14 de febrero 2011 - 00:58

Cuba 2.0: la isla se prepara para la otra revolución

• SE FLEXIBILIZA EL ACCESO A INTERNET, AUNQUE EL PUEBLO AÚN DESCONFÍA SI NO ES UNA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO

Con la llegada de un cable de fibra óptica desde Venezuela y el desbloqueo de algunos sitios hay expectativa en Cuba por el mayor acceso a internet. ¿Se podrá terminar con el monopolio estatal?
Con la llegada de un cable de fibra óptica desde Venezuela y el desbloqueo de algunos sitios hay expectativa en Cuba por el mayor acceso a internet. ¿Se podrá terminar con el monopolio estatal?
La Habana - Grandes pantallas de plasma se suceden una tras otra e irradian luz dentro del recinto expositivo más grande de la ciudad. Frente a ellas pasan dos adolescentes con la boca desmesuradamente abierta, maravillados ante tanta tecnología de última generación que nunca se había visto por estos lares. La Feria Informática 2011 que se celebra por estos días en La Habana nos ha vuelto a confrontar con nuestro Medioevo informático, con todos esos avances en el campo de la computación y las telecomunicaciones que siguen siendo un espejismo doloroso para los que habitamos esta isla de los desconectados, este «archipiélago Cuba» donde navegar por el ciberespacio es el privilegio de unos pocos.

No obstante las carencias y el control, los cubanos tenemos una marcada predilección por los circuitos y las lucecitas. Es raro encontrar algún compatriota que no sepa reparar una batidora o desarmar una ducha eléctrica. Sin esas prácticas de «ingenieros sin diploma», no hubiéramos podido prolongar la vida útil de muchos objetos ya rotos. Claro que hay quienes llevan las reparaciones e invenciones hasta el extremo y crean un ventilador con un motor de lavadora, pintan de colores la pantalla de su viejo televisor en blanco y negro para aparentar que es más moderno o hacen de una plancha una eficiente hornilla en aras de usarla para cocinar.

Si de transmitir información, noticias y programas censurados se trata, también la creatividad se dispara y las soluciones afloran. Las memorias USB pasan de mano en mano, se convierten en improvisados periódicos clandestinos, indetenibles por su pequeñez y su aspecto inocente.

El apetito por los artefactos electrónicos se nos incentivó precisamente debido a las restricciones que el Estado ha mantenido sobre su distribución. Aunque en honor a la verdad hay que aclarar que siempre hemos podido apelar al mercado informal, donde se ofertan desde teléfonos inalámbricos hasta aparatos de masaje. Justamente en estas redes ilegales de distribución circularon, por primera vez, las máquinas para reproducir videos, los hornos microwave, los ventiladores de techo y los calentadores de agua.

Para cuando Raúl Castro autorizó en 2008 la venta de elementos informáticos en las tiendas oficiales, ya muchos llevábamos años delante de la pantalla de un ordenador fabricado por nosotros mismos, verdadero Frankenstein armado pedazo a pedazo con piezas compradas en las redes informales de distribución. Pero estas son en realidad computadoras autistas, a las que les falta el relámpago de la conectividad, el aliento vital en forma de kilobytes que las haga saberse vivas, interactuar con otras.

Vivimos en el país con menor tasa de acceso a internet de este hemisferio. Según datos oficiales, Cuba tenía 1,6 millón de usuarios web en 2009, de manera que solo 14,2 habitantes por cada 100 habían experimentado el vértigo de ser internautas y en dos años la cifra ha cambiado bien poco. La mayoría de ellos no lo hace en una red abierta y con acceso a todos los sitios, sino en una intranet muy monitoreada y limitada, una especie de simulador de vuelo en el que no es posible toparse con ninguna información contestataria.

Solo las personas más confiables, los altos funcionarios gubernamentales y algunos académicos vinculados a instituciones pueden gozar de una conexión doméstica. Los extranjeros residentes en territorio nacional también disfrutan de semejante privilegio, aunque muchos de ellos revenden en el mercado informal algunas horas de conectividad, con lo cual decenas de cubanos logran colarse en el ciberespacio.

Desde hace más de tres años el tema de un cable submarino de fibra óptica entre Cuba y Venezuela ha venido a convertirse en la zanahoria agitada frente al rostro de los sedientos internautas isleños.

Finalmente, después de muchos anuncios, el tendido ha llegado esta semana a una pequeña playa del oriente del país y promete multiplicar por 3 mil el actual ancho de banda. En un principio, el Gobierno advirtió que los kilobytes que circularían a través de él estaban destinados especialmente a instituciones y organismos estatales. Sin embargo, la presión de los ciudadanos junto con las críticas de la prensa extranjera ha hecho que el viceministro de Telecomunicaciones, Jorge Luis Perdomo, haya tenido que moderar un discurso tan excluyente.

Durante la Feria de Informática 2011 este llegó a decir que «no había ningún obstáculo político» para abrir el acceso a Internet a la población. Por esos mismos días fueron desbloqueadas de los servidores cubanos dos importantes plataformas bloggers, que permanecían censuradas desde mediados de 2008 y que están compuestas por ciudadanos que analizan la realidad nacional desde una mirada bastante crítica.

El gran interrogante que nos hacemos todos es si las declaraciones del viceministro y el fin del boicot a estos sitios es algo temporal, una actitud tomada solo mientras dure la estancia entre nosotros de los invitados extranjeros al evento. También podría tratarse de un cambio de estrategia motivado por la presión interna y externa y especialmente ante el fracaso de la política de cerrazón.

No hay nada más atractivo que lo prohibido y en el caso de los blogs alternativos que han sido satanizados por el discurso oficial, han terminado por hacerse muy populares. Incluso si estos gestos tolerantes de ahora fueran como hojas que se las lleva el viento, los cubanos vamos a terminar por hacernos con la información y con la infraestructura que la sustenta. De las mismas maneras ilegales que un día logramos tener una radio de onda corta, un secador para el pelo o una grabadora de casetes donde escuchar a Los Beatles, hoy estamos accediendo a las nuevas tecnologías y a la interacción que ellas generan.

No me extrañaría saber que ya en el taller de algún joven informático se ha creado un dispositivo que terminará con el monopolio estatal sobre el acceso a Internet, que hará que el tan anunciado cable parezca pequeño, diminuto, inútil.



(*) Nacida en La Habana en 1975. Desde 2007 escribe en el blog Generación Y, al que el Gobierno cubano le aplicó un filtro informático para que no pueda ser visto en los sitios públicos de internet en Cuba. Ganó los premios de periodismo Ortega y Gasset y María Moors Cabot, y la revista Time la ha incluido entre las cien personas más influyentes del mundo en la categoría «Héroes y pioneros».

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