17 de noviembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Como la Comisión Nacional de Valores resulta un pequeño organismo dentro del ahora también pequeño sistema bursátil local, para el común de las personas no pasa de ser una especie exótica. Y sobre la que muy poco se conoce. En estos días, donde apareció súbitamente en las primeras planas de los medios, a través de la noticia sobre la renuncia de otro de sus titulares (y fogoneada por los ribetes que surgieron alrededor de ello), al menos sirvió para que el periodismo se encargara de buscar y retrataren síntesis: las funciones primeras que corresponden a la CNV. Se cubrió la faceta puramente informativa, pero no hemos visto comentarios que cotejaran los dichos del ministro de Economía, ni la realidad del organismo respecto de su carta original, con todo de análisis. Y crítica, si cabía.

Al que haya visto los cuadros que se difundieron y donde aparecen las palabras «autarquía», o «independencia», debemos reiterarle que esto es: una mentira absoluta. Desde el momento en que debió renunciar Pablo de Estrada -en medio de embates políticos evidentes- la CNV vio su primera rajadura en el espíritu que la había creado. Y en tiempos donde debieran renunciar - o fuera renunciado- Martín Redrado, en franca colisión con el entonces ministro Cavallo, debió abdicar desu «autarquía» y pasar a ser un simple resorte de economía y de gabinetes de turno. La prueba más fehaciente la dio el propio Amado Boudou, al decir que él mismo le solicitó la renuncia al titular reciente y reformular un directorio, a gusto y placer del poder político actual.

Lo que queda flotando, más allá de las falacias que se difunden sobre qué es hoy la CNV, es esa specie de amenaza de utilizar al organismo para ir a fiscalizar a las únicas sociedades verdaderamente transparentes del país: las cotizantes en la oferta pública. O querer poner en duda nivel de informaciones que difunden, cuando nuestro sistema y normas bursátiles al respecto: están, como ninguna otra condición, a la altura de lo mejor del mundo. Y muy superior a la mayoría de los mercados, grandes y chicos.

Que en nuestro medio, con sequía de capital de riesgo y de negocios llevada al extremo, todavía se mantengan cotizando ésta cantidad de compañías: es un milagro.

Si, además, deban predisponerse a aceptar persecuciones -mientras las de capital «cerrado» se divierten- la presencia en la cotización resultaría: metafísica. Todo suena a pésimo, a ignorante, a peligroso...

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