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Por otra parte, hay crecimiento entre las filas de los que descreen de la dialéctica sobre el fin de la crisis y la etapa del repunte. Nada menos que Bill Gates fue directo al punto para afirmar que «Estados Unidos tardará años en recuperarse...». Esto es lo que amaneció con el 2010, año que cuando se veía desde más lejos alentaba las predicciones mucho más entusiastas para que fuera: el gran principio de la recuperación global.
Fueron variando las expectativas y hoy las filas de lo que ven tiempos todavía oscuros, acaso hasta superen a los ultraoptimistas.
Días atrás, en el canal CNN -en español- se daba cuenta de encuestas realizadas entre la población norteamericana y más del 70% decía que las enormes sumas inyectadas por el Gobierno, en buena parte habían sido: malgastadas. Tampoco es muestra de que la ciudadanía esté en un momento de optimismo. Y si a la «locomotora» le va de tal manera, ni qué decir de los simples vagones que precisan ser arrastrados. Nuestro caso. Con sobrecargas de todo tipo y haciendo que la población se cocine a fuego lento, no solamente por la temperatura que se soporta.
La descripción de un ejercicio 2010 que será muy trabajoso, por momentos espinoso, para procurar que el árbol de la Bolsa permita recoger frutos, va tomando cuerpo a poco de andar en el nuevo año.
Todavía hay que agradecer por el principio estable que evidencian los indicadores locales, moviéndose lento pero sin sufrir sacudones.
Y con un volumen más que razonable, tanto para la temporada baja y vacacional, como por el contexto que se tiene que asumir desde lo político-económico.
La mayor aspiración es que el riesgo de una recaída global no se produzca porque será duro.


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