Ya están cayendo más en la cuenta, en Estados Unidos, que el «negocio de la crisis» se está convirtiendo también en una excelente ocasión, para anotarse en la fila de los necesitados y «ligar algo», dicho en porteño. La confusión en que se ha sumido la transición de uno a otro gobierno, donde vuelan las opiniones encontradas acerca de cómo manejar el salvataje universal que lanzara Paulson, es el nuevo hoyo donde se generó una recaída de expectativas y diluyó, lo poco de tranquilidad que se había podido acumular. Siaba Serrate describió, desde la tapa de Ambito Financiero del martes, lo que viene ocurriendo con pequeñas entidades bancarias. Que son tomadas por pícaros, que descubrieron una veta dentro de la crisis. Hacerse cargo de un «banquito» y después ponerse también en la cola, para que les dispensen dineros del rescate. Una forma de hacer plata desde la nada, sacando partido de políticos que dispersan dólares a granel y ya son una especie de tontos con dinero, a los que se debe esquilmar. (No a ellos, lamentablemente, será una carga para los ciudadanos y para los que vengan detrás.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
A Obama, todavía sin salir del cascarón de candidato ganador, ya le han metido miedo hasta los huesos desde el sector de las automotrices. Pero, también ya están más presentes las sospechas de que los «muchachos de Detroit» sacuden los fantasmas por demás, para ver si se juntan una regia caja. Lo que deriva de esto es una sospecha mucho peor: que tomando el ejemplo de los que ven que hay que ponerse en la fila, porque a todos les tocará algo, pueden ser de diversos sectores que suene la alarma para el gobierno. Y pidiendo rescates impensados. Los alcaldes de tres grandes ciudades no se quedaron rezagados, ya se anotaron formalmente para que les desvíen una porción de los fondos a sus dominios.
Y por lo que se va viendo, no solamente surgió hacer negocio de la crisis, sino que el modo de manejarlo hasta ahora alienta que pueda provenir una crisis, dentro de la crisis. Una, por la enfermedad misma, otra, por los remedios buscados y su mala aplicación. Las Bolsas han vuelto a trepidar en estos días, por fortuna el fatal rasgo del «pánico» no ha reaparecido. Pero, se están resbalando diariamente los precios que trataban de estabilizarse. No ya como problemática inherente a los mercados, sino como espejo de lo que llega en titubeantes planes llevados adelante. Si se lleva a lo doméstico, algo así como ciertas medidas locales, que no hacen más que sumar espanto e incentivar la intranquilidad en todos los sectores. Gobiernos sólo preparados para la bonanza, chocando al barco en un temporal.
Dejá tu comentario