Que Alemania haya denunciado -a través de sus índices- estar mucho peor que lo imaginado. Que esto, a la vez, haya resultado una conmoción para todo el bloque europeo. Y que Brasil confiese que su crecimiento en el año será nulo. Dos de las novedades aparecidas en estos días y que salen del epicentro natural de la crisis, Estados Unidos, pero -por eso mismo- pone los pelos de punta mirarse en tales espejos. Y los mercados no pueden soslayar esto, por más que se quiera seguir afirmando el alza bajo la clásica condición de jugar «al adelanto». En especial, cuando el tal adelantarse no necesariamente implique que a la vuelta de la esquina existan la meseta y el repunte de la economía mundial. Todos los países, de acuerdo con los productos de los que dependen, están sufriendo intensamente la época glaciar del comercio. El propio Chile, seguramente la nación con mejores calificaciones en la región, soporta ahora la caída a pique en el precio del cobre y la baja en la exportación. Un factor neurálgico dentro de sus ingresos anuales. En el ambiente doméstico se está sufriendo menos. O parece que se está sufriendo menos. Tal el modo poco confiable en que llegan los datos oficiales a la opinión pública. De mínima, luce extraño que los vecinos de la región estén mostrando los achaques de la crisis. Y aquí solamente surgen retazos, piezas sueltas, para poder inferir en qué nivel estamos. Y cuál resulta la proyección, sensata, para la evolución económica en el plazo de corto a mediano. Un rompecabezas para armar que resulta un fuerte desafío para el inversor.
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Nuestro índice más popular salió sus pisos de orden psicológico, cuando estuvo debajo de los 1.000 puntos en finales de 2008, y ha mostrado un repunte formidable al poder hacer cima de 1.500 unidades, en el curso de mayo. Ya mucho más en línea con lo técnico y racional, de allí en más -imaginamos- el curso alcista deberá dar batallas mucho más arduas. Y los puntos tendrían que costar más esfuerzos que en la primera fase, saliendo del fondo del pozo. Con la valla de lo político incorporada de manera tan tensa -que otros países no tienen en sus mochilas- y sin saberse con cierta claridad si lo que sufren otros será más suave aquí o si todavía está por llegar lo peor, el conjunto de elementos no puede ser salteado tan fácilmente, con el solo argumento del «adelanto». El volumen ha seguido demostrando que la demanda no fluye, sólo es la encalmada oferta la dueña del terreno. Cuidarse.
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