7 de mayo 2009 - 00:00

Cultura subte y gozoso retorno de Leonor Manso

Leonor Manso: tras casi 35 años, Leonor Manso volvió a ganar un protagónico en «Luisa», de Gonzalo Calzada.
Leonor Manso: tras casi 35 años, Leonor Manso volvió a ganar un protagónico en «Luisa», de Gonzalo Calzada.
«Luisa» (Arg., 2009, habl. en esp.); Dir.: G. Calzada; Int.: L. Manso, J.P. Reguerraz, M. Serré, D. Leske, E. Rojo, C. Vallejo, V. Carreras, P. Armas.

Debería haber más películas como ésta, que se pretende pequeña, pero tiene su pequeña grandeza. Leonor Manso también debería tener más protagónicos en el cine, pero, notablemente, éste recién es el segundo en 35 años. Fue la Negra de «Boquitas pintadas», la Bizca de «Los siete locos», la doméstica que enamora al hijo de la dueña en el primer episodio de «Las sorpresas», y la protagonista de «La hora de María y el pájaro de oro», esa criollita correntina tan creíble que inspiró a Tarragó Ros una de sus mejores piezas, «María va». Todos ellos, papeles que el público recuerda y elogia, y que, sin embargo, no la empujaron hasta la primera línea. A diferencia del teatro, ella en cine siempre estuvo, cuanto mucho, encabezando el reparto.

Pero «Luisa» es un buen desquite. Está casi todo el tiempo en escena, variando con cantidad de recursos y sin desbarrancarse nunca, una caracterización supuestamente básica: la de cierto tipo de mujer común, que tiene su vida hecha, y de un día para otro se encuentra con que debe reinventarse de nuevo, llevada a empujones por las circunstancias. Lo que antes era, no lo es más. Lo que tenía seguro, ya no existe. Se le muere la mascota, se le cierra el trabajo, el calor de su casita ya no alcanza para seguir como siempre (y ella está condicionada para seguir como siempre pensó), y desciende, literalmente desciende.

Y ahí viene lo gracioso: desciende al subterráneo, estudia a los buscavidas, hace amistad con un mendigo que la sufre y la asesora, empieza a probar con ella misma. La necesidad tiene cara de hereje, y montones de discursos para ganarse unos pesos, y ella necesita los pesos para enterrar dignamente a su mascota, cosa desconcertante pero muy comprensible. ¿Lo logrará? Quizá también logre algo igualmente bueno: mujer solitaria, uniformada, el final de su historia será alegre, rítmico y colorido.

Buen debut en el largometraje de la guionista Rocío Arzuaga (se nota que viaja mucho en subte) y del director Gonzalo Calzada, que viene del cine publicitario y luce su inteligencia para narrar con el enfoque y los tonos justos, logrando una historia entretenida, original, incluso tierna, y a la vez bastante cercana a la realidad de todos los días. Buena despedida de Jean Pierre Reguerraz, que ya estaba mal de salud, y aquí trabaja prácticamente tirado en el suelo, pero todavía con la voz enérgica y medio burlona que le recordamos. Y, ya se dijo, segundo protagónico de Leonor Manso, tan buena, rica en recursos, hábil para transmitir su brillo sin opacar a los compañeros de escena, tan medida para no forzar nunca sus caracteres, y tan querible, que da gusto verla a todo lo largo de la película, y da fastidio que la llamen tan raramente para primeros papeles.

P.S.

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