21 de septiembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Hasta la rueda del viernes, el Merval de nuestro mercado llevaba el 87% de ganancia, en estos ocho meses y medio de labor. Despegándose nítidamente de la Bolsa de China, que antes era cómoda puntera, y la que quedó con el 68% de rendimiento en igual trayecto. Allí cerca el indicador brasileño, Bovespa, que acumulaba un 60% para la carrera de 2009. Mexbol y el IPSA a la mitad de esto, no más del 35%, mirando desde muy lejos a un Dow Jones. que después de tanto ruido -en el cómputo anual- solamente acumula un 11% de beneficios en su haber.

Muchas carteras porteñas ya vienen adoptando la vieja costumbre, de colocar una estatuita de San Cristóbal cerca del parabrisas. Lo que se estilaba en los automóviles, para encontrar un «guardián protector» de los conductores. Pero, había surgido la broma al respecto, cuando se decía que: San Cristóbal se baja, después de superar los 100 km de velocidad...».

Algo que bien puede recordarse en las carteras accionarias, que han visto de qué modo se pasó volando por la centena de los «1.900» en el índice. Y de qué manera se accedió, agresivamente, a conquistar el rango de los «2.000» puntos ahora.

Tiempo de acordarse de palabras sensatas, para desagiar las mentes de un ritmo que se hace narcotizante, para envolver a los operadores. Solamente desde la plataforma de la falta de alternativas de inversión, de liquidez que parece fluir ante el ingreso de dólares. Y del festival que se han despachado con los bonos, se puede colocar un principio de justificación a semejante raid. Y a tal pase de velocidad, en la cotización de los activos accionarios.

En lo demás, casi imposible se hace encontrarle respaldo al movimiento que ha llevado al índice, a mejorar cerca del 90% en el año. Si los balances son flacos en su mayoría, como en verdad lo son, toda ganancia de mercado y pase de precio de los títulos implica un incremento del «precio/utilidad». Alejándose totalmente de la idea de un mercado, que asuma el papel de «barato» en sus especies.

Por otra parte, es verdad que resulta un show espectacular de ganancias: donde el gran público está ausente. Y ni siquiera enterado el ciudadano común, del notable acontecimiento de poseer inversión que casi le duplique el capital, en pocos meses. Es un juego profesional, prevaleciendo desde el comienzo una oferta rígida. Abreviando mucho techo, en tiempo corto. Y hay que saberlo.

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