embargo, el Gobierno Federal de Transición (GFT), creado en 2004 como el primer intento formal de establecer una autoridad desde 1991, «es fallido», según reconoció su propio presidente, Abdullahi Yusuf, el pasado fin de semana en Nairobi.
Yusuf admitió la incapacidad de su gobierno de enfrentarse a las milicias islámicas de Al-Shabab, que han ocupado en días pasados las dos principales ciudades portuarias cercanas a Mogadiscio (Barawe y Merka), sin resistencia ni tener que recurrir a las armas.
El presidente Yusuf asumió que la situación actual se asemeja a la vivida en junio de 2006, cuando la Unión de Cortes Islámicas (UCI) ocupó Mogadiscio hasta que fueron expulsadas por el Ejército etíope y las tropas somalíes en diciembre de ese mismo año.
Ahora es Al-Shabab, grupo que formaba parte de la UCI y cuyos dirigentes mantienen vínculos con Al-Qaeda, el que «tiene la capacidad para tomar el país», admitió Yusuf.
Además de los integristas islámicos, dentro de la maraña de facciones y clanes que se disputan el poder se destacan en Somalia por su creciente fortuna los piratas del golfo de Adén, quienes, según la ONU, han obtenido en lo que va del año unos 30 millones de dólares en rescates.
La «profesionalidad» de los piratas, que «operan con armas modernas, cada vez llega más lejos y acechan a los barcos con GPS», lo que ha hecho saltar las alarmas de las navieras, que buscan rutas alternativas, como apuntó Andrew Mwangura, director del Programa de Asistencia Marítima (PAM), organización que vigila las aguas del Indico y tiene su sede en el puerto keniano de Mombasa.
La inestabilidad política favorece la piratería, «que aumenta a medida que empeora la situación en el país, ya que la falta de autoridad y el déficit de empleo hacen que a los piratas cada vez les sea más sencillo operar y hacerlo con total impunidad», agregó Mwangura.
«Aunque están en actividad desde los 90, en los últimos dos años el ritmo de secuestros ha aumentado considerablemente. Durante el poco tiempo que la UCI controló Mogadiscio, la piratería descendió, ya que los tribunales islámicos eran especialmente duros con ese tipo de delitos», añadió.
Mwangura no cree que las milicias islámicas estén asociadas con los piratas por «intereses económicos», ya que «va en contra de sus preceptos religiosos y, además, los bastiones de la piratería, como la localidad de Eyl -en Puntland- no están controlados por Al-Shabab».
Mientras Somalia sucumbe a las fuerzas integristas islámicas, los piratas mantienen secuestradas diecisiete embarcaciones y negocian con las compañías navieras los astronómicos rescates que les permitirán «modernizar», aún más, su modus operandi, apostilló Mwangura.


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