27 de abril 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Más para preocuparse. Por el grado de deterioro que parece estar resquebrajando las instituciones en los Estados Unidos, donde se suman a cada semana nuevos ejemplos que serían inimaginables vistos desde unos años atrás. Lo del alcalde de Nueva York, un verdadero papelón al estilo sudamericano y que reflejamos en columna anterior. Lo de los principales ejecutivos de la abominable entidad Goldman Sachs -síntesis de todos los males y desvíos que pudieran enumerarse, con lo que gestó la crisis- asistiendo en primeros lugares a la conferencia donde el presidente -Obama- anunciaba perfiles de la «reforma» que se pretende. Pero, trascartón, llegaron las noticias de algo que todavía no había tomado estado público: las verdaderas burlas de tales ejecutivos, sobre las que deberán dar cuenta hoy en el Senado.

Una serie de correos electrónicos donde se ufanaban de las utilidades que obtenía Goldman Sachs, justamente cuando la crisis se venía devorando todo el sistema. Tomando uno de los mensajes como ejemplo, nos quedamos con el que le enviaba uno de los directivos a su novia, diciendo: «Los pobres que tienen contratadas hipotecas subprime no durarán mucho...».

En realidad, si se desmenuza el concepto, es directivo estaría suponiendo que el mal invadiría a los que -sin poder abonar las hipotecas- perderían sus propiedades. Pero acaso estaba lejos de suponer que la pirámide de víctimas de los manejos orquestados por entidades como la suya se haría después una avalancha. Arrasando con los propios bancos y poniendo en serio peligro a toda la economía del mundo.

Tal tipo de mentalidad, que seguramente no era privativa de unos pocos banqueros y ejecutivos, sino de todo el sector financiero y bancario, es lo que todavía cuenta con gran cantidad de fuerzas, tratando de que nada se cambie (como el propio Partido Republicano, en pleno). En otra época de la nación más poderosa del mundo, estos sujetos que asistieron sin ningún tipo de vergüenza a la conferencia de Obama ya habrían sido encausados.

No hay que ir demasiado lejos; cuando el desastre de las «tecnológicas» -allá por el año 2000-, directivos de la Enron aparecían en las fotos debidamente esposados por los manejos cometidos.

La sensación de siempre era que allí los delitos y las corrupciones también existían, pero los castigos llegaban a tiempo y con dureza. Todo ha cambiado.