23 de marzo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Un operador, declarado y permanente, rompe las leyes de oferta y demanda. Si se trata de uno que posea carácter de oficial, la cuestión es mucho peor. Primero, recordemos la actuación del BANADE y de la Caja de Ahorro, a mediados de la década del 70. Y que recibiendo directivas expresas -y oficiales- salía al mercado diariamente a colocar posiciones accionarias. Que estaban dentro de las entidades mencionadas y que provocaron un desastre, detrás del propio quiebre del boom de 1976. Tan grosero, tan falto de mínimo sentido de la oportunidad resultó ese operativo, que posteriormente se lo tuvo que suprimir y terminaron armando no menos absurdas «licitaciones», ofreciendo los paquetes enteros a precios viles (una historia que merece mucho más espacio, y pormenores, pero que solamente la utilizamos aquí de ejemplo en este caso).

Volviendo al principio, leíamos en el fin de semana -en el periódico Perfil- una nota titulada: «La ANSES afina su mesa de dinero, para sostener el valor de los bonos...». En el «copete» se agrega: «Diego Bossio apuntará a controlar los precios de los títulos públicos». Al respecto, estarían «reclutando brokers de la City». Todo mencionado con total naturalidad. Cuestión que, en función de la «transparencia» que se ha declamado desde la CNV, merecería una oportuna intervención. Que una cuestión es intervenir en un mercado de cambios, como suele hacerlo el Central, y otra -muy distinta- es generar tendencias artificiales en un mercado de oferta y demanda pública y libre.

Como participante, jugador, que queda declarado a través del anuncio y con la intención de ser permanente, aquello que suceda con la tónica que tomen los títulos públicos (mañana pueden ser las acciones) debe considerarse como dudoso, poco claro, manifiestamente en contra de las «leyes de oferta y demanda». Empleando términos militares, no falso de la característica soberbia de los que manejan dineros de terceros, dice la nota que «un directivo» afirmó: «El plan inmediato no es darle volumen al mercado, pero queremos estar seguros de tener el poder de fuego para hacerlo...». A partir de tales confesiones y del armado que se ha hecho de una «mesa» -o de una banca-, todo lo que pueda suceder con la tendencia bursátil (bono y/o acciones) estará en manos y mente del operador declarado, que utilizará su «poder de fuego» como desee (con el riesgo implícito de la «información confidencial»), y a la CNV mucho no le debe importar.

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