25 de enero 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Si fue porque los demócratas perdieron una elección o si fue porque el manifiesto enojo de Obama, ante la desfachatez de ejecutivos bancarios de seguir con sus «bonus», cuando se salvaron por el aporte público, o bien porque el proyecto estaba armado y se iba a anunciar de cualquier modo y ahora, en realidad: no importa. Tejer hipótesis acerca del disparador de los anuncios bien concretos de «regulación bancaria» quita el peso y el valor que ello conlleva. Y es una respuesta, acaso demasiado dilatada, pero llegada al fin, para que el tremendo desastre creado y el desprestigio sufrido por el capitalismo hallara una actitud para intentar corregirlo. De inmediato se formó un frente de resistencia -con medios incluidos- para demostrar que los señores hacedores del carácter económico no se irán a entregar fácilmente a nuevos marcos regulatorios. Demasiado bien les iba orquestando festivales cada vez mayores, creando «activos tóxicos» cada vez más letales, como para que salieran a decirles que deberán tener límites y dividir sus negocios entre seguros y tradicionales. Y los que lleven al riesgo implícito. Lo que podría poner fin a la desmesura y a reclamar la ayuda de los Estados para que salieran a cubrir los peligrosos abismos económicos, capaces de poner en riesgo la paz social en los países.

Tampoco sirve discernir si esto fue copiado de lo hecho en 1930, o resulta una mezcla de disposiciones entre lo antiguo y lo moderno. En realidad, sólo vale lo bueno y lo malo. No lo viejo y lo nuevo. Y si lo anunciado será realmente útil para poner en caja a tantos audaces, bribones, delincuentes hechos y derechos. Y si también sirve para desagiar las febriles mentes de los mercados, donde se gestaron fortunas de la noche a la mañana nada más que montando esquemas financieros, sobre las espaldas de lo productivo. Bienvenido resulte.

Es hipócrita solicitar que se purgue a un tipo de capitalismo que se basa en «hacer dinero sobre dinero», a como dé lugar, para cuando aparecen ciertas normas regulatorias aducir que ello «ataca a los bancos o a los mercados». Y si los atacan, bien atacados están. Y si existirá una etapa de verdaderos sabotajes, para crear miedos en la gente (como se vio en los índices de la semana), será cuestión de soportarlo y doblegarlo. Han llegado una bocanada de oxígeno y una mano severa. Por fin.

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