20 de enero 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

La primera quincena de 2010 vino a apuntalar lo que era presumible. Una cuestión es partir de un sótano de cotizaciones en los mercados -como a finales de 2009- y otra radicalmente opuesta tener que procurar un vuelo mayor, estando en la terraza.

Todo lo rentable que resultó el ejercicio anterior para participantes de casi todos los recintos bursátiles, en especial los que abarcan nuestra región, forjaron un punto tan alto en valorización de activos de riesgo que sobrepasaron largamente las mejoras de las empresas emisoras de esos títulos. Y ya ingresados en 2010, son más dudas que realidades las que están poblando el universo de opiniones acerca de una crisis dejada realmente atrás.

Las alarmas sobre la posibilidad de que se formen nuevas burbujas -que resultarían mucho más peligrosas que las originales- y la resistencia de los sectores clave para admitir que debe producirse un cambio de mentalidad y de actitudes para rearmar un capitalismo sensato, han tenido en estos días diversas muestras desagradables, hasta el punto de haber generado un enojo enorme en el propio Obama, viendo a sus banqueros volviendo al festival de los «bonus», como una burla al esfuerzo hecho. Sobre el camino de la tendencia en 2010, partiendo de la base de los indicadores de diciembre, podría aseverarse que no puede ser tan dinámica en sus avances de mercado.

Yendo más allá: que no debe, aunque pudiera, tentar al destino y exponerse a que una «burbuja» se haga presente y estalle a cierto plazo.

Es obligación de un mercado de riesgo ser más rentable que los que no poseen ese componente del riesgo puro. Pero, nada establece que deba caerse en la ganancia fastuosa y alejándose de las reales posibilidades que presenten las compañías cotizantes.

Se viene de una tremenda golpiza que ha triturado inversores por cientos de miles, en todas partes; recuperar parte de ellos -otros no volverán jamás- ya resultará una lenta tarea que llevará años.

Arriesgarse a una recaída, a que se desaten mortales oleadas de pánico, suena a un suicidio bursátil y que tal tipo de inversión caiga en una depresión imposible de solventar. Cuidar la etapa de rehabilitación, como fue en todos los períodos poscrisis, acaso sea el más ferviente deseo para 2010. Aunque todos deban conformarse con menos.  

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