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Cupones bursátiles
Un Bernanke que ha tenido que jugar en los dos roles, de ver cómo le explotaba la crisis en su rostro. Y después colocándose el casco de bombero. Con tantas evidencias para «colgarlo», como con varias otras para sostenerlo. Hay problemas en el exterior -la semana pasada se vio crudamente- y hay un muy turbulento ambiente interno. En ambos casos resultan terreno desértico para que el mercado pueda intentar dispersar flores como en 2009. Así arrancó la última semana de enero, dando muestras de la inestabilidad de los índices y de temores que se acumulan mucho más que los «esteroides» para criar músculos (aunque sean artificiales). Nos acordamos ahora del mago Merlín -aquel de la leyenda del rey Arturo-, cuando decía que «la magia no es buena ni mala, depende de quién la use...». Y esto le cabe también a la Bolsa, simple receptora de los estados de ánimo, que ponen en acción las fuerzas del mercado, generando sus más y sus menos. Hay, por ahora, mucho más para la preocupación que para el entusiasmo, desde afuera hacia adentro, donde el gran tablero del mundo puede que deba reacomodarse a otras estrategias de juego, de parte de los operadores. Y los que persistan en manejarse como si nada esté sucediendo, o por suceder, acaso se peguen contra un muro. Cuidado.


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