Dijo muy bien el presidente Lula: «Rezo más por Obama que por mí mismo...» Y eso se llama «leer» bien el juego que se está desarrollando globalmente mientras que otros -los trasnochados de siempre- quizás estén deseando que le vaya mal a Obama para poder regocijarse con una caída más profunda de Estados Unidos y creyendo que así les va a ir mejor a los demás. Algo así decíamos desde esta columna, ya respecto de lo bursátil, que el inversor local -los pocos que quedan, según se vio en el volumen nativo del lunes pasado- no sólo tiene que seguir al tanto de lo que le suceda al nuevo Gobierno del Norte, por informarse. Sino por obligación de cuidar su capital puesto aquí, pero que está conectado como un «respirador artificial», a lo que suceda allá.
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Un ojo afuera, el otro hacia el interior de nuestra economía y que promete un choque de corrientes, que cada vez van tomando más aceleración. Está muy definido que desde el lado de la UIA se reiteran pedidos de devaluación, con el objetivo -se dice- de recuperar «competitividad». Y como en la gran «ensaladera» de monedas, más que una «canasta», se han producido variantes y depreciaciones, tal solicitud cobra más cuerpo.
Pero en el rincón asoma la directiva del Central (que el Ministerio de Economía es sordo y mudo, pobre) y -al parecer- no ve con sentido que por llegar a un supuesto objetivo, los efectos colaterales del remedio afecten seriamente otras variables. No sólo de las que se puedan medir en números y papeles (una de ellas, lo mencionamos, es la carga extra que generará sobre muchas compañías que llevan deudas en dólares). Mucho peor que eso sería desatar una feroz «corrida» en la mente ciudadana y que ya tiene presente nuevamente, lo que se ha vivido siempre: el pasar pesos a dólares, extraer depósitos, en una bola de nieve que termina por «llevarse puestos» a los que piensan que se los puede combatir con reservas con el efecto paralelo de una suba de tasas de interés, si eso sucede, en momentos donde en todo el mundo se busca bajarlas al mínimo y no obstruir el crédito.
La bursátil está en el medio de la cancha, viendo cómo el balcón pasa de arco a arco, entre esos dos equipos enfrentados en sus pensamientos. No se sabe en todo esto qué piensa el «árbitro», la cúpula del poder, y fallará claramente en favor de uno. Si el asunto es rezar, por supuesto que por Obama. Por Redrado, por Cristina, por todos...