3 de febrero 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras Obama apalea a los ejecutivos que siguieron cobrando regios «bonus», cuando sus entidades estaban dentro del plan de salvataje. Y Soros prosigue vociferando y clamando por regulaciones, olvidando que aprovechó el sistema para amasar su enorme fortuna oportunamente. También apareció un libro de Jean-Marie Messier, en Europa, «El día que el cielo cayó sobre nuestras cabezas», a cuyo autor el cielo ya se le había caído encima en 2002. Y cuando, después de un desastre con la «burbuja» tecnológica lo echaron a puntapiés, de un grupo que conducía y quedó enterrado en 30.000 millones de euros. Todos hablan, la crisis se ha convertido en un carnaval y detrás de cada «mascarita» hay que adivinar quién está, para después recurrir al archivo y comprobar su «prontuario» financiero. Todos son víctimas supuestas, o apóstoles de las buenas reglas. A la economía mundial la han asesinado, pero solamente aparecen consejeros, o inocentes testigos de la masacre. ¿Y los culpables, qué hacen, dónde están? Bernanke, por caso, sigue en su puesto y también mira el partido desde la tribuna, cuando en la realidad jugaba de arquero y se comió todos los goles posibles, sin intentar defensa.


... Y también estuvo el «Foro Económico Mundial de Davos», donde pareció una reunión episcopal de la religión financiera porque, en su segunda sesión, se extrajo que los funcionarios y empresarios: «abogaron por un capitalismo más ético» (?). Etica que cada uno de ellos, seguramente, tendrá pensada para los demás. Que no vinieron ejerciendo ante el estallido. Y al que también observan como un problema originado en «otros» funcionarios y empresarios. En tanto, ellos estaban «éticamente» haciendo sus claros y puros negocios, junto con los banqueros. El panorama que se presenta, ya entrados a 2009, tiende a ser francamente «discepoliano». Haciendo todo lo posible para que el memorable tema «Cambalache», cobre mucha más fuerza que en la frontera del año 2000, fijada por su autor. Todo continúa presentando, semana tras semana, un nuevo desfile de máscaras. Y se superponen declaraciones de toda índole, desde Obama, hasta el último «gurú» que quiere refrendar su chapa de sabio y vidente, asegurando que él había visto venir el desastre. Trabajar en silencio, tener un plan integral y ponerlo en práctica de una sola vez (duela donde duela) resultó una oportunidad perdida por el nuevo Gobierno. Que armó un «banco basura» y no se emocionó nadie.

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