9 de abril 2009 - 00:00

Cuerpos viejos que se tornan luminosos

Desprejuiciadamente, los protagonistas de edad avanzada de «Nunca es tarde para amar» se exponen a su placer.
Desprejuiciadamente, los protagonistas de edad avanzada de «Nunca es tarde para amar» se exponen a su placer.
«Nunca es tarde para amar» («Wolke Neun», Alemania, 2008, habl. en al.); Dir.: A. Dresen; Guión: A. Dresen, J. Hauschild, L. Stieler, C.
Ziesche; Int.: U. Werner, H. Rehberg, H. Westphal, S. Kühnert.

La señora Inge se gana algún dinero arreglando ropa. Un día entrega unos pantalones al vecino de abajo, y éste la hace pasar para probárselos en su presencia. Ella se ve entusiasmada. Casi enseguida están desnudos en la cama. Es sexo, atracción, sintonía. Está enamorada de nuevo, y el otro la acompaña, con mirada tierna y canchera. Ella anda por los 60, él pasa los 70 pero aún mantiene cierto atractivo, y mucha vitalidad. El marido, en cambio, es solo un viejo jubilado. Pero ya llevan 30 años de casados. ¿Qué se hace en esos casos?

El asunto está planteado desde el vamos. Andreas Dresen, el autor, nacido y formado en la ex RDA e impulsor de la llamada Escuela de Berlín, ya hizo un film de adulterio entre conocidos, «Halbe Treppe», 2002, pero ahí había cierto equilibrio: no solo se trataba de dos parejas, quizá pasibles de intercambio (o al menos de contención entre las víctimas), sino que el engañado terminaba logrando, fuera de la cama, lindas compensaciones que el otro envidiaría. La cosa aquí es mucho menos risueña.

Drama incómodo, a la vez romántico y demasiado realista, pone sobre el tapete, sin mencionarlas, ciertas preguntas de diversa y siempre discutible respuesta. ¿La fidelidad llega sólo hasta que surja otro interés sexual? ¿Y la responsabilidad hacia los sentimientos de la persona que alguna vez se amó? En otro sentido, ¿el encuentro de la felicidad debe ser limitado por obligaciones con alguien que quita el entusiasmo? Y en último caso, ¿es necesario contárselo?

Con su enamorado, la mujer se siente en el séptimo cielo, o, como dicen ingleses y alemanes, en la novena nube (tal es el título original del film). Puede que se caiga de golpe, y puede que también se recupere. Eso ya no lo sabremos. Como decía el criollo, «aprendiendo a vivir se nos va la vida». Destacable Ursula Werner, un rostro, diríamos, vulgar, que aquí en ocasiones se vuelve luminoso.

P.S.

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